Larry Page: ¿El próximo Steve Jobs o el próximo Mark Zuckerberg?

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Tras 10 años de “supervisión paternal”, Larry Page retoma las riendas de Google bajo presiones, críticas y la larga sombra de Eric Schmidt.

“Larry está preparado”. Así de claro sonó Eric Schmidt cuando a principios de año anunció que el 1 de abril le cedería el puesto de CEO de Google a uno de sus cofundadores, Larry Page.

La rueda de las especulaciones y valoraciones se puso entonces en marcha, intentando adivinar qué sería de Google bajo la batuta de Page y qué sería de Page al mando de Google. El día señalado por fin llegó esta semana y Larry Page ya ha asumido su cargo como CEO de Google. La tarea que tiene por delante no es nada fácil.

¿Supone realmente un reto para el cofundador de una compañía asumir su mando? Si esa compañía es Google, sin duda. E incluso olvidando que se trata de un gigante de Internet (EL gigante de Internet, se podría decir), el reto es igualmente mayúsculo: se trata de pasar de ser la persona con las ideas a ser la persona con las decisiones, cambiar la visión idealista por la empresarial.

Esta fue la razón principal por la que Sergey Brin y Larry Page decidieron en 2001 (tras mucho asesoramiento y consejos) dejar que, por lo menos al principio, fuese alguien con experiencia en la dirección de empresas tecnológicas como Eric Schmidt, un CEO profesional, quien manejase las riendas de Google. Y si bien tanto Brin como Page continuaban detrás de todas las decisiones importantes de la compañía formando una especie de triunvirato, era Schmidt quien guiaba con su experiencia, quien ponía los pies sobre la tierra y pensaba en términos de pérdidas y beneficios. Larry Page tiene que demostrar ahora si de verdad está preparado superando unos retos nada fáciles.

Primer reto: manejar una startup de 24.000 empleados

El primero y principal de sus retos es el más obvio: Larry Page, sin experiencia en la dirección de compañías de la magnitud de Google, se pone al frente de una empresa que en la actualidad cuenta con unos 24.400 empleados (y creciendo). Además, pretende seguir con la filosofía de start-up que tanto él como Sergey Brin siempre han defendido y que Eric Schmidt supo combinar con el espíritu del gigante empresarial que es en realidad Google. El temor ahora es que Page no sea lo suficiente realista como para tratar a la empresa como lo que es.

Y en esa gestión de un gigante empresarial tendrá también una tarea extra: intentar deshacerse de la sombra de Eric Schmidt. Tras dirigir Google durante diez años con maestría y convertirla en lo que es ahora, no serán pocos los que caigan en la comparación constante entre ambos CEO. Una comparación en la que, por lo menos al principio, Page tiene todas las de perder: Schmidt ya ha cerrado una etapa que todos califican de exitosa; Larry Page llega sin credenciales en el mundo de la dirección de grandes empresas.

En este trabajo de convertirse en buen CEO, además, a Larry Page parece fallarle un aspecto que va más allá de sus conocimientos empresariales: su carisma. Como ya le pasó a Mark Zuckerberg en su día, Larry Page no es el mejor comunicador ni una persona que destaque por su don de gentes, algo que podría jugar en su contra a la hora de mantener (y conseguir) a unos inversores ya de por sí algo recelosos ante un recién llegado al mundo de la gestión empresarial.

Segundo reto: acallar las críticas

Pero forjarse una buena imagen como CEO no es el único (ni el mayor) de los retos de Larry Page: más allá de eso, Google es una empresa que no es percibida como un ente bondadoso cuya única misión en el mundo es hacer la vida de la gente mejor. Su “Don’t be evil” ha pasado a utilizarse de forma algo sarcástica para dirigirse a la compañía: a estas alturas, son muchos los que creen que Google es precisamente el único malo del cuento.

Dos elementos clave juegan en contra de Google para llegar a esta conclusión. Por un lado están su crecimiento desorbitado y su dominio aplastante en el universo de los buscadores, que han provocado que la compañía acumule denuncias ante organismos anti-monopolio por abuso de su posición dominante.

El otro punto débil de Google es su gestión de la privacidad de los usuarios: la compañía maneja todo tipo de datos de los internautas, y el uso que hace de esta información no ha hecho más que provocar críticas y denuncias. Google sabe demasiado y utiliza todos estos datos para su propio beneficio, o por lo menos esa es ahora mismo la impresión más extendida entre los resignados usuarios. A Larry Page le corresponderá deshacerse de esta imagen de gigante manipulador y poco ético y hacer las paces con los grupos defensores de la privacidad.

Tercer reto: quitarse la espinita social

Google empezó siendo tan solo un buscador, pero ahora mismo es mucho más que eso: tiene un servicio de correo de éxito, su plataforma móvil Android ya ha superado a la de Apple en Estados Unidos, tiene a YouTube, el sitio de vídeos por excelencia de la red… podría parecer que todo lo que hace, lo hace bien. Pero hay un campo en el que todavía no han logrado ganar: las redes sociales.

El talón de Aquiles de Google parece ser el terreno de los medios sociales, ese en el que hasta la startup más pequeña puede encontrar el camino de los millones, y en el que Google, no obstante, va dando bandazos y acumulando fracasos: desde el bluff de Buzz hasta la decadencia en la que ha entrado Orkut, el buscador no parece haberle cogido todavía el pulso al mundo dominado por Facebook.

Y si hay algo que se espera de Larry Page en su etapa como CEO y que haría que todas las voces que dudan de su valía se callaran es precisamente eso: más allá de seguir por el camino que Eric Schmidt ya dejó asfaltado, tomar la desviación campo a través por la que el ya ex-CEO nunca fue capaz de pasar. Y quizá sea esa su mejor opción: triunfar donde Eric Schmidt fracasó para ganarse la confianza de los inversores y, ya de paso, asegurarse el mejor asiento en el cielo de Google.

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