“Los suicidios actuales en France Telecom no son los primeros”

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Dominique Deceze, autor de La machine à broyer sobre la situación de los empleados de France Telecom, analiza cómo el día a día laboral empuja a los trabajadores al suicidio.

Tras el suicidio de una de las trabajadoras de France Telecom en París arrojándose al vacío desde la ventana de su oficina y el último intento de otra empleada, que ingirió una alta cantidad de barbitúricos durante la pausa de la comida, la oleada de suicidios en la operadora francesa se ha convertido en un escándalo nacional al otro lado de los Pirineos y en una historia que sorprende e impresiona en todo el globo.
¿Tan desesperadas son las condiciones de trabajo de los empleados de la multinacional para que perder la vida se vea como la única solución posible? Ante las dudas, una de las mejores voces a las que se puede recurrir es Dominique Decèze, autor de La machine à broyer.
Decèze analizó el impacto que la privatización de la compañía había tenido en la salud de sus trabajadores, tras darse cuenta de las altas cuotas de empleados enfermos  o de baja de la teleco. Ahora, algunos años más tarde, su voz y sus conocimientos de primera mano pueden esclarecer cuál es la situación de los operadores de France Telecom.
Los medios recogen a día de hoy la oleada de suicidios en France Telecom, pero ¿existen más problemas que esta oleada de suicidios?
Los suicidios en France Telecom son la parte más visible del sufrimiento de los asalariados. Otros indicadores muestran este sufrimiento en el trabajo: absentismo, bajas médicas, turn over, dimisiones, huelgas esporádicas…
– ¿Se registraban suicidios en años precedentes o ésta no es más que la última medida desesperada?
Desgraciadamente, los suicidios actuales no son los primeros. Ya en la primera edición de mi libro, en 2004, hablaba de suicidios de trabajadores, seis para ser exactos, en un año. De media, desde la privatización de la compañía, hay una decena de suicidios por año, de los que el trabajo es responsable. Es un hecho reconocido por la dirección de France Telecom. 


– Usted conoce muy bien el universo France Telecom. ¿Cree posible que se esté produciendo un efecto contagio entre los empleados? (Ésta es, por otra parte, la última teoría recogida esta mañana por la prensa gala)
No creo, en general, que un suicidio lleve consigo otro suicidio. En France Telecom, la gente que se suicida viene de regiones diferentes, de servicios diferentes, son cuadros o empleados. El único punto en común, fuera de sus condiciones de trabajo, es su edad y su antigüedad en la empresa. En general, tienen más de cincuenta años y trabajan desde hace más de 20 para France Telecom.
¿Es la situación de los empleados de France Telecom tan diferente de la de otros antiguos monopolios estatales? Nunca se ha escuchado hablar de suicidios en Telefónica, por ejemplo…
Tiene razón. La situación de los trabajadores de France Telecom es muy preocupante. En otras grandes empresas  privatizadas en Francia el número de suicidios es mucho más débil: existe un problema particular en France Telecom.
– ¿Cuáles son, en su opinión, las razones de este serie de suicidios? ¿Qué es lo que hace que la situación  en France Telecom sea tan poco deseable por sus empleados?
El suicidio es la fase última de la violencia en el trabajo, cuando volvemos esta violencia contra uno mismo. Las razones son conocidas: reorganizaciones incesantes, movilidad geográfica, actividades más estresantes, cambio de tareas sin nueva formación, ausencia de reconocimiento por parte de la jerarquía, ausencia de equipos de trabajo sólidos por la competencia entre trabajadores. Estas condiciones de trabajo son conocidas por ser peligrosas para la salud de los trabajadores.
Finalmente, ¿por qué entonces los empleados deciden acabar con su vida en lugar de dejar la compañía?
Es difícil para un trabajador dejar una compañía una vez que ha trabajado veinte años o más, que ha comprado una casa en las inmediaciones, que su marido o su mujer trabaja al lado, que su vida se ha organizado en torno a su trabajo. A los cincuenta años, es difícil encontrar un nuevo trabajo, de rehacer, de reconstruir su vida. Pero además hay, en mi opinión, una pérdida de reconocimiento de lo que ha hecho por la compañía durante esos años: Es desesperante verse arrojado como un kleenex o tratado como un perro enfermo de rabia.
La machine à broyer ha sido editado por Jean-Claude Gawsewitch Éditeur (más información sobre el libro). La última hora sobre los suicidios en la compañía, en la crónica.

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