Ramoncín vuelve a demandar a otra web crítica con la SGAE

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“El rey del pollo frito” vuelve a las andadas y tras la demanda hace dos años al blog “A las barricadas” interpone ahora una demanda contra la editorial Ecoprensa con los mismos argumentos: los comentarios contra su persona vertidos por los usuarios en una noticia sobre su “fusilamiento virtual”.

A finales de septiembre nos hacíamos eco de una peculiar iniciativa de protesta que desde la red social Facebook pretendía “fusilar virtualmente a Ramoncín”. El blog EcoDiario publicó una entrada sobre el particular donde los usuarios comentaristas cargaron contra Ramoncín, un emblema en la lucha contra la piratería desde su puesto de directivo de la Sociedad General de Autores Españoles, una de las organizaciones más odiadas del país por su peculiar manera de gestionar la defensa de los derechos de autor y que ha abierto una brecha sin precedentes entre artistas y usuarios.

Gracias al “fusilamiento” Ramoncín contraataca de nuevo en los tribunales reclamando 20.000 euros como resarcimiento, al considerar que “los usuarios de la web han menoscabado su persona con insultos y difamaciones”, destacando que desde el inicio en 2005 de la publicación de la cabecera de “el economista” ha “publicado un sinfín de noticias, comentarios y opiniones, siempre en un tono negativo, sesgado y lesivo para los intereses que representa SGAE” y se pregunta qué “criterio informativo se sigue para dar cobertura y difusión a iniciativas de este tipo”.

En barrapunto se preguntan si Ramoncín quiere cerrar todos los blogs críticos de Internet y si cree que a base de censura podrá conseguir mejorar su imagen y la opinión que la ciudadanía tiene sobre él.

Desde aquí seguimos opinando que la iniciativa de “fusilar” a alguien aunque fuera virtualmente era francamente mejorable y que no hace falta matar a nadie para demostrar que es razonable la desaparición de un canon digital injusto y arbitrario, que la defensa del derecho de autor no puede estar basado en amenazas, denuncias y espionaje en la Red, ni en el enriquecimiento de una sociedad, que por ley debería ser sin ánimo de lucro.

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