Un año con Watson: Del atril de Jeopardy! a las salas de hospital

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La máquina que consiguió derrotar a sus contrincantes humanos en un concurso de televisión se ha reciclado y ya sueña con tratar el cáncer.

Tres rondas, tres contendientes y un millón de dólares como premio. Podrían ser los ingredientes de multitud de concursos de televisión o incluso de algún que otro juego de azar, pero ¿de cuál en concreto? Del especial de Jeopardy! que enfrentó hace ahora un año al supercomputador Watson con los campeones más destacados de este programa estadounidense de “respuestas y preguntas”: Ken Jennings, ganador de 74 ediciones consecutivas, y Brad Rutter, que llegó a amasar tres millones de dólares durante su participación en el show presentado por Alex Trebek.

A pesar de sus conocimientos, ambos fueron machacados por Watson. En la segunda vuelta, por ejemplo, la máquina ya había acumulado 77.147 dólares frente a los 24.000 y 21.600 de sus rivales mortales. Y es que el invento de IBM había sido entrenado durante cuatro largos año con el propósito de entender el lenguaje natural. Para ello utiliza una implementación del sistema de inteligencia artificial DeepQA y toda una batería de complejos algoritmos enfocados a diferenciar la información relevante de la superficial, a interpretar el contexto de cada conversación y a analizar sutilezas semánticas como la ironía o los dobles sentidos. Eso sin nombrar las estrategias de combate y la estimación de la fiabilidad de su razonamiento.

En vez de recurrir a reglas gramaticales para reunir todas las respuestas posibles a una pregunta, el truco se basa en crear inferencias a partir de hipótesis. Éstas, a su vez, se basan en la recolección de evidencias, en el análisis de las pistas obtenidas y en la aplicación de probabilidades matemáticas. Algo similar a lo que hace la mente humana. Si el método falla, se toma como lección, buscando los patrones erróneos que han conducido a la equivocación y eliminándolos de situaciones futuras.

Yendo a la parte más técnica, el cerebro de Watson corre la distro SUSE Linux Enterprise Server 11 sobre un esqueleto de 90 servidores modelo Power 750 conectados entre sí. Cada servidor contiene 4 procesadores eight-core a 3,55 GHz, lo que en total equivale a 2.880 núcleos de procesamiento y una velocidad de 80 teraflops. Tampoco anda mal de memoria. Su RAM alcanza los 16 terabytes,  almacena más de 200 millones de páginas de información en un disco de 4 terabytes y es capaz de manejar 500 GB por segundo. Entre los datos aprehendidos se encuentran la versión completa de la Enciclopedia Británica, la Biblia y la base de datos de todas las películas rodadas hasta la fecha, con su plantel de actores, directores, guionistas y demás equipo.

Vendedor, juez y abogado

Con estas especificaciones no es de extrañar que el ordenador fuese el más rápido en pedir turno y descifrar el significado real de frases formulada de forma coloquial. O que Watson quiera más. Desde IBM ya han explicado que su genialidad será aplicada en el campo de la atención al cliente para mejorar los asistentes virtuales actuales y dar un trato personalizado a cada persona. Esto también implica resolver dudas en call centers y “vender la moto” en servicios asociados como el marketing telefónico.

Otro camino que se pretende explorar es el de la asesoría legal, donde el ordenador se encargaría de encauzar las investigaciones, analizando casos concretos, verificando datos y recomendando a los abogados el protocolo a seguir. Hay quien incluso aventura que en el futuro podría sustituir a los fiscales en su sillas y a los propios jueces en el estrado.

En este sentido, un área que se ha empezado a explorar es la de los diagnósticos médicos. El Gigante Azul ha firmado acuerdos con el especialista en soluciones de reconocimiento de voz Nuance Communications para llevar las capacidades analíticas de Watson a las salas de hospital y con la aseguradora WellPoint, que ya ha puesto en marcha un programa piloto de tratamiento contra el cáncer. La idea no es que el vencedor de Jeopardy! se convierta en doctor per se, sino que ayude a recordar el historial de multitud de pacientes, a interpretar sus síntomas y, en última instancia, a prescribir un tratamiento lo más eficaz posible. En todos los casos se ve obligado a mostrar una lista de sugerencias citando sus fuentes de información y ordenándolas en base a las probabilidades de acierto, para que los expertos puedan incluir en sus cábalas hasta los resultados minoritarios. Incluso la Universidad de Columbia están estudiando formas en las que Watson podría mejorar la calidad de vida de los enfermos.

Y esto sólo es el principio. Los padres de la criatura sueñan con ser abuelos y ver mini-Watsons “corretear” por los hogares de medio mundo, encargándose de todo tipo de tareas cotidianas y liberando de sus cargas a los humanos. Pero también se le encuentran utilidades a la hora de apuntalar la industria financiera en materia de gestión de informes y para reforzar la calidad de los servicios de seguridad estatales en cuanto a prevención del fraude y del terrorismo.

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