Amplia oposición al seguimiento de las salidas en los aeropuertos estadounidenses

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La industria aérea y las embajadas de 34 países se han mostrado contrarias al plan de EEUU de exigir la recogida de huellas digitales a los extranjeros que salgan del país.

Las aerolíneas dicen que este plan (que podría empezar a funcionar en agosto de 2009) costaría a la industria unos 12.300 millones de dólares en los próximos 10 años y no los 3.500 millones de dólares estimados por la Administración. Los representantes de los países afectados, entre los que se encuentran los miembros de la Unión Europea, dicen que el deber del gobierno estadounidense es reforzar las leyes de inmigración y la seguridad de las fronteras y que la nueva medida dejaría esta responsabilidad a las compañías privadas, que tendrían que encargarse ellas mismas de hacer el control e invertir en los sistemas informáticos necesarios.

La oposición de este sector podría provocar un fuerte debate entre el Congreso y el gobierno de Bush, que quiere que la ley se aplique lo antes posible.

“Esta propuesta que pretende externalizar una función hasta ahora gubernamental como era la del control de las fronteras, en un momento en el que las aerolíneas de todo el mundo luchan por superar sus problemas económicos es injustificada y contraproductiva”, señaló Giovanni Bisignani, director general y jefe ejecutivo de la IATA (Asociación Internacional del Transporte Aéreo).

El plan forma parte de un programa llamado US-VISIT, una iniciativa que el Congreso promovió en 1996 por primera vez y que puso en marcha después del 11-S para utilizar las huellas y las fotografías digitales y automatizar el proceso de entrada y salida de los extranjeros. Hasta ahora se había centrado en la entrada. Con la nueva medida, se haría también un seguimiento exhaustivo de las salidas.

vINQulos
Washington Post

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