2009, ¿el año del lobo?

Empresas

El director general de Software AG España y Portugal, Damián López, responde a una de las principales dudas del sector: ¿será el 2009 el peor año en inversión TIC?

El lobo ha llegado, es indudable, pero ¿es tan feroz como lo pintan? Pues lamentablemente para algunos sectores sí, y también lo puede ser para cualquier empresa que, en estos difíciles tiempos, no adopte las medidas necesarias para no perder competitividad. Y, una vez más, las TIC figuran entre las herramientas más útiles para conseguir este objetivo.
Un contexto económico desfavorable como el actual desencadena una reacción masiva que se traduce en una medida anunciada por la mayoría de las empresas en estos días: “Hay que reducir costes”. Y es que la temida expresión “crisis financiera” viene acompañada de la no menos inquietante frase “recorte de gastos”.
Ante un parón económico, con la consecuente disminución de la demanda, resulta previsible que las organizaciones se vean obligadas a meter tijera en sus presupuestos, lo que, muy probablemente, afectará a sus inversiones en TI. No obstante, es importante ser conscientes de que un frenazo en seco a la apuesta por la innovación tecnológica dentro de una compañía, provocará, una vez pasado el temporal financiero, un grave retroceso o incluso un peligroso “derrape” en su capacidad competitiva.
Recortar con criterio
Por otra parte, si ya viene siendo habitual que los responsables de TI de las empresas deben garantizar el retorno de las inversiones realizadas, no es de extrañar que la crisis acentúe la necesidad de justificar, más que nunca, el por qué de cualquier gasto en TI.
Este obstáculo es, en muchos casos, superable, ya que la inversión en TI es una de las que más rápidamente reporta beneficios y, además, existen herramientas que ayudan a calcular el retorno de la inversión.
Por ello, en lugar buscar la solución en la reducción drástica de la inversión en TI, sería más lógico priorizar en el reparto del presupuesto aquellos proyectos que ayuden a optimizar procesos, incrementar la productividad y agilizar la gestión de recursos con más ahínco y sin perder de vista la rentabilidad.

Así, el gran reto al que los directores de sistemas se enfrentan, hoy más que nunca, es el de la imperiosa necesidad de alinear los sistemas de TI de las organizaciones con sus demandas de negocio.
El quid de la cuestión es saber elegir qué recursos tecnológicos y qué proveedores son los apropiados para lograr la gestión más eficaz y el mayor control del gasto posible. Garantizar una mejora de la eficiencia se convierte, por tanto, en una conditia sine qua non para cualquier partida presupuestaria dedicada a TIC, bien sea de cara a nuevos proyectos o a modernización de la infraestructura existente. Vinculadas a la exigencia general de ajustar las TIC al negocio de cada empresa, se encuentra la necesidad de optimizar los procesos de negocio y la de captar un mayor número de clientes.
El enfoque a seguir podría estar, teniendo en consideración, por supuesto, el tamaño y recursos disponibles de cada empresa, el de sectores como el financiero o el asegurador que, pese a la crisis económica iniciada el año pasado, siguen apostando, en su mayoría, por la tecnología y, en concreto, por las soluciones de software como las de gestión de procesos de negocio (BPM) y en las arquitecturas basadas en estándares como SOA que hacen posible una mejor integración de sus recursos de TI.
En este sentido, según una encuesta realizada por Software AG entre empresas de banca y seguros alemanas en octubre del pasado año, las TI son percibidas como un recurso estratégico. La transparencia de las TI, su flexibilidad y la capacidad de actualización que ofrecen se consideran como logros importantes y, por ello, más del 60% de las empresas encuestadas se encuentran implementando proyectos de gestión de procesos de negocio.
En cualquier caso, el papel del director de sistemas y las decisiones que tome en cuanto a la gestión de las TIC este año son, por tanto, cruciales, ya que debe conjugar dos grandes expectativas: contribuir al recorte de costes que le solicita la gerencia y, al mismo tiempo, aumentar o, al menos, mantener la competitividad de la empresa. Objetivos encaminados, en definitiva a aumentar la eficiencia y la rentabilidad… y a alejarse todo lo posible de los temidos colmillos del lobo.

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