Nomofobia, ese miedo irracional a dejarse en casa el teléfono móvil

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Los expertos dicen que, para algunos, el smartphone es igual de adictivo y peligroso que “el alcohol o las drogas, reclamando cada día su dosis diaria y exigiendo paulatinamente un mayor incremento de la cantidad aplicada”.

La búsqueda de una conexión constante, en cualquier parte, está provocando ventajas e inconvenientes. Uno de los problemas que conlleva la tecnologización de la sociedad es la aparición de la nomofobia, que se puede definir como un “miedo irracional a salir de casa sin el teléfono móvil” y que también sería fruto de “unas agresivas y eficaces campañas de marketing“.

Así lo determina el centro de terapia grupal Coaching Club, que desvela que en España tres de cada cinco personas ya tienen nomofobia.

“Los individuos que padecen este trastorno”, explica Verónica Rodríguez Orellana, directora y terapeuta de Coaching Club, “pierden gran parte de la confianza en sus propias habilidades y capacidades, derivando las gestiones más simples a este aparato tecnológico que todo lo sabe y todo lo guarda”.

“El nomofóbico percibe la imposibilidad de contactar a través del smartphone, por avería, por olvido o por descarga de la batería, como una verdadera e insuperable angustia y desesperación”, dice Rodríguez Orellana, que añade que la relación extrema con el móvil “puede resultar tan adictiva y perniciosa como el alcohol o las drogas, reclamando cada día su dosis diaria y exigiendo paulatinamente un mayor incremento de la cantidad aplicada”.

Entre sus síntomas se encuentran los pensamientos obsesivos y catastróficos, las taquicardias y la ansiedad, pero también el dolor de cabeza, el dolor de estómago y una sudoración excesiva de las manos. Y, a causa de la nomofobia, se puede caer en un control enfermizo de ciertos seres queridos, la desconexión con el entorno o un sentimiento de autoestima baja, entre otras cosas.

Es por eso que los expertos recomiendan aplicar ciertas pautas de comportamiento saludables como apagar el móvil durante la noche, autoprohibirse el uso en ciertos lugares e ir introduciendo periodos de descanso, incrementando los ratos sin móvil de 5 minutos al día a cada vez más tiempo “hasta que estar sin el móvil localizado no sea una tragedia”.

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