¿Comprar dual-core o esperar a quad-core?

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El inminente lanzamiento global de Conroe y Merom en apenas un par de días devolverá a Intel la corona del mercado de los procesadores a gran escala, pero la llegada en menos de 6 meses de sus versiones quad-core plantea una seria duda: ¿Sería mejor comprar ahora un dual-core como Conroe, o esperar a los prometedores Kentsfield?

La pregunta no es demasiado original, y de hecho ya ha sido convenientemente respondida en una editorial de Bit-Tech, pero es evidente que las dudas están ahí.

Es obvio que el atractivo de la plataforma Intel Core 2 y de los procesadores (Duo, Extreme, y la serie Mobile, o sea, Merom) es impresionante. Prácticamente todos los medios con cierta relevancia actualmente han alabado el rendimiento de las versiones de Conroe que ya han podido analizar antes del lanzamiento oficial, y es que los números no mienten: ni siquiera los dual-core de Athlon de última generación (y en especial, el FX-62, el campeón de AMD) puede competir con unas propuestas cuya microarquitectura ha demostrado ser superior. Atrás quedan consideraciones relativas al uso de la controladora de memoria en la propia die (la única ventaja arquitectural de AMD, en mi opinión), porque además del rendimiento, otro factor fundamental afecta al éxito de Conroe y Merom: sus consumos.

El calor disipado por estos microprocesadores es casi ridículo. Esto tiene importancia por tres razones críticas hoy en día a la hora de elegir un procesador. En primer lugar, la vida útil del microprocesador, que puede aguantar mucho más tiempo y que gracias a esas bajas temperaturas es muy difícil que dé problemas. En segundo, que esa menos consumo implica menor calor disipado, lo que ayuda a reducir las necesidades de ventilación y por tanto, el ruido generado por la refrigeración de este componente. Y en tercero, las excelentes posibilidades de overclocking. Este terreno, en el que tradicionalmente AMD solía destrozar a su competidor, ahora estará mucho más disputado. Las pruebas de webs como AnandTech o Tom’s Hardware demuestran que lograr forzar el micro un 50% por encima de su potencia “estándar” es coser y cantar, y eso da mucho margen a los verdaderos overclockers.

Todas estas consideraciones no hacen sino reforzar nuestra recomendación hacia unos micros contra los que poco o nada puede hacer AMD. La reducción de precios que sufrirán todas las gamas de Athlon en los mercados de sobremesa y portátil podrán amortiguar el golpe, pero está claro que los chicos de Hector Ruiz se van a dar una buena torta, y tardarán mucho en levantarse. Ellos niegan que tal ‘giro’ en la situación tenga demasiada importancia, por supuesto, pero el problema no es que no puedan hacer nada. El problema es que no lo están haciendo. El cambio al Socket AM2 y la futura salida de su plataforma 4×4 (la versión AMD de Kentsfield o Clovertown) es casi una noticia gastada antes de aparecer: los rendimientos que se logran con la memoria DDR2 no tienen historia, y tal y como le pasó a Intel, la migración a esta tecnología no ha supuesto una gran alegría para AMD.

Precisamente esto me permite enlazar con el verdadero objetivo de esta divagación de viernes tarde. Podría parecer que todo apunta a nuestra recomendación de hacerse con una de estas maravillas ya mismo, pero, ¿para qué comprar un sistema basado en Conroe cuando a la vuelta de la esquina está preparándose el lanzamiento de Kentsfield? Bien es cierto que la solución MCM (Multi-Chip Module) que se aplica a este nuevo procesador parece un poco chapucera (simplemente aúnan dos procesadores dual-core en uno), pero no creo que el impacto en la comunicación entre ambos procesadores se note de una manera especial, al menos dada el amplio margen que va a ofrecer este procesador en el mercado de sobremesa. Hay otras dos razones obvias para esperar al menos a ese lanzamiento. La primera, que automáticamente se reducirán los precios de los Conroe que ahora se presentan, y la segunda, que si pensabas aguantar un poco con tu equipo hasta saber qué tal se comportaba el mercado, ahora tienes una razón de más. Los futuros Kentsfield serán compatibles con el chipset 975X (y de hecho, están desarrollando una variante específica que les sacará todo el jugo), lo que permitirá que las placas actuales para Intel Core 2 Duo sirvan para estas futuras bestias de la computación. Eso, unido al hecho de que ATI está preparando su prometedor R600 (tendremos que ver la respuesta de NVIDIA) parecen recomendar esa actitud que tan bien definen los ingleses: wait&see.

Eso a no ser que tengas la necesidad imperiosa de actualizar tu viejo equipo, en cuyo caso no podrás haber elegido un mejor momento. Intel Core 2 Duo es sin lugar a dudas una de las familias de procesadores más prometedoras de la historia.

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