Cablevision y sus copias remotas son legales, definitivamente

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El tribunal supremo estadounidense ha determinado finalmente la legalidad del servicio de copias remotas del proveedor de cable, en un caso que muestra la paranoia en la que se han instalado discográficas y estudios cinematográficos en la defensa extremista de la propiedad intelectual.

El operador Cablevision implementó un sistema de grabación remota de la programación de las cadenas que ponía a disposición de sus abonados, por descontado pagando religiosamente los derechos de autor correspondiente.

Es decir, entregaba a sus suscriptores un decodificador sin unidad de almacenamiento, situando éste en los propios servidores de Cablevision. El usuario solicitaba la grabación de películas o series que eran de su interés a través del mando a distancia, para visionarlo posteriormente de la misma forma que haría si tuviera el disco duro en casa. El centro de datos de la compañía almacenaba la información para trasmitirla posteriormente a petición del abonado.

Este sistema de grabación remota en principio irrelevante en términos de copyright (que se pagaba religiosamente), ha tenido un lío jurídico de consideración, tan mayúsculo como para llegar hasta el tribunal supremo tras la denuncia de estudios como 20th Century Fox y productoras como CNN y Cartoon Network.

Industria de Hollywood que demandó a Cablevision por la “grabación y transmisión de contenidos” (cuando era el usuario quien lo realizaba aunque no tuviera el disco duro en su casa) y en general por violación de los términos del servicio y de los derechos de la propiedad intelectual.

Una demanda que fue incluso estimada por un tribunal de primera instancia, posteriormente anulada en una corte de apelación y finalmente resuelta por el tribunal supremo estadounidense que da la razón a Cablevision pero que nos da una idea de la locura que está llegando a la industria –especialmente en Estados Unidos- en la defensa del copyright. Derechos de autor que recordemos de nuevo la compañía y sus usuarios a través del abono pagaban religiosamente.

Por cierto, el caso recuerda al de MP3.com y su servicio My.MP3. Una demanda también estimada en primera instancia pero que no se elevó a ningún tribunal superior, cediendo ante las discográficas lo que supuso finalmente el cierre del servicio y el hundimiento de la compañía.

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