Windows, diez versiones después (II)

Windows 8 marca el inicio de una era completamente nueva para Microsoft, la de los dispositivos móviles y la experiencia táctil. ¿Cómo ha evolucionado este sistema a lo largo de los años?

Windows nació en 1985 como entorno gráfico dependiente de DOS y con los años ha conseguido convertirse en el sistemas operativo de escritorio más popular de la historia de la computación. Windows 1.01 fue la versión que más tiempo siguió recibiendo soporte (desde 1986 hasta 2001), Windows 2.0 alimentó rencillas con otros competidores de la industria (léase Apple) y Windows 3.0 fue una versión temprana con notable éxito (y la más completa de su generación). Después llegaron aires de cambio con Windows 95 y Windows 98, tal y como vimos en la primera parte de este reportaje, pasándose de los 16 bits originales a los 32-bit y fomentando la integración con Internet. La colección de imágenes que les sigue permanece viva en la retina de los usuarios actuales, pero también merece su pequeño recordatorio.

La independencia

Corría el año 2000 cuando Microsoft decide actualizar de nuevo su sistema operativo. En febrero lanza Windows 2000 para servidores y estaciones de trabajo, primero de sus softwares en desembarazarse de la programación DOS y último integrante puro de la familia NT, y en septiembre anuncia Windows ME, cuyas siglas corresponden a Millennium Edition. Por su fecha de estreno suelen ser confundidos, y de hecho comparten elementos. Aunque Windows 2000 es ensalzado por introducir el Active Directory, un servicio para redes distribuidas que permitía a los administradores almacenar información de forma jerárquica, instalar programas en distintas computadoras, establecer políticas empresariales conjuntas y aplicar actualizaciones críticas, entre otras novedades. Generó protocolos como DNS, DHCP, LDAP y Kerberos y, sobre todo, admitía el uso de dispositivos Plug & Play.

¿Y Windows ME? Se caracterizaba por ocultar la posibilidad de arranque en modo DOS, además de añadir la opción de restaurar el sistema para devolverlo a un estado anterior, si así lo deseaba el usuario. Eso en cuanto a la lista de principales variaciones. En el extremo negativo, sus continuos problemas le valieron el título de sistema Windows más desastroso de todos los tiempos y provocaron multitud de abandonos hacia otras numeraciones. No en vano, se trataba de un proyecto que nació con vocación de relleno para acortar la espera por la próxima gran versión del software de Microsoft, hecho que explica su estabilidad dudosa, y que había sido preparado solamente para máquinas de 32 bits, haciendo prácticamente inviable su uso en equipos antiguos.

La explosión

Esa próxima gran versión era nada más y nada menos que Windows XP. Desvelada en el año 2001, su nombre procede de la palabra “experience” (experiencia) y el reconocimiento de sus bondades se extendió como la pólvora hasta batir el récord de sistema más vendido en su momento. Todavía hoy sigue siendo uno de los software para ordenador más populares entre consumidores de todo el mundo, muy a pesar de Microsoft, con más de un 40% de cuota de mercado. Y no ha sido hasta este verano que versiones posteriores han logrado superar por fin sus números. Buena parte de su fama se debe al hecho de que satisfacía tanto las necesidades familiares como las profesional, al transportar por primera vez el núcleo de Windows NT hasta el hogar. Llegaba disponible en diversos factores de forma, como equipos de escritorio, portátiles, netbooks, tablets y centros multimedia.

Entre otras características introdujo una renovación gráfica denominada Luna más agradable que las implementadas por sus predecesores, capacidad para prevenir cambios accidentales y accesos rápidos los contenidos multimedia inclusive, facilitaba la actividad multitarea y soportaba las acciones multiusuario, agregaba la posibilidad de iniciar sesión de forma remota para acceder a los archivos del ordenador, era compatible con la mayoría de los módems existentes en la época y estrenó la tecnología ClearType con la que se mejoraba la legibilidad del texto sobre pantallas LCD y diseños similares. Todos ellos cambios apreciados por los usuarios.

El fracaso

Otra razón que motivó la casi inmortalidad de Windows XP fue el lanzamiento de Windows Vista en 2006 (para empresas) y 2007 (para usuarios comunes). Esta versión de la plataforma de Microsoft presentaba una fuerte revisión estilística con la interfaz Aero que, aparte de otras cosas, proponía ventanas transparentes, vistas preliminares de las ventanas abiertas y efectos tridimensionales en las mismas. Su nombre responde al acrónimo Authentic, Energetic, Reflective and Open, esto es, “auténtico, energético, reflexivo y abierto”. Pero no convenció a muchos. Sus adelantos, como el control de las cuentas de usuario, se vieron eclipsados por la necesidad de poseer una computadora potente para que Vista rindiese al 100% y el gasto de los recursos del sistema. O, dicho de otro modo, por su lentitud generalizada.

La propia puesta de largo de esta versión tampoco había salido según lo planeado. Aunque el equipo de Microsoft confiaba en tener Windows Vista listo para su distribución en la Navidad de 2006, la fiesta de bienvenida se retrasó varias veces. Primero para producir controladores compatibles con el nuevo sistema y, a continuación, por problemas en el proceso de desarrollo de la beta y ciertas trabas con las autoridades anti-monopolio de Europa y Asia. El resultado fue una espera de más de cinco años que convierten el salto de XP a Vista en la transición más larga entre dos versiones consecutivas de Windows. Su campaña de lanzamiento fue asimismo una de las más costosas que se recuerdan en Redmond, porque asumió los estrenos paralelos de Office 2007 y Exchange Server 2007.

El futuro

Así las cosas, Windows 7 llegó en 2009 para recuperar la confianza de los clientes. Y lo consiguió, ya que ostenta el título de sistema operativo más velozmente vendido de la historia. Su máxima era aportar una imagen de simplicidad, además de aligerar la parte de hardware. Para ello copió la interfaz Ribbon de los últimos programas de Office, de modo que ya no apostaba por las jerarquías en forma de menús, barras de herramientas y paneles de tareas, sino en la plasmación de todas las funciones necesarias para el usuario en un mismo lugar: la cinta superior. Eliminó la barra lateral de Windows, favoreció el anclaje de aplicaciones y mejoró el desempeño táctil. Pero también metió a Microsoft en algún que otro lío, al desaparecer la pantalla de libre elección de navegadores con la actualización Service Pack 1 desde principios de 2011 hasta este mismo año.

Ahora Windows 7 ya cuenta con su propio sustituto, Windows 8, una revisión del famoso sistema operativo que apuesta claramente por la movilidad y que se comercializa, incluso, incorporado dentro de tabletas con arquitectura de procesador de ARM Holdings. Por no hablar de la revolución que supone su diseño en forma de “Live Tiles” y una vistosa colección de aplicaciones. ¿Será la nueva propuesta de Microsoft capaz de repetir éxitos? ¿O será una apuesta demasiado radical? Lo veremos, pero mientras os dejamos con una galería fotográfica que muestra la evolución sufrida por Windows en lo que llevamos de siglo XXI.

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Fotografías con licencia CC de Wikimedia Commons.