Los directivos TIC también se equivocan

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La salida de tono de Richard Stallman tras fallecer Steve Jobs sólo ha sido el último de una larga lista de exabruptos que, durante los últimos años, han protagonizado conocidas figuras del panorama tecnológico.

Durante los últimos días han corrido ríos de tinta y bits sobre las declaraciones del gurú del software libre, Richard Stallman, acerca de Steve Jobs. A las pocas horas de la muerte del inventor de Apple, al que ha dado en llamar “pionero de la computadora como cárcel cool diseñada para cortar la libertad a los tontos”, escribía en su blog: “no estoy contento de que esté muerto, pero me alegro de que se haya ido” porque “todos nos merecemos el fin de su influencia maligna en la informática”.

Desafortunadas es el adjetivo más repetido para calificar sus palabras. Pero ni es la primera vez que Stallman se pasa de rosca, ni es el único miembro de la comunidad tecnológica que ha patinado al pronunciarse sobre ciertos temas. Profecías incumplidas, desprecios a rivales o titulares que muchos desearían poder borrar forman ya parte de la memoria colectiva.

Uno de ellos es, sin duda, el CEO de Microsoft desde el año 2000, Steve Ballmer. Sus excentricidades (“desarrolladores, desarrolladores, desarrolladores”) son de sobra conocidas y sus intervenciones públicas fuente de innumerables noticias: “Ballmer dice que los usuarios de iPod son ladrones de música”, “que nadie usa Google Apps”, “que Linux es un cáncer”, “que Windows 8 llegará en 2012” (desmentido después por Microsoft), “que Google es un castillo de naipes”.

Esta última fue precedida por un lanzamiento de silla, un “Eric Schmidt es una nenaza. Voy a enterrar a ese tío, lo he hecho antes y lo haré otra vez. Voy a acabar con Google” y varios improperios intercalados. Y es que tras dieciséis años a bordo, uno de sus desarrolladores clave, Mark Lucovsky, decidía abandonar el barco de Windows NT por el de una empresa que “va a tener un problema porque sólo es conocida por las búsquedas”, según la ex-CEO de Yahoo! Carol Bartz.

A otro de sus empleados, Kevin Turner, no se le ocurrió mejor manera de promocionar su incursión en el mercado smartphone que burlándose del “antennagate”. “Quiero que sepáis que vais a ser capaces de utilizar cualquier teléfono que funcione con Windows Phone 7 sin preocuparos de cómo sujetarlo”, espetó el jefe de operaciones en una conferencia para socios. Todo normal, hasta que acabó por compararlo con uno de sus propios productos: “el iPhone 4 va a ser el Vista de Apple”.

Precisamente la marca de la manzana ha sido blanco predilecto de la competencia y pocos apostaban por su terminal. “Es un participante más en un espacio que cuenta ya con un montón de opciones para los consumidores”, comentaba el co-CEO de RIM, Jim Balsillie en 2007. “Pensar que supondrá un cambio radical para BlackBerry es una exageración”. O, traducido por Ballmer: “no hay posibilidad de que el iPhone vaya a conseguir una cuota de mercado significativa”.

“640 K deberían ser suficiente memoria para cualquiera”

Diez años antes Jobs recuperaba el timón de una compañía con serios problemas económicos ante la atónita mirada del sector. “Lo que no puedo entender es por qué sigue tratando de ser el CEO de Apple. Sabe que no puede ganar”. “¿Qué haría yo? Cerraría y devolvería el dinero a los accionistas”. Eran las reacciones de sus pares en Microsoft y Dell: Bill Gates y Michael Dell. Hoy en día Apple, “virus mutante” a juicio del fundador de Acer, Stan Shih, es la segunda empresa más valiosa del mundo.

Y Android una de las plataformas móviles más usadas, a pesar de que Jobs pensase que “Google ha llegado a su meta sin Android y le va a dañar más que ayudar. Será un cuchillo entre ellos y los que quieran ser sus colaboradores”. O de que el jefe de la división de telefonía de Nokia, Anssi Vanjoki, criticase a los fabricantes que se suben al carro de Google por ser como “los chicos finlandeses que se mean en los pantalones para entrar en calor en invierno”.

También desde Mountain View han caldeado el ambiente, en su caso al tocar el tema de la privacidad. “Algún día los adolescentes tendrán derecho automáticamente a cambiar de nombre cuando sean adultos para renegar de las indiscreciones juveniles almacenadas en las redes sociales de sus amigos”, profetizó el directivo Eric Schmidt, para añadir que “si hay algo que no quieres que se sepa, no deberías hacerlo en primer lugar”. Causando así la ira del coordinador de Mozilla, Asa Dotzler, que empezó a recomendar a los usuarios de Firefox pasarse a Bing.

Pero hay más. El experto en seguridad Eugene Kaspersky ambiciona con “cambiar el diseño de Internet e introducir pasaportes, un cuerpo de policía y un acuerdo internacional para el seguimiento de estándares. Y si algún países no está de acuerdo o no lo cumple, se le corta la conexión”. En 2009 el CEO de Oracle, Larry Ellison, calificaba el cloud computing de “chorrada” y en 2004 Bill Gates pronosticaba que “en dos años el spam estará resuelto”.

Aunque quizás la cita más famosa sea la de “640 K deberían ser suficiente memoria para cualquiera”, atribuida de igual modo a Gates desde los años 80. Supuestamente el cofundador de Microsoft se pronunció en esos términos durante una feria de ordenadores celebrada en Seattle. ¿O no? “He dicho algunas cosas estúpidas y me he equivocado en otras, pero ésa no es una de ellas” insiste desde entonces. “A nadie involucrado con computadoras se le ocurriría decir que una cierta cantidad de memoria es suficiente para los restos”. ¿O sí?

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