La fórmula para innovar

Empresas

Fernando Izquierdo, responsable en España de Ars et Inventio, división de negocio de la firma Bip, analiza los tres pilares de una estrategia de innovación para la empresa.

Estamos acostumbrados a escuchar que la innovación es un pilar fundamental para propiciar el crecimiento económico y el nivel de competitividad de las empresas, pero, ¿qué es realmente innovar?, ¿cómo se innova? Desde nuestro punto de vista la implantación de una estrategia de innovación debe contemplar tres elementos básicos.

Creatividad: Imaginación para crear

El primero de ellos hace referencia a la creatividad. Una de las palancas básicas de la innovación es ser capaz de generar ideas que ofrezcan respuestas a los nuevos modelos de comportamiento de los consumidores, cada vez más exigentes. Para que una organización adquiera una verdadera ventaja diferencial no sólo debe centrarse en generar ideas para cubrir las necesidades actuales de los clientes -lo cual es muy importante-, sino también para anticiparse, conseguir ser proactiva y atreverse a construir el futuro.

La innovación por tanto debe ser una apuesta a largo plazo, los resultados terminarán llegando sin un plazo previamente establecido, aunque para ello sea necesario afianzarse y apoyarse en el corto plazo y combinar ideas e iniciativas de carácter más disruptivo con otras más evolutivas o incrementales que permitan obtener resultados y retornos a más corto plazo que avalen la adopción de una estrategia de innovación.

Sin embargo la innovación no es sólo creatividad, la creatividad genera ideas pero la innovación lo que persigue es algo más, es generar valor.

Modelo de gestión: Método para gestionar

El segundo factor se refiere a disponer de un adecuado modelo de gestión. El principal error que cometen las empresas es no tener un modelo de gestión (organización, roles, procesos, modelo de gobierno y toma de decisiones, indicadores…) para cada una de las etapas del ciclo de vida (funnel) de la innovación.

Las empresas tratan de gestionar la primera etapa de la innovación: la generación de ideas, pero ignoran las etapas posteriores que es donde mueren la mayor parte de ideas e iniciativas generadas.

Viene al caso para ilustrar este concepto un antiguo spot televisivo de una conocida marca de neumáticos en la que aparecía el velocista y campeón olímpico Carl Lewis en los tacos de salida calzando unos zapatos de tacón rojos y en el que el mensaje era algo así como “la potencia sin control no vale de nada”. Vale de poco ser capaz de generar cientos o miles de ideas si luego la organización no es capaz de digerirlas, priorizarlas y desarrollarlas para convertirlas en valor para la organización.

Se puede decir sin temor a equivocarnos que las empresas se centran en gestionar la infancia del ciclo de vida de innovación, pero se olvidan de la adolescencia (la más complicada) y la madurez.

Cultura: Coraje para implantar

El tercer y último factor hace referencia a la cultura de innovación. La innovación no es una iniciativa que las compañías puedan improvisar, depende de las personas, de su nivel de confianza y capacidad para trabajar en equipo. De hecho, aproximadamente el 85% de las nuevas ideas surgen fundamentalmente desde el interior de las organizaciones y la clave del éxito consiste no sólo en disponer de gente preparada, sino sobre todo entusiasmada y comprometida.

La dirección de las organizaciones debe ser capaz de liderar una cultura que incentive la participación y la libertad de ideas: pensar, actuar y… equivocarse, sobre todo esto último.

Por tanto, la innovación no puede aislarse de la trama cotidiana del negocio, debe formar parte de ella y cobrar vida de forma natural.

La innovación supone un proceso de cambio en las organizaciones, que conlleva normalmente asociada la necesidad de derribar ciertas barreras e inercias establecidas, por lo que su puesta en marcha adicionalmente al componente de gestión comentado con anterioridad requiere de un liderazgo claro desde la cúpula de las organizaciones.

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