Destruyendo el mito de Steve Jobs y Elon Musk

Innovación

Darles todo el mérito de las innovaciones tecnológicas minimiza la importancia de otros factores.

Los seres humanos construimos héroes, motores de la historia y de los grandes cambios. Hay una tendencia a magnificar el papel de personas que, sin duda, son claves, pero cuya importancia es raramente sólo suya y, habitualmente, está provocada o ayudada por una serie de factores externos. Esto, sean personajes de guerra, religiosos, filosóficos, o políticos. También sucede, cómo no, en la tecnología.

Esto es lo que se extrae de un artículo de Mit Technology Review, donde se aboga por bajar del pedestal a los líderes tech. Y cuando habla de líderes tech, se refiere en concreto a dos: Steve Jobs y Elon Musk.

Este último, dice el reportaje, se ha erigido como el heredero de la figura de visionario que encarnaba Jobs. Musk se dio a conocer con la creación de PayPal y, como explicaban en SiliconWeek, es fundador y CEO de SpaceX, empresa dedicada a construir lanzaderas espaciales; cofundador de Tesla Motors, puntera en el coche eléctrico; y presidente de SolarCity, organización de productos fotovoltaicos.

Y sabe atribuirse el completo mérito de todos estos logros, cuando en realidad, según MTR, dependen en gran parte de gente mucho más experta que él en conocimientos técnicos y a los que no reconoce. Según Elon Musk, la biografía del escritor Ashlee Vance, en SpaceX los ingenieros “entran colectivamente en ira cada vez que ven a Musk en la prensa atribuyéndose, más o menos, el diseño del Falcon”. Los que no aceptan su papel en la sombra acaban por irse, caso de uno de los fundadores de Tesla y su primer CEO, Martin Eberhard.

Sus empresas no se habrían desarrollado igual si no fuera por el apoyo de la administración pública y de las políticas favorables a la energía limpia. Así, SpaceX ha aportado grandes innovaciones, pero también porque ha ganado mucho, tanto financieramente como en talentos, en su asociación con la NASA. Lo mismo con SolarCity y Tesla, favorecidas por préstamos y subsidios gubernamentales. Curiosamente, Musk ha arremetido contra la importancia del sector público.

Tampoco Steve Jobs se hubiera convertido en el líder tecnológico que fue sin circunstancias externas a él. Es cierto que Apple ha sabido reunir toda una serie de innovaciones tecnológicas, como internet, el GPS o las pantallas táctiles, pero no se hubieran desarrollado sin muchos años de inversiones del sector público.

Según MTR, esto tiene implicaciones. Al no poner sus logros en perspectiva, se fomenta la figura del gran hombre y se excusa su comportamiento difícil: Musk es conocido por su trato humillante a los empleados. Y Apple teme el impacto negativo en la figura de Jobs que puede tener el estreno de su próximo biopic, basado en una biografía que dice que desdeñaba a sus trabajadores.

Por último, al hacer que los logros tecnológicos sean cosa de unos pocos, se infravalora la importancia del apoyo público, evitando devolver el dinero que les han prestado en primer lugar y denegándole el reconocimiento necesario. Los grandes mitos, concluye, amenazan con socavar la estructura necesaria para la innovación futura.

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