¿Qué no se debe aprender de la muerte de Kin?

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La muerte de Kin permite sacar varias lecciones: el marketing es importante y el precio también.

Kin fue una muerte sorprendente: una tarde Microsoft anunció algo que ni siquiera se había filtrado a los medios. Dejaba de fabricar su teléfono inteligente y que Verizon vendiese los que tenía. Ya no habría más.
Un absoluto fracaso: como señalaban los analistas tras el anuncio. Aunque varias fueron las razones que apuntalaron el fiasco, según explican en ArsTechnica. Y las causas no son absolutamente técnicas, también han entrado los errores de estrategia y marketing.
Por una parte, y como todos apuntaban desde el momento en el que el dispositivo llegó al mercado, su precio era demasiado elevado para el público al que debía destinarse. Podría haber sido más barato, apunta ArsTechnica, pero Microsoft retrasó demasiado el desarrollo del producto y Verizon se cansó de reservar los precios buenos.
La operadora tampoco se portó bien con el teléfono. Kin casi no tuvo promoción y fue desterrado de los mejores lugares de la tienda. Oscuro y poco visible, no pudo entrar por los ojos a los clientes a pesar de los esfuerzos de marketing de Microsoft.
Los resultados: un cerrojazo adelantado y un fiasco del que se habrán distribuido más de 500 dispositivos, según ArsTechnica, y menos de 10.000.

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