Elecciones sociales: Rajoy y Rubalcaba quieren ser Obama

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20N. Los dos principales candidatos a asumir la presidencia del Gobierno español han intensificado su presencia en redes sociales durante las últimas semanas, ¿suficiente para arañar algún escaño?

Desde que en 2008 el entonces candidato a la presidencia de los Estados Unidos, Barack Obama, apostase fuerte por Internet como medio para comunicarse con sus electores, le han nacido imitadores como setas. Los más recientes Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubacalba, que aspiran a gobernar España a partir de este domingo.

El ejemplo a seguir no es malo. A Obama la estrategia 2.0 no sólo le sirvió para dejar de ser ese “senador debutante, afroamericano y desconocido” para la mayoría de los votantes, sino para recaudar 264 millones de dólares procedentes de 81.000 donaciones individuales. Le valió votos. Y, en definitiva, le ayudó a derrotar en las primarias a toda la mujer de un ex-presidente, Hillary Clinton, y al republicano reincidente John McCain en las generales. Lo que se dice un caso de éxito.

A los políticos españoles les está costando un poco más ser tomados en serio. La sensación general es que utilizan las nuevas plataformas como correa de transmisión de su ideario de forma inflexible o para los clásicos “yo he dicho, tú dijiste”, en vez de generar debate. No son ellos los que se encargan de la actualización diaria de sus perfiles en las redes sociales y sus sustitutos, unos community managers que deberían mostrar pericia en estas lides, se han pegado algún que otro batacazo. En la parte positiva de la balanza, se trata de la primera campaña electoral en la que todos los partidos han destino recursos para reforzar (o construir) su presencia online.

El mismo día en que anunciaba su salida del ejecutivo de José Luiz Rodríguez Zapatero, el aspirante socialista debutaba en Twitter y Facebook bajo el lema “Con Rubalcaba”. O más bien lo hacía su equipo electoral. Fue el viernes 8 de julio y, en sólo una hora conseguía 1.500 seguidores en la red social del pajarito azul. Cuando la cifra ya se situaba en 26.000, el jueves 15 de septiembre, saltaba el tuit “En el AVE llegando a Barcelona. A pesar de mi inexperiencia, estreno con ilusión mi Twitter en el que cuento con todos. MR”.

Firmar con sus siglas es la forma que ha elegido Mariano Rajoy para diferenciar sus intervenciones de las de su departamento de comunicación, al igual que el RbCb de su contrincante… que a su vez copia el BO patentado por Obama.

Más exitosos en Facebook que sus partidos

Aunque inexperto en el uso de Twitter, la página del gallego en Facebook lleva más de dos años resumiendo su agenda laboral a través de posts, fotografías y vídeos. Esto le ha valido el “me gusta” de 64.649 personas, frente a las 32.929 de Rubalcaba, las 34.459 del PSOE y las 43.404 del PP. También es el que suele tener mayor promedio de fans hablando sobre él. Pero, a la hora, de contabilizar implicación y participación (resultado de dividir número seguidores entre el de conversaciones generadas), la victoria es para su rival.

Esto significa que Rubalcaba consigue mayor grado de compromiso con su público a golpe de comentarios, respuestas a preguntas, asistencias a eventos y difusión de ciertos posts en sus muros, aparte del clásico “like”. Y, como consecuencia, convierte a esta audiencia en “el jugador número 12” de su campaña, como se diría en argot futbolístico. En todo caso es destacable que ambos despierten más interés que sus respectivas formaciones, lo que significa que el trato personal es un factor clave.

Donde también vence el heredero de Zapatero es en el número de plataformas utilizadas. Aprovechando el primer punto de su lema “escuchar, hacer y explicar”, abre los oídos en la web participativa Diálogos en RED donde se anima a realizar “propuestas y aportaciones, comentarios y valoraciones” y en Voluntari@s RED que extiende los valores de “igualdad, libertad, solidaridad, fraternidad” a través de Internet. Apoya un entramado de blogueros socialistas en Red Blog. Se acerca a la juventud en Tuenti, a los más modernos en Google+ y a todos ellos en una app para smartphones. Sube sus presentaciones a Slideshare. Cuelga fotos en Flickr y vídeos en Youtube. Ha abierto un espacio en la beta de Koowall.

Y, como Obama y Rajoy tiene su propia página, que aglutina todos estos contenidos y donde se retransmiten su mítines en directo. Sólo se le escapa el entorno profesional de LinkedIn y el de los videoblogs, en el que sí está presente el líder de los populares desde 2009 con el conocido “Rajoy en acción”.

Del #prostituit a #puntosRubalcaba

Pero a la hora de analizar éxitos y fracasos, si hay una red que destaca por encima del resto es Twitter. Un caballo ingobernable cuyos jinetes escriben una media de 200 millones de mensajes al día. Con menos de 139 caracteres son capaces de montar satíricas iniciativas como #avatarmariano, monopolizar nueve de diez trending topics durante la retransmisión del debate a dos, poner en jaque con sus preguntas sin cortapisas al que será sexto presidente del Gobierno de España o defender la libertad de expresión ante la censura de cuentas, caso de @NanianoRajoy. Y, una y otra vez, acaparar la atención de la prensa.

La presencia en los social media es necesaria porque acerca los políticos a la ciudadanía. Pero así como da escaños virtuales, los quita. Cada comentario, cada omisión, cada movimiento son observados con lupa. Un error de comunicación puede revertir los efectos perseguidos y, en más de una ocasión, se debe a que cuantas más cabezas tiene un equipo, más piensa… pero también razona de forma diferente. Otra causa es el propio desconocimiento de las reglas de juego.

Entre las ideas más descabelladas del PP se encuentra el pedir a usuarios simpatizantes la cesión de sus perfiles con el único objetivo de amplificar el alcance de las proclamas populares, algo que ya hizo en su día otro político estadounidense (Al Gore, no Obama) en el marco de su proyecto de concienciación contra el cambio climático. La propuesta no ha gustado nada a la comunidad online, que ya ha rebautizado este buzoneo electoral como “prostituit” por corromper el espíritu de las redes sociales.

Las cabezas pensantes del PSOE tampoco han estado finas al incitar a la difusión de contenidos con un programa de puntos canjeables por premios: bálsamo labial, 250 puntos; cuaderno Moleskine, tazón irrompible o polo rojo, 1.000 puntos; vaso-termo, 1.600 puntos; y taza térmica 1.700 puntos. En este caso el concurso sí se inspira en el sistema de compromiso con la candidatura de Obama, que regalaba asistencias a charlas del presidente.

La versión a la española ha defraudado y el hashtag #puntosRubalcaba se convirtió en tendencia, como también ha ocurrido con #sumatealcambio, #votaPSOE, #preguntaleamariano o #formularubalcaba. Aunque sus creadores se han felicitado por llegar a TT nacional, lo cierto es que el contenido de los tuits clasificados bajo tales etiquetas no siempre (o casi nunca) es positivo para sus intereses.

Y después de las elecciones, ¿qué?

El recorrido online de Rubajoy, como han empezado a llamarlos algunos, está plagado de pasos en falso. Pero es un inicio. Están ahí, han reconocido su importancia y lo intentan. La pregunta ahora es si este aprendizaje influirá en el resultado final del 20N y, sobre todo, si a partir del lunes 21 nuestros políticos seguirán ahondado en el uso de las nuevas herramientas.

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