A fondo: Ni drones, ni monopatines eléctricos… la próxima gran revolución tecnológica está en el coche

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Fabricantes y empresas de software están invirtiendo en tecnología adaptada al coche.

Hay múltiples razones para pensar que la verdadera revolución que ya empieza a fraguarse y que se reforzará en los próximos ejercicios está en la industria del automóvil.

La más reciente es el golpe sobre la mesa que ha dado el rey de los coches eléctricos, Elon Musk con el lanzamiento de Model 3. Es el primer coche eléctrico de Tesla dirigido a las masas, o lo que es lo mismo, a un precio asumible, bastante alejado de los 71.000 y 81.000 dólares que cuestan los Model S y Model X, respectivamente.

El Model 3 tiene un precio de 35.000 dólares. Los pedidos han superado todas las expectativas; según la propia compañía se registraron más de 276.000 en apenas 72 horas. La demanda ha sido tan inesperada que el propio Musk ha dicho que el tiempo de espera para recibir el flamante coche aumenta rápidamente.

“Necesitamos repensar el plan de producción”, tuiteó.

Además de ser eléctrico, el coche llega equipado con las prestaciones de autoconducción, preparado para que el software que incorpora se actualice. De hecho, la información sobre experiencias de conducción autónoma se recopila en una base de datos.

Silicon Valley mira al negocio del automóvil

Pero Elon Musk no está protagonizando la revolución del coche en solitario. Más jugadores se están sumando a este negocio.

Microsoft por ejemplo acaba de firmar un acuerdo con Toyota sobre coches conectados. Dice Bloomberg que la asociación se basará en el trabajo conjunto desde Azure para investigar aspectos como la telemática, la analítica de datos y la seguridad de la red.

No olvidemos los planes de Google que ya tienen algún que otro año y que se centran más en el desarrollo de coches autónomos.

El Mobile World Congress de 2015 contó con la participación de Carlos Ghosn, CEO de Renault y Nissan. Durante su intervención reveló que la tecnología de conducción autónoma ya está lista, a la espera de la luz verde de los reguladores. Ya entonces adelantó que en 2016 los coches con esta tecnología estarían ya en el mercado.

El próximo paso, dijo, será en 2018, cuando los coches autónomos sean capaces de cambiar de carril y el último escalón se superará en 2020, cuando los vehículos podrán circular solos por las ciudades.

Oportunidades para todos

“Todas las organizaciones necesitan crear software”, nos contaba en una reciente entrevista Jim Zemlin, presidente de la Fundación Linux. Las compañías de coches están trabajando en software abierto para crear sus sistemas. “El 80% del software en un coche es Open Source y el 20% es la parte que lo convierte en único”.

Así, es fácil adivinar que todos los planes relacionados con la conectividad en los coches se materializarán gracias al esfuerzo innovador impulsado desde dentro de sus equipos y a acuerdos que estos fabricantes firmen con empresas de perfil tecnológico.

Una conducción autónoma por ejemplo requiere de un negocio de mapas. Google tiene el suyo propio, Microsoft Bing y Apple también y a partir de agosto de 2015 Mercedes, BMW y Audi… también.

El consorcio alemán que aúna a estos fabricantes compró la aplicación de mapas Here de Nokia por un monto de 2.800 millones de euros.

Y no sólo eso. La capacidad de hacer de un coche un vehículo conectado incluye además a muchos actores más: desde fabricantes de equipamiento de red que deba instalar las antenas, hasta desarrolladores de software que adapten las aplicaciones a los requerimientos de cada modelo.

Ya se están dando los primeros pasos, pero el verdadero impacto económico, tecnológico y social de la industria de los coches conectados está por llegar.

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