La resurrección de la Polaroid: una isla analógica en el océano digital

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The Impossible Project, grupo formado por entusiastas y ex-empleados de la marca, logra fabricar un nuevo tipo de película instantánea y convertirla en el sueño de muchos nativos digitales.

¿Quién les iba a decir a los amantes de las cámaras Polaroid hace algo más de dos años, cuando la empresa dejó de forma oficial de fabricar sus películas, que en realidad su sueño analógico no había hecho más que tomar un rumbo inesperado? Fueron necesarios un austriaco loco, varios ex-empleados de las fábricas de Polaroid, bastante dinero y mucha ciencia e investigación, pero todo dio sus frutos: The Impossible Project, nacido con la misión de dar con una nueva película instantánea para las cámaras Polaroid, dejó de ser imposible hace unos meses y ahora vende películas y cámaras a amantes de la magia de la fotografía instantánea.

Pero, ¿cómo logró el grupo liderado por Florian Kaps volver a poner de moda las Polaroid en plena era digital? Y, sobre todo, ¿qué clase de persona decide invertir en un proyecto dado por imposible y perdido por su propia compañía? Para hallar una respuesta a estas preguntas es necesario hacer algo de historia y retroceder a 2007, momento en el que Polaroid anunció que en un año dejaría de fabricar sus películas instantáneas. En los meses siguientes fueron poco a poco cortando sus relaciones con las distintas empresas de químicos que les proporcionaban los materiales necesarios, y llegado el momento, la última fábrica cerraba en Holanda.

El nacimiento del proyecto imposible

Pero en esos meses pasó algo más. Por un lado, la comunidad de fans de Polaroid se organizó en la red y dejó ver a través de la web Save Polaroid que existía una demanda. Además, ante el pronóstico de ver desaparecer sus películas, se lanzaron a la compra masiva de cartuchos, haciendo que las existencias duraran mucho menos que los diez años calculados por Polaroid. En 2008, las películas Polaroid eran ya un bien escaso.

Mientras tanto, en Viena, un austríaco algo peculiar llamado Florian Kaps compraba su primera cámara Polaroid y se enamoraba de ella. Cuando descubrió que su recién descubierta nueva pasión estaba a punto de desaparecer, escribió a la compañía con el objetivo de hacerles cambiar de opinión. No lo consiguió, pero a cambio de su email recibió una invitación a la fiesta de despedida de la compañía, en la fábrica holandesa Enschede, la última planta abierta.

La fiesta de despedida se convirtió en el comienzo de The Impossible Project. Kaps conoció a André Bosman, empleado de Polaroid durante 28 años y el encargado de desmantelar la planta de Enschede. Mientras tomaban unas cervezas, Bosman le confesó al austríaco que su cometido le horrorizaba, pero que no veía otra salida. De esa conversación nació la idea: a contrarreloj, ya que la fábrica iba a ser demolida, juntaron un equipo de ingenieros ex-empleados de Polaroid, alquilaron la planta de Enschede y, con no pocos esfuerzos, compraron la maquinaria y lograron que Polaroid les diese la licencia para recrear sus películas instantáneas.

The Impossible Project nacía en 2008 con la promesa a Polaroid de que no fabricarían las mismas películas instantáneas clásicas (entre otras cosas porque los materiales químicos necesarios ya no se producían). Polaroid dijo “adelante” y se desentendió. Al fin y al cabo, se trataba de un proyecto imposible.

Caminos divergentes: Polaroid se vuelve mainstream

El camino tomado por Polaroid mientras The Impossible Project intentaba (y conseguía) resucitar su producto fue el más lógico y a la vez inesperado: se volcó en la fotografía digital. Se fabricaron unas nuevas cámaras con impresora incorporada (para no perder lo instantáneo de su encanto) y se lanzaron en una campaña publicitaria por todo lo grande.

Con Lady Gaga como nueva imagen y embajadora de la marca, y toda la repercusión mediática que lograron darle a la nueva generación de cámaras Polaroid, tan solo un detalle chirriaba: nunca, ni en su web ni en notas de prensa ni en eventos, se hizo la más mínima mención al proyecto imposible y al hecho de que la fotografía instantánea clásica de la compañía todavía existía (o estaba a punto de volver a existir).

Por qué no es imposible: nostalgia e integración digital

Todo esto, no obstante, no responde a la pregunta básica, ¿cómo han logrado The Impossible Project colarse en los sueños de una generación de nativos digitales? La respuesta es, en este caso, doble. Por un lado, las Polaroid apelan a la nostalgia y están identificadas con la cultura pop de forma muy fuerte. Los nuevos poseedores de cámaras Polaroid son usuarios también de cámaras digitales de última generación y son los mismos que, aunque tengan su iPod lleno de canciones, también compran discos de vinilo.

El otro lado de la respuesta es quizá la razón básica del renacer de la Polaroid: las fotografías ya no se quedan en casa colgadas de una pared o un corcho. Los nuevos usuarios escanean las fotografías y las suben a Flickr, donde existe una comunidad muy poblada y activa de amantes de la fotografía instantánea. Estos nuevos usuarios son también visitantes habituales de eBay, donde consiguen sus cámaras (porque sí, suelen tener más de una), y comparten su amor con otros fans.

Aunque Grant Hamilton, un cirujano plástico que está filmando un documental en película Polaroid, apunta otro detalle importante. “Cuando agitas tu foto Polaroid estás agitando una de las piezas de tecnología más complejas que existen”, asegura. “La idea de que la película es de algún modo low-tech es totalmente errónea”.

The Impossible Project lanzó al mercado su primera película instantánea en marzo de este año, y desde entonces han ido desarrollando otras nuevas. También han fabricado cámaras. Un ejemplo del éxito del proyecto imposible está en su web con todas las cámaras están agotadas. Los amantes de las Polaroid clásicas pueden dormir tranquilos y hacer fotos sin tener que volver a pensar que ese cartucho podría ser el último.

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