The Inquirer: tecnología, realidad y fricción

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Con más de 451.511 horas de programación y preparación, 2.411 programadores y diseñadores, 600.245 probadores de la versión beta, 1.620.659 cocktails y copas de garrafón, unos 9 millones de tazas de café, varias chuletadas y 235.111 latas de mejillones en escabeche invertidas en el proyecto, The Inquirer podría haber llegado a convertirse en el equivalente

Con más de 451.511 horas de programación y preparación, 2.411 programadores y diseñadores, 600.245 probadores de la versión beta, 1.620.659 cocktails y copas de garrafón, unos 9 millones de tazas de café, varias chuletadas y 235.111 latas de mejillones en escabeche invertidas en el proyecto, The Inquirer podría haber llegado a convertirse en el equivalente de Windows Vista en el mundo de la información tecnológica. Es decir, salir tarde, mal o nunca. Por fortuna, nuestros compañeros del metal en The Inquirer no han invertido todo eso, sino que han aplicado el ingenio y se han limitado a los cocktails de keroseno y las chuletadas para lanzar una estupenda versión hispana de la famosa página Web de tecnología británica, todo con el barniz carpetovetónico adecuado para que corra el aire, que aquí eso de la disciplina inglesa no se lleva no como en mi casa.

Es por esto que, con gran alegría y alboroto, les doy la bienvenida y os exhorto, oh excelsos, sibaritas e indocumentados lectores de Gizmodo, a que los que estéis interesados en la tecnología más hardcore os paséis por The Inquirer ya mismo. Os aseguro que no os arrepentiréis, que a estos les conozco yo y son colegas de los buenos. De verdad.

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