A fondo: ¿La impresión 3D es también para la empresa?

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Aunque todavía tienen mucho margen de mejora, las impresoras 3D han llegado para quedarse y revolucionar la forma de trabajar en diferentes sectores.

No hay previsión salida de la bolsa de cristal de un analista tecnológico que no incluya a la impresión 3D como fenómeno a tener en cuenta para los próximos años, y los no tan próximos. Ni profesional que no la tenga apuntada en su lista de futuribles, junto a aprender a analizar grandes cantidades de datos de forma productiva, a aprovechar los bots en las relaciones con los clientes, a automatizar procesos, a apuntarse a la realidad virtual o a subirse a la nube si uno no lo ha hecho ya. Y es que pasar de los hábitos de impresión “de toda la vida” a las tres dimensiones abre puertas que hasta ahora estaban cerradas con llave. La impresión 3D llega a democratizar el proceso de diseño y creación, o en todo caso acelera el acceso a productos que antes se tardaba mucho tiempo en fabricar. ¿Cómo no va a ser uno de los fenómenos más celebrados por los diferentes miembros de la industria? ¿Quién apostaría en su contra?

Para Gartner, la impresión 3D forma parte del top 10 de tendencias de 2016 por su importancia estratégica para las organizaciones. En concreto, esta consultora enumera la diversidad de materiales utilizados, “aleaciones avanzadas de níquel, fibra de carbono, vidrio, tinta conductora, electrónica, productos farmacéuticos y materiales biológicos”, como una de las causas de su éxito. A medida que se introducen más alternativas en el mercado, se favorece “la demanda de los usuarios” y se expanden “las aplicaciones prácticas” a nuevos sectores. Si los cálculos no fallan, “la creciente gama de materiales para impresión 3D impulsará una tasa de crecimiento anual compuesta del 64,1 % para los envíos de impresoras 3D empresariales hasta 2019“, dice esta firma de investigación, cuyo vicepresidente David Cearley, confía en que este tipo de impresión viva “una expansión constante” durante la próximas dos décadas, marcada por mejoras “en la velocidad con la que los elementos se pueden imprimir y la aparición de nuevos modelos”.

Uniendo el mundo físico y el mundo virtual, lo tangible y la creatividad, esta tecnología está llamada a convertirse en uno de los pilares del negocio digital. Canalys estima un gasto mundial de 20.200 millones de dólares en concepto de impresoras 3D, servicios y materiales asociados dentro de tan sólo tres años, en comparación con los 5.200 millones de 2015. Por su parte, IDC es todavía más espléndida y habla de 26.000 millones de dólares aportados principalmente por los países de Asia-Pacífico, Estados Unidos y la parte más occidental de Europa. “El mercado de las impresoras 3D está preparado y listo para una mayor adopción mainstream“, asegura Keith Kmetz, vicepresidente de Imaging, Printing & Document Solutions en IDC, gracias a ciertas caídas de precio. “Hay un fuerte atractivo para esta tecnología”. El investigador de Canalys, Joe Kempton, confía en que tanto el sector de consumo como el corporativo dirán sí a las nuevas formas de imprimir. De hecho, “el ámbito empresarial experimentará su propia revolución por parte de la impresión en 3D”, asegura, mientras se logran avances en rendimiento, variedad de componentes y software.

Las tres dimensiones en la oficina

¿Cómo se pueden beneficiar las organizaciones de esta tecnología? ¿Las impresoras 3D son sólo para las compañías de gran tamaño o también tienen cabida en las más pequeñas? ¿Ya hay casos de éxito en marcha? ¿Se están aprovechando estas máquinas para fomentar la innovación en la empresa? ¿Cómo se vive desde la oficina? “Las impresoras 3D son una herramienta más, son un medio y no un fin”, aclara Rodrigo del Prado, socio fundador y director adjunto de BQ, con quien ha hablado Silicon.es sobre este tema. “Encontrarle un uso práctico depende de las necesidades de cada departamento y de la inquietud del equipo por esta tecnología”. Eso sí, no es imposible introducir las impresoras 3D dentro de una corporación. Este fabricante de dispositivos asentado en Madrid, que participa en el negocio de la impresión 3D con Witbox o Hephestos, es al mismo tiempo un usuario más. “Por ejemplo, en BQ, los departamentos relacionados con el desarrollo de producto, el diseño o la innovación utilizan las impresoras para experimentar o hacer pruebas y prototipos”, explica Del Prado.

Los desarrollos de BQ constituyen sólo una parte de la actual variedad que existe en el mercado de las impresoras 3D. Otras alternativas son las ProJet o la CubePro de 3D Systems. Las Replicator de MakerBot, y el resto de ofertas que se encuentran bajo el paraguas de Stratasys. Form 1+ y Form 2 de FormLabs. Las máquinas da Vinci de XYZprinting. La Zeus de AIO Robotics. La marca Ultimaker. Las propuestas de Fusion3. Las impresoras de ROBO 3D. O la reciente HP Multi Jet Fusion, que “está dirigida a las empresas de fabricación, medianas y grandes tiendas de modelado ‘in house’ y oficinas de servicios”, según nos cuentan desde HP Inc. El pasado mes de mayo, sus responsables presentaban la tecnología con el latiguillo de “primer sistema de impresión 3D preparado para la producción”. Ahora representantes de la firma californiana nos dicen que “estamos dotando de soluciones de extremo a extremo a clientes del ámbito empresarial y compañías de servicios, al tiempo que proporcionamos a los consumidores un acceso asequible a nuestra solución a través de las empresas de servicio”.

Fuente-Shutterstock_Autor-Blackspring_impresion3D-impresora3DY es que a pesar de que la impresión 3D se suele tachar de demasiado cara, e incluso de compleja en su manejo, HP Inc. considera que “existe una oportunidad para impulsar la adopción generalizada de la impresión 3D”. ¿Cómo? Claro está, “mediante la reducción de los puntos críticos existentes en el mercado, que incluyen la velocidad, calidad, coste y fiabilidad. También existe la necesidad de una mayor diversidad y un menor coste de los materiales, así como el software que requiera menos ajustes y soluciones alternativas”, señala un fabricante que promete “abordar estos puntos críticos con una combinación de tecnología punta y un enfoque de plataforma abierta única para materiales y software”. Por su parte, BQ señala que “el precio de las impresoras varía mucho según el modelo y de si es industrial o doméstica. De hecho, hoy en día es posible comprar una impresora por un precio inferior al que tenía un PC cuando empezaron a entrar en los hogares”.

“El manejo de una impresora no es complicado”, valora Rodrigo del Prado, pero lo que todavía se respira es “bastante desconocimiento de esta tecnología y entiendo que puede abrumar a personas que no están familiarizadas con el diseño 3D”, concede este directivo. Así las cosas, ¿tiene sentido para una empresa invertir en activos de impresión 3D hoy por hoy? ¿Los profesionales deben lanzarse a por ello o es mejor idea empezar usando los servicios de terceros? “Dependerá del uso que se le vaya a dar. Si necesitan recurrir a la impresión 3D muy frecuentemente, pueden ahorrar tiempo y recursos si disponen de sus propias impresoras. La tecnología de filamento fundido -FDM- es más asequible que otras por lo que usar las de terceros tiene menos sentido que en otras tecnologías”, responde el director adjunto de BQ. Lo mismo piensan en HP Inc., que comenta a Silicon.es que “disponer de una impresora 3D propia ‘in house’ aporta mayor flexibilidad y tiene mayor sentido cuando se requiere imprimir altos volúmenes. En el caso de tener necesidades más ‘ad-hoc’” y más regulares “de imprimir piezas en 3D” y si “no se cuenta con una experiencia básica”, se antoja “más apropiado una empresa de servicios”.

Lo que ya se ha hecho

De momento ya hay algunos casos de uso muy claros. Entre ellos “se incluyen los componentes funcionales y estéticos de máquinas, productos de consumo e industriales que se producen en tiradas cortas, por lo general menos de 1.000 unidades y, en particular, productos altamente personalizados y de alto valor que pueden ser únicos en su género”, relatan fuentes de HP Inc. Antes era necesario trabajar con “múltiples elementos que se soldaban o ensamblan juntos”. Sin embargo, “dado que la impresión 3D se basa objetos a partir de cortes transversales, las piezas complejas” se pueden construir ahora “como una estructura monolítica o partiendo de un menor número de subcomponentes. Por ejemplo, algunos tipos de impresión 3D pueden producir piezas con estructuras internas huecas y complejos canales internos de 3D”, ya sea “por aire u otros fluidos”, cuando en el pasado “requerían varias secciones para ser ensamblados junto con superficies de sellado entre” medias.

La evolución es evidente y ahora mismo “la impresión en 3D se utiliza generalmente en industrias como” las de la “automoción”, la “aeroespacial” y la “médico/dental, pero también en consumo, arquitectura y joyería, entre otras”, destaca HP Inc. Puede que en un principio estas novedosas impresoras hayan estado “muy vinculadas al sector industrial, pero progresivamente van teniendo cada vez más presencia en el ámbito profesional”, detecta BQ. En la actualidad, “se utilizan principalmente en campos como el de la ingeniería, la arquitectura y el diseño, porque son herramientas muy útiles [para] el desarrollo de productos, permitiendo a las empresas mejorar y agilizar el proceso de diseño, validación y prototipado. Otros sectores en los que se está extendiendo su uso son el de la educación y la medicina. Al final, es una herramienta muy versátil y con muchas posibilidades para cualquier sector”.

A la hora de demostrar realidades precisas, la empresa española aclara que colabora en diversas iniciativas. Rodrigo del Prado desvela que “varios hospitales españoles están usando nuestras impresoras en especialidades tan diferentes como cardiología o traumatología. Las utilizan para imprimir una réplica de los órganos a intervenir o herramientas personalizadas al paciente, lo que reduce drásticamente el tiempo de las operaciones y el riesgo de infección. En el campo de la educación, hemos colaborado con varios colegios implementando esta tecnología para llevar a cabo proyectos que van desde la creación de robots personalizados, diseñados y programados por niños de 10 años hasta la explicación de teoremas matemáticos mediante piezas impresas. Pero hay muchos otros campos, por ejemplo, en el de la moda tenemos a Yono Taola, la primera firma española que ha incorporado en sus colecciones prendas impresas en 3D, y que lo ha hecho con” impresoras BQ.

HP Inc. también cuenta con unos cuantos partners que dan vida a las promesas de HP Multi Jet Fusion. Entre ellos se encuentran firmas con misiones tan diversas como la de automoción BMW, la de deportes Nike o la farmacéutica Johnson & Johnson. La primera valora la impresión 3D por medio del jefe de su Additive Manufacturing Center, Jens Ertel, para “la producción de piezas en serie y la personalización”. La segunda busca explorar “nuevas maneras de fabricar productos de alto rendimiento”, y en concreto calzado, “para ayudar a los atletas a alcanzar su máximo potencial”, de acuerdo con Tom Clarke, su presidente de innovación. Y no a cualquiera atleta, sino a “los mejores”. Mientras, Sandra Peterson, presidenta mundial del grupo Johnson & Johnson, cree que “tendrá un profundo impacto en los pacientes y los consumidores de todo el mundo. Combinada con los avances en la minería de datos y software, la impresión 3D podría habilitar modelos de fabricación distribuidos y productos específicos para cada paciente, terapias y soluciones que ofrecen mejores resultados, una mejor economía y una accesibilidad global perfeccionada”.

Y todo lo que queda

Rodrigo del Prado, socio fundador y director adjunto de BQ
Rodrigo del Prado, socio fundador y director adjunto de BQ

“El mundo de la tecnología está en constante evolución y la impresión 3D, como cualquier otra tecnología, todavía tiene mucho que avanzar”, reconoce el socio fundador de BQ, Rodrigo del Prado. No todo está hecho aún. “En este momento, los principales objetivos son reducir los tiempos y costes de impresión, investigar nuevos materiales y desarrollar nuevas técnicas como la impresión multicolor o multimaterial. Como deseo”, añade a modo de petición personal, “que las nuevas generaciones la interioricen como herramienta de creación”. ¿Y con qué sueña HP Inc. en este segmento de cara a los próximos años? Según sabemos, y partiendo de la base de que “existe una gran oportunidad en la creación de prototipos y en la producción” industrial y comercial, su estrategia en impresión 3D apuntará a temáticas de “automoción, aeroespacial, consumo y medicina/salud” además de al “sector de los servicios de impresión 3D comercial” con los denominados 3D Print Service Bureaus.

“Cuando observamos nuestras proyecciones del mercado, vemos un crecimiento en la creación de prototipos”, insiste HP Inc. en declaraciones a Silicon.es. Ése sería el segmento de mayor tamaño, “mientras que la producción es el mercado de crecimiento más rápido y, de hecho, donde vemos el mayor potencial” de un fenómeno que alimentará “la próxima revolución industrial”. La visión a largo plazo de la multinacional americana pasa por “crear piezas con propiedades mecánicas y físicas variables en cuanto a su control”, que podrían ser “incluso muy diferentes, en una única parte o entre partes independientes, procesadas simultáneamente en el área de trabajo. Esto se logra mediante el control de la interacción entre los agentes de fusión, con el material que se fusiona y con agentes de transformación adicionales”, señala dicha compañía.

Y eso significaría, además, avanzar en “precisión y detalle”, en “opacidad o translucidez”, en “rugosidad, texturas y fricción de la superficie”, en “color”, en “resistencia, elasticidad” y en “conductividad eléctrica y térmica”, habilitando “posibilidades de diseño y fabricación que sobrepasen los límites de nuestra imaginación”. La impresión 3D puede llegar a convertirse “en una posibilidad real para el Internet de las Cosas”, apunta HP Inc. Aquí el reto se halla en que “la impresión 3D sea una herramienta conectada con la que podamos interactuar desde cualquier lugar y en cualquier momento de manera sencilla”, aporta Rodrigo del Prado, esto es, como un elemento más de la red. A pesar de que “en tecnología, el futuro es difícil de predecir”, tal y como advierte desde su experiencia BQ, ya se puede ir aventurando que “la generalización del uso de la impresión 3D en el ámbito doméstico va a revolucionar la forma en que concebimos y nos relacionamos con los objetos, porque dejaremos de ser consumidores para pasar a ser creadores”.

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