Apple había empezado a trabajar en sus iGlasses pero en 2006 las abandonó para centrarse en el iPhone

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El último evento de Apple constituyó una cierta decepción para algunos porque “sólo presentaron dos móviles” que además constituían una mínima evolución sobre el modelo al que sustituían, el iPhone5. Ni reloj inteligente, ni tele con la manzana mordida… pocos días después el propio Tim Cook afirmaba que “o innovamos o acabaremos como Nokia”. Y es que hubo un momento, hace más de un lustro, en el que dispositivos que aún no terminan de llegar al mercado, como GoogleGlass, ya circulaba por los bancos de prueba de Cupertino.

Para muchos parece como si Apple hubiera perdido su privilegiada posición como líder de la carrera de la innovación y no se puede negar que tras una racha bastante elogiable parecería que se hubieran dormido en los laureles. Y tampoco cabría echarle la culpa a la ausencia de Steve Jobs porque ya en los últimos tiempos ante de su fallecimiento parecía que su habitual “one more thing” se había limitado a “una nueva entrega de más de lo mismo”.

Reinventaron la reproducción de música portátil con el iPod, sentaron las bases para el actual dispositivo sin el que no salimos de casa con el iPhone, supieron ver las posibilidades de un dispositivo como el tablet que hasta que apareció el iPad no había gozado del éxito comercial que ahora tiene (incluyendo su propio intento con el Newton) y adelgazaron el portátil hasta el extremo con el MacBook Air creando una nueva familia de dispositivos, los ultraportátiles o ultrabooks… pero llevamos años en que las únicas innovaciones se limitan a “más delgado” o “con la pantalla más grande” o “en tamaño reducido” aunque ello suponga contradecir las canónicas bases que estableció en su momento Jobs sobre los tamaños idóneos de iPhone o iPad.

Ese reproche probablemente pueda hacerse y no le falte cierto sustento pero según se ha podido saber no debería aprovecharse esa crítica para afirmar que Apple se ha dormido en los laureles y es incapaz de innovar puesto que al parecer lugares tan herméticos como el laboratorio de diseño de Jony Ive, artífice de gran pRte de los exitosos dispositivos de Apple desde el celebre iMac con carcasa de colores, guardan en su interior un buen número de prototipos de diversos dispositivos en distintas fases de desarrollo pero que, a diferencia de lo que estaría ocurriendo con las GoogleGlass, sólo verán la luz pública cuando estén completamente listos para ser comercializados, y no pasarán un año largo en fase beta en manos de desarrolladores, como sucede actualmente con las célebres gafas inteligentes, que no tienen aún fecha oficial de salida al mercado pero se elucubra con que tal cosa sucedería poco antes del verano de 2014.

Uno de estos dispositivos que llegó a alcanzar cierto grado de desarrollo en Apple fue unas gafas de realidad aumentada que pasaron a la “lista de espera” en 2006 puesto que en ese momento se centraron todos los esfuerzos en una labor que poco tiempo después produciría una gran revolución en Apple y en el resto del universo tecnológico: el lanzamiento del iPhone.

Un libro recientemente publicado en USA y que recoge un buen número de testimonios de empleados actuales y pasados de Apple confirma la existencia de esas gafas inteligentes de Apple, entre ellos alguien como Tony Fadell, antiguo director de equipo de la división encargada del iPod y actual director general de Nest Labs y quien ha definido este aparato como “la cosa más loca en la que estuve envuelto mientras trabajé en Apple, algo parecido a GoogleGlass“. Recuerda haber construido un buen número de prototipos de lo que inicialmente era un visor para clocar sobre la cara con una pequeña pantalla integrada que creaba una experiencia inversiva.

La experiencia sería parecid a a estar sentado en un teatro con lo que se asemejaba también a un gafas de realidad virtual, pero finalmente el proyecto fue abandonado para centrarse en el desarrollo de iPod y iPhone. Admite que precisamente el enorme éxitos de dichos dispositivos dejó a los equipos de desarrollo sin tiempo para dedicarlo a otros prototipos como el mencionado, que quedaron abandonados.

Algunos de estos fueron una cámara digital y un mando a distancia pero al considerarse que el nicho de mercado potencialmente integrado en ellos era reducido se decidió apostar por los otros productos que gozaban de importantes ventas. De hecho sólo el iPhone reportó 80.000 millones de dólares a Apple el pasado año, más que toda la línea de producción de Microsoft al completo.

Con ese objetivo Fadell explica que a diferencia de GoogleGlass que parece dirigido a un público más específico las gafas de inmersión virtual de Apple hubieran pretendido convertirse en un dispositivo dirigido al gran público, al consumo masivo, unos principios que pueden servir también de orientación respecto a las directrices que se estarían siguiente en el posible desarrollo de hipotéticos iWatch o iTV.

vINQulo

FastCo

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