Desmontando el mito de la piratería: no mata la industria cultural

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Un estudio sostiene que la piratería y las formas alternativas y gratuitas de consumo de contenidos online no han afectado a las industrias creativas.

No hay tregua en la guerra que lidian los propietarios de derechos de autor (a saber la editorial, la musical y la cinematográfica) y los defensores de la libre circulación de contenidos online.

Un nuevo estudio avalado por una Universidad londinense acaba de echar más leña al fuego. Sostiene que la piratería y las formas alternativas y gratuitas de consumo de contenidos online no han afectado a las industrias creativas.

La industria musical generó en 2012 un volumen de negocio de 60.000 millones de dólares. Los ingresos provenientes de conciertos y derechos de publicar han superado a los ingresos derivados de las ventas de CDs y vinilos.

Los ingresos llegados desde la música online fueron mayores que los ingresos combinados de ventas de CD y vinilos en el Reino Unido, ejemplifica el documento.

El 34% de las ganancias globales fueron generadas por canales digitales (incluidos los de streaming y descargas). Esta cifra supone un 27% más de lo generado en 2011. Lejos de dañar la industria más tradicional, las ventas de música en formatos clásicos crecieron por primera vez desde 1999.

 

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“Los nuevos modelos de negocio como los basados en streaming y suscripciones son sectores en alza”, defiende el estudio. “Están aportando más beneficios a la industria”. Sugiere además que si la industria musical se hubiera adaptado al ecosistema digital antes, hubieran visto acelerar sus negocios.

Desmontando a Hollywood

El informe revisa otras áreas de negocio, como el del cine. La industria cinematográfica estadounidense, reza el análisis, está rompiendo récords en cifras.

En 2012, los ingresos mundiales de taquilla ascendieron a los 25.700 millones de euros, un 6% más que lo registrado en 2011.

El informe explica que los halcones de las industrias creativas apoyan sus teorías en estudios que ellos mismos financian. Los oponentes no tienen acceso a la metodología de estos estudios.

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