“Todo indica a que el 35mm desaparecerá”

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Las nuevas tecnologías han cambiado el cine: no sólo como se graba sino también como se disfruta. Roberto Rello, jefe de las cabinas de proyección de Kinépolis en Madrid, explica como las nuevas tecnologías han cambiado el cine. Vídeo

Kinépolis es una de las mayores empresas que se dedica a la proyección de cine. Con salas repartidas por toda Europa, recibe aproximadamente 26 millones de visitantes. El emplazamiento que ha elegido Kinépolis en Madrid es acorde a sus características. Sus 25 salas y múltiples formas de ocio están pensadas para el disfrute personal. Pero el cine, como todo, ha cambiado necesariamente según las nuevas tecnologías han ido adentrándose en el panorama cinematográfico.

Aún quedan películas grabadas en 35mm, un formato que está siendo desbancado por el digital y el 3D, señas de identidad del cine actual. Las cámaras de Silicon News se han adentrado en las mismísimas entrañas de Kinépolis para averiguar cuál es el proceso que permite proyectar una película y qué cambios ha sufrido el sector con la inclusión del digital.

Actualmente son tres los formatos que conviven y es que aún hay productoras que distribuyen las películas en 35mm. “Parece que el 35 milímetros es el pasado y presente y el digital es presente y sobre todo futuro, todo indica que 35 desaparecerá”, asegura Roberto Rello, jefe de las cabinas de proyección.

Una película de 35 milímetros viene dividida en distintos rollos o bobinas y el operador enlaza los distintos rollos que va empalmando hasta configurar la película completa. Después se mete en bobinas de tres rollos de capacidad y luego se lleva a unos montajes circulares donde ya se queda hecha la “torta” de película entera. De ahí se lleva a la sala donde se vaya a proyectar.

El digital por su parte elimina el proceso del montaje. “Ahora nos llega en un soporte físico, puede ser un disco duro que se inserta en un servidor y se descarga el contenido”, dice Rello. También trabajan con el satélite, el contenido llega a través del mismo, se descarga en un servidor y de ahí se distribuye a cada una de las salas.

La sala 25 es la estrella de Kinépolis. Con una capacidad de más de 1.000 personas, se utiliza para diversos actos y la proyección de películas en todo tipo de formato. “Tuvimos un llenazo con la proyección de Cisne  Negro la semana pasada”, asegura Rello.

Con respecto a la seguridad de los contenidos, Rello explica que es prácticamente imposible encontrar un vacío para acceder de forma ilegal a los mismos. “El contenido está encriptado y las distribuidoras nos mandan con cada película una clave con una caducidad. Fuera de ese tiempo anterior o posterior no podríamos”, asegura.

A pesar de que todavía pueden verse los dos tipos de proyectores, todo indica a que pronto el de 35mm quedará “para los más románticos”. La calidad del digital es mayor y no disminuye en la medida que se proyecta una y otra vez.

El cine se ha automatizado y digitalizado. En los anchos pasillos que atraviesan el edificio ya no se amontonan los rollos y las bobinas, aunque aún quede alguna pista de lo que fue el cine más tradicional, que muchos se niegan a abandonar.

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