Crowdfunding: la consolidación de la financiación colectiva

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El crowdfunding nació como una alternativa para pequeños proyectos culturales que necesitaban financiación. Gracias al éxito de muchas de estas iniciativas, y a la crisis actual, es ya la primera opción para muchos emprendedores.

Cuando los creadores del reloj inteligente Pebble hicieron cuentas sobre la cantidad de dinero que necesitaban para poner en marcha su proyecto, calcularon que con 100.000 dólares tendrían suficiente capital para iniciar su aventura. Contaron con 10 millones. Elevation Dock, un aparato cuya finalidad es elevar un iPhone, precisaba de 75.000 dólares para ser una realidad, pero pudo contar con un millón y medio. ¿Cómo lo hicieron? ¿Acaso se produjo en el momento más boyante del sector financiero cuando los créditos se repartían casi sin control alguno? No, lo lograron gracias al crowdfunding.

El crowdfunding se ha convertido en una de las principales vías que los emprendedores tienen a su alcance en la actualidad para lograr el dinero que necesitan y poner en marcha sus proyectos. Este sistema de microfinanciación, de cooperación colectiva, busca que un grupo de personas aporten capital u otros recursos para financiar las iniciativas de una persona u organización.

La mayoría de las fuentes sitúan el inicio del crowdfunding en el año 1997, con la idea que tuvo el grupo de rock Marillion de financiar su gira por EE.UU. mediante las donaciones que recibieron vía internet (obtuvieron 60.000 dólares y pudieron tocar en diferentes ciudades). Pero hubo una experiencia anterior en España y la protagonizó otra banda: Extremoduro. En el año 1989, esta formación decidió vender vales de 1.000 pesetas con el fin de recaudar fondos con los que costear la grabación de su siguiente disco, que se titularía “Rock transgresivo”. Los amigos, conocidos y fans que adquirieron alguno de estos vales (finalmente 250 personas) se aseguraban una copia del LP una vez fuese publicado.

Siguiendo esta misma forma de buscar recursos económicos surgieron, y se mantienen activos, proyectos tan importantes y reconocidos como son Wikipedia o el navegador web Mozilla.

Cómo funciona y qué modalidades hay

Una de las claves del éxito del crowdfunding es el sencillo funcionamiento que tiene, alejado de las innumerables trabas en forma de papeleo que se encuentra cualquier emprendedor que busca financiación pública o privada. Aquellos que optan por este tipo de iniciativa sólo tendrán que presentar su idea en una de las diferentes plataformas web de crowdfunding que existen, quienes evalúan el proyecto y toman la decisión de si lo lanzan o no.

Para Xavier Olivella, Presidente de la Asociación Española de Crowdfunding, la clave del éxito está en “tener una buena historia que contar y saber a quién se lo quieres contar”. “Parece fácil dicho así, pero no lo es porque sólo un 65% de los proyectos culturales y sociales salen adelante”, asegura. Hay que tener muy presente que el crowdfunding es una herramienta muy útil para financiar proyectos de presupuestos pequeños y medianos, pero no tanto para los que requieran grandes inversiones o se prolonguen en el tiempo.

En las manos de los promotores está estipular la cantidad mínima de capital que necesitan para poner en marcha su idea y el plazo en el que se quiere conseguir. En ese momento entran en juego las personas que quieran aportar donaciones al proyecto, las cuales decidirán qué cantidad aportan.

En todo este proceso juega un papel fundamental internet, ya que en la red se han establecido las diferentes plataformas que centralizan los proyectos que cualquier usuario puede apoyar. Es el caso de Kickstarter, la más grande y popular a nivel internacional, o Verkami, una de las más potentes en España (incluso ha recibido un premio de Naciones Unidas) y que ha logrado unos resultados realmente buenos: el 73% de los proyectos que se presentan logran la financiación necesaria. Estas plataformas se suelen quedar de media con una cantidad que oscila entre el 5% y el 8% del capital recaudado por costes de mantenimiento y gestión.

Con los tres sujetos que dan forma a cualquier iniciativa crowdfunding en juego (los que buscan financiación, los que aportan dinero y la plataforma que gestiona el contacto entre los dos primeros), queda esperar al resultado. Si no se logra el objetivo la aportación no se hace efectiva, pero si se consigue, los financiadores pueden obtener una recompensa, que sería no económica (obtener una copia del libro que lance, aparecer en los títulos de crédito, algún tipo de agradecimiento público…) o un retorno económico financiero.

Hay diferentes modalidades de crowdfunding basadas en los tipos de beneficios que obtengan o no los donantes, lo que hace que sea un concepto abierto. El tipo lucrativo es el que más se emplea en proyectos con carácter empresarial. Según “The Crowdfunding Industry Report” podemos diferenciar entre varios tipos de financiación colectiva, según estén basadas en: donaciones (no esperan beneficios), recompensas (quienes aportan esperan algo por su contribución), préstamos (se financia en masa a cambio de un tipo de interés), o en acciones (se espera un retorno en forma de acciones, rentas, participaciones o beneficios).

El crowdfunding en España

España es buen país para apostar por el crowdfunding, pero especialmente si el proyecto está enfocado al ámbito cultural. Lo tiene claro Xavier Olivella, que afirma que este tipo de crowdfunding “es el más importante por encima del resto”, y ve carencias en otros sectores. “Si lo comparamos con otros países, es cierto que está por debajo en otros ámbitos como el empresarial o el de generación de prototipos”, asegura.

La situación actual es buena y para el futuro hay perspectivas muy positivas. El crowdfunding en España “crece extraordinariamente año a año” según Olivella, y lo confirman las cifras: el valor de los proyectos gestionados por plataformas de crowdfunding ha ascendido de 12 millones de euros en 2012 a 30 millones en 2013, mientras que las previsiones para 2014 se sitúan entre 50 y 70 millones.

Xavier Olivella destaca que este tipo de iniciativas están teniendo también una repercusión indirecta en la sociedad al crear “nuevos servicios y profesiones”, como asesores o promotores en redes sociales.

Olivella, desde su cargo de máxima responsabilidad en la Asociación Española de Crowdfunding, echa en falta que las administraciones se vuelquen más en este sector. “Hasta ahora no han hecho nada. Estamos todavía en aquella fase de “wait and see” (ver qué sucede). Mientras que la sociedad claramente está apostando por el crowdfunding, las administraciones son excesivamente conservadoras comparativamente con otras administraciones del entorno europeo, en el que ya existe una regulación”, afirma.

Una de sus reivindicaciones es que la administración defina “una regulación para que ayudara a crear confianza en el mecenas y el inverso”, buscando que a ambos les pudiera ayudar en desgravaciones fiscales para incentivar el uso del crowdfunding. “No es difícil hacerlo porque ya lo han hecho otras administraciones de países vecinos” asegura, pero también matiza que esta regulación no debe suponer un control sobre el sector, sino que su objetivo debe ser facilitar el crecimiento “mediante una serie de medidas que transmitan transparencia sobre los proyectos y sus fondos”.

En la comparación con los sistemas que existen en el extranjero, Olivella destaca los incentivos que reciben los inversores desde la propia administración. En EE.UU. los inversores privados pueden desgravarse hasta 200.000 dólares anuales por invertir en una nueva empresa o empresa joven, mientras que en Francia se ha aprobado una desgravación del 30%.

Aunque los emprendedores que apuesten por el crowdfunding no van a encontrar grandes ayudas gubernamentales, Olivella les anima porque podrán “llegar donde antes no llegabas”. “No sólo puedes usar el crowdfunding para obtener financiación para tu proyecto, sino que te permite realizar un test de mercado, conocer si tu producto tendrá éxito y además fomentar tu producto o marca”, concluye.

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