Los móviles ‘de sangre’

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Blood in the Mobile hurga en las heridas ya abiertas sobre el coltán, un mineral que se usa para la fabricación de casi la totalidad de dispositivos electrónicos.

El documental ahonda especialmente en la compañía Nokia, responsable de las ventas de uno de cada tres móviles en el mundo y por tanto, gran consumidor de coltán a nivel mundial. Se cuestiona si gigantes como éste financian la guerra del Congo al comprar el mineral sin evitar que provenga de una mina controlada por la guerrilla.

Con un atrayente título que emula a los conocidos como diamantes de sangre, el documental tiene la finalidad última de concienciar a la población sobre lo que hay detrás de los dispositivos que usan en su vida cotidiana.

Ole Tornbjerg es el productor de este film que tras su estreno en Barcelona, ha ido cosechando numerosos éxitos por el canal más eficiente: el boca a boca. En una entrevista concedida a Silicon News, Tornbjerg asegura que la finalidad última del film es “hacer ver a la gente lo que se esconde tras la industria móvil”.

La idea de ponerse manos a la obra salió del mismo productor en un viaje a Tanzania hace cuatro años. Un colega danés le habló sobre la industria minera en el Congo y sobre los rumores que afirmaban que los minerales terminaban en los terminales móviles. “Me contó que en un período muy breve de tiempo (durante el conflicto de Ruanda), los generales ruandeses controlaban el mercado mundial del coltán, que financiaba la guerra”, recuerda.

No fue fácil rodar el documental. Las dificultades para Frank Piasecki, director del film, se sucedieron. Es un tema muy sensible, y es que numerosas compañías, buques insignia de la economía de países como Noruega o EE.UU. utilizan el coltán para fabricar sus dispositivos. “La más difícil fue Nokia, después los líderes militares congoleños”, asegura.

El equipo decidió iniciar el proyecto de la forma más trasparente posible. “No queríamos que Frank trabajase como un periodista encubierto en la República Democrática del Congo”. Se dirigieron a todas las autoridades pertinentes y obtuvieron los permisos necesarios para trabajar de la forma más libre y segura posible. “Si empiezas por pedir el permiso a un ministerio, después es más fácil conseguir el resto de permisos de menor importancia”, afirma.

El director fue detenido y recluido durante cuatro horas por la policía secreta en Goma la primera vez que fue allí. “Tras confiscarle las cintas le dejaron libre”. Si hubiera estado trabajando de forma secreta o como un periodista encubierto, hubiera tenido muchos problemas.

Para ver el trailer del documental, pincha aquí.

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