Las startups europeas nacen, crecen, se reproducen y… sobreviven

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Los países nórdicos, Francia, Alemania, Reino Unido e incluso España se postulan como candidatos para robarle a Silicon Valley el título de cuna de la innovación tecnológica.

Algunas dan sus primeros pasos en la aventura tecnológica sustentadas únicamente por los ahorros de fundadores, familia y amigos. Otras buscan modelos de financiación como el factoraje, el crowdfunding o el capital de riesgo. Y las más afortunadas reciben el espaldarazo definitivo de parte de sus ángeles de la guarda particulares. Son las startups, una tipología de compañías que ha dejado de ser patrimonio estadounidense para extenderse al Viejo Continente.

Aunque en este lado del charco las universidades están acostumbradas a preparar a sus alumnos para convertirse en carne de empleado, también es cierto que con el paso de los años se va multiplicando el apoyo institucional a los jóvenes con ideas disruptivas. Hasta tal punto que “emprender” se ha convertido en la palabra de moda y cada vez existen más referentes de éxito en los que fijarse.

Suecia, Finlandia, Reino Unido, Francia, Alemania… todos quieren apostar por un modelo actualmente en auge y que se ve como salida viable a una crisis económica que dura más de lo deseado. La novedad, aparte de su origen geográfico, es que esta nueva generación de empresas rompe con la imitación a pequeña escala para proyectarse a nivel global con planteamientos totalmente originales.

Es el caso de la luxemburguesa Skype, desarrollada a medias por un danés y un sueco que dieron el pelotazo de su vida al vender su creación a eBay por 2.600 millones de dólares cuando ésta sólo facturaba 7 millones anuales. Y que hace unos meses ha sido absorbida por la mismísima Microsoft. O el de la sueca Spotify, que ha conseguido potenciar las descargas legales en Internet, convencer a más de 2,5 millones de usuarios para que paguen por sus servicios, integrarse con Facebook y, lo más difícil de todo, desembarcar en Estados Unidos.

Ambas han crecido tanto desde sus comienzos que a duras penas encajan en el prototipo de startups, pero son un claro ejemplo de lo que se puede hacer en Europa y sirven de espejo en el que reflejarse a las generaciones venideras.

Del éxito de Angry Birds a los proyectos “made in Spain”

Uno de los triunfos recientes más notables es el de la finlandesa Rovio y su ejército de pájaros enfadados. Tampoco se quedan atrás en el campo de los juegos online las alemanas BigPoint y Gameforge, y la británica Playfish. De las islas también han salido los portales de concesión de préstamos Zopa y Wonga, los de intercambio de entradas Viagogo y Seatwave, el de comida a domicilio Just-Eat, el de apuestas Betfair, el de pagos y transferencias a través de la red Moneybookers y, por supuesto, los famosos Last.fm y Lastminute.

Por su parte, Francia aporta interesantes propuestas como la tienda online Vente Privee, el site de encuentros Meetic, el servicio de revelado de imágenes Photobox y el sistema de anuncios por retargeting personalizado Criteo. A las redes sociales contribuyen Finlandia con Habbo (Sulake) para adolescentes y Alemania con Xing para profesionales. Entre las webs de críticas y recomendaciones destaca la germana Qype y en los servicios de VoIP, la sueca Rebtel.

¿Y España? En nuestro país el panorama es incierto. La burocracia y las cargas administrativas paralizan las aspiraciones de buena parte de los emprendedores que buscan hacer sus sueños realidad. Aún así sobresalen algunos nombres como Tuenti, Fon, Privalia, Idealista, 11870 o BuyVIP, cuyas trayectorias abren la puerta a la esperanza.

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