La amenaza de cárcel llevó a Paul Ceglia a encontrar los papeles que lo acreditan como dueño de Facebook

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Paul Ceglia cuenta con un contrato firmado por Mark Zuckerberg que le convierte en el dueño del 84% de la red social; según la abogada de Facebook todo es mentira.

Paradojas de la vida: si no hubiese sido por una de las experiencias más desagradables de su vida en los últimos meses Paul Ceglia podría no haber encontrado la llave para la que puede ser la mejor noticia de toda su vida.
Arrestado en octubre por un supuesto fraude por el fiscal general de Nueva York, Andrew Cuomo, a Ceglia no le quedó más remedio que lanzarse a rebuscar entre sus viejos archivos de papeles para encontrar las claves que le hiciesen salir de ese embrollo, cuenta Ceglia a Bloomberg. Entre esa búsqueda de pruebas, se encontró con un contrato firmado por Mark Zuckerberg.
Cuando Zuckerberg firmó el contrato era un joven de 18 con poca experiencia y pocos recursos. Ahora, ocho años después, es un joven con una poca menos de escasa experiencia y dueño de una empresa que vale millones, Facebook, la compañía que según el contrato que esgrime Ceglia le pertenece en alto grado.
Porque lo que encontró Paul Ceglia rebuscando en sus viejos papeles fue un contrato firmado por Mark Zuckerberg en el que a cambio de 1.000 dólares le daba una participación en su compañía, participación que sería ahora del 84% del accionariado de la red social más popular del mundo.
Según la abogada de Facebook, Lisa Simpson, Zuckerberg nunca firmó nada. Según Ceglia, el fundador de Facebook no sólo firmó sino que trabajó también para él como uno de los mejores desarrolladores de código que ha tenido jamás.
Mientras todo se resuelve, Ceglia seguirá viviendo con su mujer y sus dos hijos en una casita sin pintar en el Estados Unidos rural, siempre según Bloomberg. Si Lisa Simpson tiene razón, allí seguirá, alimentando quizás las leyendas sobre Zuckerberg como el no dueño de Facebook. Si tiene razón, se convertirá en el dueño de una de las empresas más prometedoras del mercado… y su casita sin pintar pasará a la historia.

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