“Si desde China pueden bloguear, ¿no encontrarán la forma de ver contenidos?”

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LES. Los usuarios lamentan que la industria no haya sabido ver el cambio de hábitos de consumo que supone internet y piensa ya en mirrors y otros recursos.

Marta casi ni ve la televisión: la única serie que sigue de una cadena televisión estatal, Amar en Tiempos Revueltos, acaba confesando, prefiere, cuando puede, verla en la web oficial de TVE. La calidad es estupenda y gana los comentarios en tiempo real de los seguidores vía Facebook. El resto de las series que ve le llegan vía SeriesYonkis y similares. Esperar a que las televisiones estatales las traigan a España es demasiado tiempo y, además, ya se ha acostumbrado – y le empieza a gustar – a la versión original.

Marta es un ejemplo del nuevo consumidor de contenidos audiovisuales, que más que pirata se explica simplemente porque prefiere internet y su rapidez. “Estaría dispuesta a pagar por un SeriesYonkis legal, sin duda”, dice Marta. “¿Tener las series al mismo tiempo casi que en Estados Unidos y de forma legal? Por supuesto que sí”, pregunta.

“No hay vuelta atrás”, explica María, otra usuaria más combativa. “Que no piensen que es posible eliminar un contenido sin más, que todavía se puede censurar por decreto: sé que habrá gente más lista, que le dará las vueltas”, apunta María. “Si desde China pueden bloguear, ¿no encontrarán la forma de ver contenidos?”.

María  es el mismo tipo de consumidora de los tiempos del 2.0 que Marta. Ella también está dispuesta a pagar por un servicio como el que ahora consume de pago. “El problema es que el Gobierno pretenden atajar el problema de las pérdidas que les supone la evolución a la época digital cargándose lo digital o poniéndolo a precio de formato real”, reconoce. “Qué me digan que las descargas no son buenas: como todo, tendrá su lado negativo”, señala recordando que la industria también puede beneficiarse. “Las televisiones generan contenidos sabiendo que van a tener un doble canal de audiencia. y con todo y lo malo que eso puede ser, también supone que se aumenta la competitividad”.

El problema está, coinciden las dos usuarias, en que la industria no ha sabido ver que más allá de la piratería está el nacimiento de un nuevo modo de consumir contenidos. “El problema es que no aceptan que su modelo de negocio se ha acabado para siempre”, se indigna Marta, que no entiende porqué no hay un Hulu en España o porqué las bases de las páginas legales (“¡yo estoy dispuesta a pagar por ello!”) como Filmin “tienen contenidos tan poco atractivos”.

María ya ha echado cuentas y seguirá viendo las series en “mirrors, webs extranjeras, nuevas webs hasta que se las vayan cargando…” Y posiblemente, si un giro de última hora vuelve a dar al Gobierno el apoyo de los partidos políticos que han desertado en las últimas horas, no será la única que lo haya pensado.

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