Las tribulaciones de un canadiense en Nokia

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Stephen Elop tiene una difícil misión: salvar a la que nació siendo una fábrica de papel de las dificultades de ser una empresa de telefonía que ha perdido el tren de lo cool.

A principios del siglo XX, mientras el comienzo de siglo se lanzaba a nuevas y más arriesgadas composiciones musicales, Francisco Tárrega continuaba componiendo música a la moda de la segunda mitad del  siglo XIX, con música romántica y que quería ser exótica. Tárrega es cien años después el compositor de la sintonía más escuchada del mundo.

El Nokia Tune no es más que unas cuantas notas de uno de sus vals, que Nokia deja descargar gentilmente en su página corporativa. A Tárrega la fama global y masiva le llegó tarde y anónima. Y su final diluido en la cultura de masas podría servir de lección a la casa que le encumbró a los bolsillos de medio mundo y en una de las tonadillas más fácilmente reconocidas del planeta. Sólo en YouTube 1.350 vídeos versionean, reproducen o enseñan a tocar el Nokia Tune; las versiones remix florecen como si fuese primavera.

Nokia debe luchar para no acabar convertida en la versión tech de la suerte de su logo musical: que su imagen se diluya en un mar de móviles baratos con el camino de lo rentable comido por las grandes del mercado de la telefonía inteligente.

Tanto The New York Times como la agencia Reuters han saludado la primera semana en el trabajo de Stephen Elop, el nuevo – gris – CEO de Nokia tras la salida de Olli Pekka Kallasvuo, con dos amplios y duros perfiles de la compañía. Los analistas tienen claro a lo que se enfrenta Elop y, para muestra, la más gráfica: Nokia es un pobre teléfono cuyas piernas se han enredado en las cuerdas de RIM, Apple, Samsung y LG, que se marchan felices como los chicos cool que son… mientras Nokia se cae como el poco popular de la clase en que ha convertido.

Las diferentes fuentes que han consultado el diario neoyorkino y la agencia de noticias sueltan terribles perlas sobre la empresa. Ante una idea que nadie estaba testando todavía: “los jefes hicieron lo usual. La asesinaron”. La gestión de la casa tiene trazas de burocracia soviética. “Víctima de su propio éxito”, apunta otra.

Nokia es una historia de éxito finlandesa y una de las cosas de las que más orgulloso está el país. Quitar el éxito de Nokia a Finlandia, sería como negar aquí todo lo que ha hecho Zara. Nokia es además el 1,6% del PIB de Finlandia.  Nokia es el epicentro de las TIC finlandesa, un tejido empresarial de 6.000 compañías de las que 300 trabajan para la firma (datos del ICEX). 

Cuando Nokia nació en el siglo XIX, Finlandia ni siquiera era todavía un país independiente. Formaba parte del vasto Imperio de Rusia: era 1865 y el país escandinavo estaba al borde de la gran hambruna que acabó con el 15% de su población. Fredrik Idestam, un ingeniero, montó una fábrica para fabricar papel y fundó con ello Nokia. A la fábrica de papel se fueron uniendo diferentes nichos de mercado de lo más variopintos, tanto que hoy en día Nokia es una empresa de teléfonos. O como ella se define: de conectividad móvil.

En los 90, Nokia se convirtió en la reina del mercado de la telefonía móvil, pero ahora se encuentra en un via crucis de pérdida de valor bursátil, perdida de mercado en los países desarrollados y pérdida de rumbo, al fin y al cabo, que desilusiona a los analistas, preocupa a los finlandeses y recae en los hombros del recién llegado Stephen Elop. Un directivo que, como destaca Reuters, tenía tan poca proyección que no contaba con entrada en la Wikipedia… hasta que Nokia hizo público su nombre. Su carrera, muy ligada al software. El canadiense fue CIO de la cadena de restaurantes Boston Chicken, luego estuvo en Macromedia,  después en Juniper Networks y más tarde en Microsoft, su puesto de relumbrón antes de aterrizar en Nokia, aunque tampoco se sabía mucho de él como trabajador del gigante del software. Sobre él, Steve Ballmer ha asegurado que fue un líder sólido en tiempos de crisis. Reuters lo recupera y es la única cita célebre que puede añadirse sobre Elop.

Los retos que tendrá que afrontar son variados, pero se ejemplifican en uno. Nokia es una marca del montón en Estados Unidos, mercado que no ha conseguido seducir porque no tiene una apuesta interesante en telefonía inteligente y no ha conseguido desarrollar nada lo suficimiente cool como para seducir a las hordas de clientes que caen en brazos de los bonitos iPhone. Tiene que conquistar un mercado para el que sin duda tiene que jugar la baza de la americanización… aunque, como explica un analista, no puede perder su sello europeo que le funciona mejor en el Viejo Continente (o le funcionó en sus tiempos) y en los países emergentes.

Nokia ha mutado varias veces de piel y ha sabido sobrevivir a la Revolución Rusa, a las dos Guerra Mundiales, a la ocupación de Finlandia y a la Guerra Fría en un país neutral con fronteras con los dos bandos. Se ha convertido en lo más identificable de su país, lo primero en lo que cualquiera piensa al hablar de Finlandia junto con algunos tópicos sobre Santa Claus, las saunas y el Estado del Bienestar. La jugada podría salirle bien con su primer presidente no finés de su historia aunque torres más altas han caído. ¿Hará Nokia el necesario borrón y cuenta nueva? Las cosas, ahora mismo, no pintan bonitas para Stephen Elop. Al menos, según cuentan las crónicas, desde su despacho de Helsinki las vistas son especialmente bonitas.

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