¿Desvirtúa la tecnología una obra de arte?

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La irritación de un reconocido pianista cuando vio que su concierto estaba siendo grabado ha generado un interesante debate.

Una anécdota ocurrida esta misma semana ha generado un interesante debate.

Krystian Zimerman, reconocido pianista polaco, daba un concierto en Essen, Alemania, cuando uno de los asistentes sacó su iPhone y comenzó a grabar el recital.

Zimerman se levantó entonces de su asiento y abandonó el escenario. Poco después volvió, aunque canceló una recepción que había programado para después del concierto. “La destrucción de la música por culpa de YouTube es enorme”, dijo.

Como explica la BBC, el pianista habría perdido algunos proyectos y contratos porque estos dejaban de ser exclusivos una vez subidos a plataformas de vídeo online.

Más allá de los conflictos que puede originar la protección de una obra por derechos de autor, otros artistas hacen referencia a la pérdida de calidad de los formatos digitales frente a la música en directo para defender los conciertos sin dispositivos móviles.

En el caso del mundo del arte, numerosas herramientas permiten observar las piezas de arte más codiciadas a nivel mundial a golpe de clic. El proyecto de Arte de Google es un claro ejemplo de ello.

La solución podría hallarse en explotar el valor del directo, el aura de lo original. Una experiencia física jamás podrá sustituir a una virtual, no al menos por el momento. Es una forma diferente de acceder a un contenido más que una sustitución.

La industria de la creación más tradicionalista tiene cabida en formatos digitales y es más, debe aprovechar su enorme potencial. Ofrece la posibilidad de llegar a la gran masa de una forma inmediata.

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