¿Qué futuro espera a la banca virtual?

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Las últimas noticias sobre ING Direct no están afectando al sector, que además siempre garantiza a sus clientes la devolución de sus ahorros.

Tras la inyección de capital a mediados del pasado mes de octubre en ING Direct, la gran pregunta a la que se enfrentaban los mercados era la de saber hacia donde iba a ir una de las divisiones más exitosas de las nuevos negocios nacidos al calor de la web 2.0.
“La banca online está asentada en España y no creemos que haya ninguna desconfianza por el hecho de que existan pocas oficinas físicas”, explican desde Openbank, uno de los bancos estatales virtuales de referencia.
Desde esta compañía, aseguran que los consumidores no han tenido dudas específicas asociadas a la naturaleza de estas oficinas. “Las posibles incertidumbres que hayan podido tener algunos clientes en las últimas semanas se deben a la crisis financiera internacional y no tienen nada que ver con la banca virtual”.
De hecho, Openbank confirma que, desde que estalló la crisis, “no hemos dejado de crecer en clientes y captación de recursos”.
Con seis millones de ciudadanos usando la red para sus operaciones financieras, de los que 2,5 se centran en la virtual, el futuro de estas compañías semeja asegurado.
Derechos usuarios
En un banco virtual, con dinero virtual, ¿dónde irían a parar los ahorros de los consumidores en caso de una quiebra? Ahorros que, además, no tendrían nada de virtuales.
“Las entidades que operan por Internet no tienen que acogerse a una normativa diferente que las tradicionales”, explican desde el Banco de España. De hecho, la misma y rigida legislación que controla la viabilidad de las financieras tradicionales se aplica a las virtuales, que deben asegurar su liquidez.
En el caso de que la compañía sea extranjera, la norma varía según si esta firma es originaria o no de la eurozona. Sobre las compañías que tienen su origen en la zona euro, el Banco de España vigila su liquidez.
En el caso de que el país fuese extracomunitario, el organismo estatal controlaría que en el estado de origen se cuente con un fondo de garantía igual o superior que el español y, si no existiese, se obligaría a la financiera a suscribirlo.
“El cliente siempre está protegido”.

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