Un Internet sin contenido local, ‘ni chicha ni limonada’

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Grandes representantes de Internet están de acuerdo en que hay que conectar a los 4.000 millones personas que todavía carecen de acceso pero, ¿qué es más importante: el contenido o la infraestructura?

Decir que el mundo online ha evolucionado de forma grandiosa desde que Tim Berners-Lee y compañía pusieron los cimientos de la Web allá por el año 1989 es una obviedad. Pero pensar que esa evolución es suficiente, o que se ha desarrollado de manera equilibrada poniendo como referencia la transición propia, es un error de los gordos. De los 7.200 millones aproximados de personas que habitan la Tierra en estos momentos, ni siquiera la mitad tiene acceso a Internet. De hecho, se calcula que el porcentaje de desamparados tecnológicos sigue siendo del 55%. Unos 4.000 millones de seres humanos, que se dice pronto, carecen de conexión. Y los habrá que ni siquiera sepan qué es eso de las páginas web, el correo electrónico, las redes sociales, los servicios de almacenamiento cloud y demás inventos semimodernos.

Pero eso no quiere decir que no los necesiten. O que no puedan resultarles prácticos para sus vidas diarias en sus lugares de origen, en cualquier momento. La Fundación Mozilla está convencida de su utilidad y se ha propuesto descargar la magia de Internet sobre el tropel de usuarios que todavía está por llegar. Sobre aquellos que tendrían que encontrarse ya entre nosotros, por una mera cuestión de justicia, pero que necesitan un buen empujón en forma de redes desplegadas, ondas emitidas, ofertas asequibles, capacidades móviles y material interesante de consultar para unirse a la comunidad online. O, como la propia Fundación dice, por fin ha llegado la hora de “desbloquear la promesa de la Web para la próxima ola de usuarios”.

La frase os sonará, porque otros gigantes de Internet como Google o Facebook han hecho declaraciones de intenciones muy similares antes. Y han ido más allá. Ambas han aparcado los discursos y se han puesto manos a la obra para aumentar, de forma consciente, el número de internautas que existe alrededor del mundo. Por ejemplo, Google ha desarrollado los globos Loon que se desplazan mediante la acción de los vientos estratosféricos el doble de alto que los aviones comerciales y que el próximo año deberían despojarse de la coletilla “en pruebas” para dar servicio real, a pesar de lo inaccesible de ciertas áreas y de las condiciones meteorológicas adversas. Facebook, mientras tanto, ha buscado institucionalizar su sueño a través de Internet.org.

Esta organización también se ha embarcado en la búsqueda de infraestructuras novedosas que consigan llevar la Red de redes a todas partes, por difícil que parezca y por mucho que no se haya hecho hasta ahora. Sus responsables se han pasado los últimos meses experimentando con satélites, drones y láseres para emitir señales desde el cielo que sean capaces de dar vida a zonas que han quedado desatendidas. O, en caso de resultar más idóneo, aplicando redes en malla, comunicación óptica y aviones alimentados por energía solar. Y es que, partiendo del hecho de que cada comunidad humana es singular, cada una de ellas demandaría también soluciones especiales que se adapten a sus características.

‘Chicha’ en el contenido

Lo interesante de la propuesta de Mozilla es que, por una vez, no va orientada tanto al tipo de infraestructura técnica que hay que desplegar para hacer del Internet global una realidad, como a lo que ocurrirá después. En su caso lo que prima es el contenido. Y las preguntas que se hace Mozilla son muy legítimas. “¿Qué tipo de Web necesitamos construir para desbloquear las oportunidades sociales y económicas para la gente en los mercados emergentes?”, comienza. “Incluso si resolvemos cuestiones clave como el acceso, la asequibilidad y la eficiencia, ¿qué será lo que se encontrará la próxima ola de usuarios cuando se conecte?”, continúa. “¿Será la Web un lugar en el que puedan acceder y crear contenido que tenga un impacto significativo en sus vidas?”.

Hay que facilitar el acceso, sí, pero hay que facilitarlo hacia algo que sirva de veras para enriquecer la experiencia vital de los individuos. Desde Mozilla recuerdan que, para empezar, la mayor parte de los contenidos que se han subido a la Web con el paso de los años está en inglés porque “la mayoría de los usuarios y creadores de contenido ha estado localizada en un número relativamente pequeño de países” y el peso de Occidente es alargado. Y eso que se estima que el inglés es la lengua materna de apenas un 5% de la población mundial, algo que contrasta con la poca representación online de otros idiomas como el árabe o el hindi, por poner dos ejemplos.

Si los futuros internautas no pueden leerlo, ¿para qué interesarse por el material al que le están dando acceso? Y si pueden leerlo pero no les resulta práctico o entretenido, ¿para qué prestarle atención? Lo lógico es pensar que si no se ataca a la raíz, generando interés por las peculiaridades de cada cultura, las mejoras conquistadas a nivel técnico caerán en saco roto, porque los 4.000 millones de usuarios pretendidos no tendrán una razón de peso para engancharse a esa tecnología. Una solución sería darles las herramientas para que ellos mismos se constituyan en creadores de contenido. En este sentido, Mozilla ha puesto en marcha su propio sistema de creación, Mozilla Webmaker, que respeta la filosofía open y funciona en el móvil. La idea es que cualquier persona pueda subir información desde su smartphone, adoptando el doble rol de autor y consumidor. ¿La condición? Que sea “útil,rentable, o simplementedivertido”.

Aquí entra el tema de la alfabetización. La gente que no ha crecido a la par que Internet no sabrá cómo enfrentarse a su red de texos, imágenes y vídeos, pero se le puede enseñar a moverse por ella y también se le puede entregar un conjunto de herramientas básicas para que, mientras aprende, vaya marcando su propio camino. Lo bueno es que la movilidad infinita hacia la que está evolucionando el mundo lo vuelve propicio. Desde el punto de vista de las empresas de telecomunicaciones también habría beneficios, como es obvio, ya que las posibilidades de monetización aumentan “a través de una amplia gama de áreas, como la salud, la educación y el comercio electrónico, a medida que se conectan quienes están desatendidos en esos sectores en la actualidad”, razona Mozilla.

‘Limonada’ para las operadoras

Otra cuestión a valorar es que Mozilla no está sola en su pretensión de aumentar los contenidos que pululan por la Web y ajustarlos a los intereses individuales, e incluso geográficos, de los usuarios. Al igual que Internet.org trasciende los muros de la oficina de Facebook para acoger en su seno a empresas como Ericsson, MediaTek, Nokia, Opera, Qualcomm o Samsung, este último proyecto cuenta con el beneplácito de la GSMA. Es más, dicha asociación mundial forma parte del proyecto a partes iguales con los creadores de Firefox. Y, por tanto, encarna el apoyo directo de las operadoras. Uno de los puntos débiles de otras tentativas es que necesitan cerrar acuerdos con los proveedores de servicios, ajustar precios y ofrecer dispositivos para marcar la diferencia. La de Mozilla y la GSMA ya cubre ese pedacito de realidad.

No en vano, la GSMA representa a cientos de operadoras, a unas 800 para ser más concretos. Y tiene pegada en unos 220 países. Lejos de augurar tiempos inmanejables para ellas, esta alianza les concede a las operadoras un lugar prioritario y una ocasión para salvarse. Ante la desaceleración de sus ingresos por la popularización de tecnologías de mensajería que hacen casi innecesarias las llamadas de voz tradicionales, o los SMS, las empresas que se dedican a ofertar servicios de telefonía e Internet pueden sumar nuevos suscriptores. Más de los que tienen ahora mismo. Es una estrategia en la que todos ganarían, siempre y cuando se respete la libertad de los usuarios, se les otorgue el papel protagonista y se arrastre a la causa a desarrolladores, educadores, ONGs y, por qué no, Gobiernos y fabricantes. Por lo pronto Mozilla ya puede entregar móviles baratos, aquellos que funcionan con Firefox OS.

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