Kaspersky Lab alerta sobre la existencia del “cibercrimen colaborativo”

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En Brasil, por ejemplo, el malware se ha vuelto “mucho más sofisticado y difícil de combatir gracias a las tecnologías desarrolladas por ciberdelincuentes de habla rusa”.

Los ciberdelincuentes siempre están evolucionando para saltar las barreras de protección que implantan consumidores de tecnología y empresas, a instancias de las firmas especializadas en seguridad. Y su última evolución pone de manifiesto que los criminales del ciberespacio ya no es que actúen en grupo en muchas ocasiones, sino que buscan aliados en otros lugares del planeta, entre otros grupos de ciberdelincuentes con los que no comparten ni región ni lengua.

Así lo determina una investigación de Kaspersky Lab, que explica que se ha pasado de una situación en la que “los mercados han desarrollado de forma independiente sus técnicas de ciberataques, adaptadas a las condiciones locales” a lo que ella  denomina un “cibercrimen colaborativo”.

Lo que ha encontrado Kaspersky Lab en concreto han sido diversos ejemplos de asociación entre los cibercriminales que operan Brasil y los de Rusia. Se trata de dos países en los que, precisamente, el nivel de actividad cibercriminal ha destacado en los último años por ser elevado y por servirse de un entramado de foros online clandestinos en los que los cacos 2.0 se reúnen para intercambiar información.

“Hace sólo unos años, el malware bancario brasileño era muy sencillo de detectar”, recuerda Thiago Marques, analista de seguridad de Kaspersky Lab. “Con el tiempo, los autores de malware han adoptado varias técnicas para evitar su detección, incluyendo la ofuscación de código, root y funciones Bootkit. Por ello, ahora el malware es mucho más sofisticado y difícil de combatir gracias a las tecnologías desarrolladas por ciberdelincuentes de habla rusa”. Y “esta cooperación funciona en ambos sentidos”, apunta Marques.

Los expertos de seguridad han visto cómo, más allá de ofrecer servicios en foros externos, los ciberdelincuentes también ponen en común infraestructuras maliciosas que les permiten extender sus infecciones. Por ejemplo, en Brasil se habría potenciado el malware Boleto y en Rusia se habría hecho lo propio con el troyano Crishi a través de “un algoritmo que generaba dominios en alojamientos ucranianos”.

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