A fondo. Privacidad en redes sociales: ¿posibilidad o quimera?

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¿Es posible estar en redes sociales y mantener nuestra privacidad? Analizamos la seguridad de nuestros datos en las redes sociales tras escándalos como el de Facebook.

Saben lo que compramos, a dónde viajamos, qué presupuesto destinamos al ocio, si tenemos pareja, hijos, qué leemos, qué nos da miedo, qué nos hace felices y, cómo no, quiénes son nuestros amigos.

Las redes sociales se han convertido en un foro en el que interactuamos diariamente casi 3.500 millones de usuarios en todo el mundo, según el estudio Digital in 2019 elaborado por We are Social y Hootsuite.

Una especie de “patio de vecinos” global en el que exponemos nuestro día a día, sin ser muchas veces conscientes de qué vecinos conviven en la red con nosotros ni de cómo el propietario de ese patio de vecinos va a utilizar todo lo que allí estamos contando.

“El concepto de ‘privacidad’ nace precisamente en Sociedad, porque significa “privar” algo de la vista o del conocimiento de los demás. La Historia de la Civilización es la Historia de la conquista de espacios de privacidad. Pero ahora volvemos a estar casi como al principio: desnudos a la vista de todos; de nuestros vecinos y de los poderes”, apunta Borja Adsuara, abogado experto en derecho digital.

Y es que, ya, en el mismo inicio de nuestra relación con esta galaxia social, al darnos de alta o inscribirnos en una de estas redes, por ejemplo, Facebook, como mínimo, le daremos un correo electrónico, un nombre, el sexo del dueño del perfil y una fotografía.

Y no, que no se relajen aquellos que lo hacen con un nombre falso… Es bastante probable que o bien usted mismo o cualquiera de sus amigos hayan escrito en una publicación su nombre real… y fin del anonimato.

Con tan solo registrarnos en Facebook, ésta ya comienza a registrar toda nuestra actividad.

Qué publicamos, a qué horas, desde dónde, a qué le damos like…. Eso sin contar las aplicaciones o juegos con los que, dentro de la red social, nos “entretenemos”.

Por ejemplo, averiguando qué aspecto tendremos cuando seamos ancianos como fue el caso de FaceApp, la aplicación que hizo furor hace apenas un mes y a la que subieron imágenes de sus rostros desde cantantes a actores, políticos o modelos famosos de todo el mundo.

Tal vez fue ese salto a la fama la que hizo que también saltaran todas las alarmas respecto a esta aplicación y los rumores de falta de privacidad de la misma. Alarmistas o no, reales o no, lo cierto es que las noticias sobre cómo al “envejecer” en FaceApp estabas regalando tus imágenes y datos personales al gobierno ruso no parecieron asustar a nadie y siguieron siendo miles los que diariamente se lanzaban al futuro para descubrir con ella qué aspecto tendrían cuando fueran ancianos.

¿Somos conscientes de qué ocurre con nuestra información cuando utilizamos las redes sociales y, aún así, no nos importa con tal de seguir conectados? Ese tal vez fue el mejor interrogante que lanzó la controvertida FaceApp.

Multa a Facebook en pro de la privacidad

Otro escándalo sacudía también hace poco las conciencias (al menos, algunas) de los usuarios de todo el mundo. En este caso, con sentencia final incluida.

El protagonista no fue otro que Facebook, la red social de Mark Zuckerberg que ya cuenta con más de 2.300 millones de usuarios.

La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC, en sus siglas en inglés) aprobada sancionar a la red social con 5.000 millones de dólares (4.436 millones de euros) por haber violado las reglas de privacidad de sus usuarios en el caso Cambridge Analytica.

Cambridge Analytica era una consultora política con sede en Reino Unido que fue contratada por la campaña presidencial de Donald Trump las pasadas elecciones. Esta firma especializada en el análisis de datos, que tuvo que cerrar poco después por el escándalo, utilizó la información privada de los usuarios a través de una aplicación en la red social Facebook para, más tarde, vender esa información.

Un escándalo que hacía al propio Zuckerberg reconocer que “que no hicimos lo suficiente para prevenir que nuestra herramienta se usase también para hacer daño. Esto va por las noticias falsas, la intervención extranjera en la política, el discurso del odio y la privacidad de los datos”….

Pero, ¿vale con ello? ¿Será esta multa el inicio del fin? Algunas voces sí creen que esta sentencia podría ser un movimiento ejemplarizante. “Se trata de un mensaje al mercado y a la industria de los datos en general: “estamos en contra del uso inadecuado de los datos” y por eso es un movimiento importante”, afirma José Rodríguez, Delegado de Protección de Datos Global y Director de Tecnología Cloud en Cornerstone OnDemand.

En la misma línea se sitúa Juanjo Galán, Business Strategy de la compañía especializada en ciberseguridad All4Sec: “Quizás lo relevante de la multa impuesta por la FTC (Federal Trade Commission) se encuentre en los detalles de la sentencia en los que se expone la obligación futura de Facebook de documentar cualquier decisión relativa al uso de datos personales de servicios o aplicaciones pretendan lanzar al mercado”.

Algo que hemos consultado a la propia Facebook que nos ha remitido a su propia comunicación sobre los nuevos estándares que la compañía incorporaba para gestionar la privacidad de los datos de sus usuarios y en los que, entre otras cosas, asegura que, a partir de ahora, “la transparencia y la responsabilidad serán dos conceptos impulsores. Tendremos certificaciones trimestrales para verificar que nuestros controles de privacidad estén funcionando”.

Tal vez este y otros escándalos similares han llevado también al gobierno estadounidense estudia la posibilidad de obligar por ley a las redes sociales con más de 100 millones de usuarios activos diariamente, a informar, tanto a los usuarios como a las entidades reguladoras, cuáles son los datos recogidos, cual será su uso y cuál es su precio en el mercado.

¿Podría salir adelante esta iniciativa y, sobre todo, sería un paso importante para garantizar la privacidad de los usuarios?

“Informar de cuáles son los datos recogidos y cuál será su uso no es algo descabellado, pues en muchos casos ya es información que proporcionan. Otra cosa es el valor de los datos en el mercado, que aunque se proporcionase, es tan difícil de calcular con exactitud, que más que alimentar la curiosidad, no se me ocurre qué función puede tener. Y habría que ver cómo se garantiza que los datos proporcionados por la red social en cuestión son fiables”, explica Manuel Moreno, periodista y experto en Comunicación Digital y Social Media.

El valor de los datos

Tras toda estas medidas, sanciones y temores se esconde una auténtica mina: los datos, el petróleo del siglo XXI.

“Las redes sociales como Facebook, Instagram o Twitter desempeñan un papel muy importante en nuestras vidas. Según un informe nuestro sobre “el verdadero valor de la privacidad digital”, el 87% de los españoles ya cede sus datos personales a estas empresas como moneda de cambio para expresar sus ideas, comunicarse con amigos o familiares o ponerse al día de las últimas noticias, ideas y tendencias”, explica Alfonso Ramírez, director general de Kaspersky Iberia.

“Pero esta cesión de nuestra intimidad tiene su cara oscura, ya que la posibilidad de que esos datos acaben en las manos indebidas es elevada, tal y como se puede apreciar echando una ojeada a las noticias. Casos como el de Facebook, en el que fueron robados todo tipo de datos personales (número de teléfono, correo electrónico, sexo, idioma, religión, fecha de nacimiento) son algunos de los ejemplos más claros. El hecho de que nuestros datos personales caigan en manos indebidas puede acarrearnos importantes problemas, desde el bombardeo con anuncios indeseados hasta otros más graves como robos de identidad, nuestras tarjetas de crédito o fraude”, añade.

Un riesgo del que además, lamentablemente, no somos conscientes pese a todo. “No somos conscientes en absoluto. Una inmensa mayoría de la sociedad confía en las redes sociales de forma casi ciega. Incluso podríamos decir más, somos rehenes de sus servicios”, remarca Juanjo Galán, de All4Sec.

Algo que, sin embargo, podría ser rebatido desde el lado de las propias redes sociales, que sí informan, en general, del uso que van a hacer de nuestros datos cuando nos damos de alta en las mismas.

“El problema es que en la práctica esta es una tarea que nadie realiza, pues aceptamos sin leer esos términos y condiciones. A eso hay que añadir los posibles problemas de seguridad que sufran estas compañías si no ponen a buen recaudo la información que le han consignado los usuarios, ante lo que poco podemos hacer…”, explica Manuel Moreno.

Un escenario en el que muchos abogan por una mayor transparencia y control por parte de las autoridades. “No creo que sea exigible a una persona corriente ser experta en protección de datos o ciberseguridad. Debe haber autoridades, nacionales y europeas, que velen por la privacidad y seguridad de nuestros datos y se lean y supervisen los “términos de uso” y “políticas de privacidad” de las aplicaciones”, apunta Borja Adsuara.

¿Cuál es entonces el futuro que nos espera? ¿Será posible estar en redes sociales y mantener nuestra privacidad algún día? ¿Conseguirán sanciones como la interpuesta a Facebook cambiar las reglas?

¿El futuro?  Lo mejor sería preguntárselo a Siri o Alexa. Bromas aparte, hay dos escuelas filosóficas al respecto. Una mantiene que hay que dar el control a la persona para que ella pueda protegerse. La otra mantiene que todo esto es demasiado complejo, que las personas individuales en general no tienen ni el tiempo ni los recursos para ello, y que por tanto debe obligarse a los sistemas informáticos a cambiar de paradigma y a que, por defecto, los datos no se compartan. Pero el verdadero problema de las redes sociales es el modelo financiero. Las redes sociales son gratuitas para los usuarios, pero ¡el dinero tiene que venir de algún lado! Así que venden nuestros perfiles para obtener dinero por publicidad, influencia, etc.

¿Estaríamos dispuestos a pagar por Facebook a cambio de que la publicidad y la venta de perfiles desapareciera?”, señala José Rodríguez.

¿Y tú? ¿Estarías dispuesto?

 

 

 

 

 

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