Bosch inaugura su primera fábrica AIoT para chips

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Ubicada en el estado alemán de Sajonia e impulsada por tecnología de inteligencia artificial, comenzará a producir componentes para la industria automovilística en septiembre.

“Una de las fábricas de obleas más modernas del mundo”. Eso es lo que acaba de inaugurar la multinacional alemana Bosch en su país de origen. Ubicada en la ciudad de Dresde, en el estado de Sajonia, esta fábrica tiene una superficie de 72 000 m2 y permitirá impulsar el desarrollo de semiconductores.

La tecnología de inteligencia artificial se integra en su maquinaria para dar lugar a infraestructura totalmente conectada y controlada que ya presume de referente para la Industria 4.0. Sus máquinas son capaces de pensar por sí mismas, las instalaciones cuentan con un gemelo digital y los trabajos de mantenimiento se pueden realizar desde miles de kilómetros de distancia. Todo esto la convierte en una de las fábricas más avanzadas hasta la fecha.

Una base de datos central recopila toda la información procedente de sensores y productos, hasta el punto de cada segundo se generan datos de producción equivalentes a 500 páginas de texto. En un solo día, la cifra se eleva por encima de los 42 millones de páginas. Los métodos de inteligencia artificial entran en juego a continuación para analizar los datos recopilados. En este punto, una serie de algoritmos de optimización automática son capaces de ir aprendiendo sobre la marcha para realizar predicciones.

Todo esto quiere decir que tanto los procesos de fabricación como los de puesta punta se pueden evaluar en tiempo real. Si un algoritmo detecta una anomalía, por pequeña que sea, busca sus causas de inmediato y procede a su corrección antes de que la fiabilidad del producto quede afectada. También significa que los semiconductores pasarán a la producción a escala con celeridad, evitando pruebas y ahorrando tiempo.

Del mismo modo, la fábrica de Bosch será capaz de predecir si una pieza de maquinaria o un robot necesita un ajuste y cuándo es el momento correcto. Así, los trabajos que se llevan a cabo en las instalaciones no responderán tanto a un cronograma rígido, sino a la necesidad y a la pertinencia, para evitar que un problema lo desbarate todo.

“La inteligencia artificial es la clave para mejorar aún más los procesos de fabricación y la calidad de los semiconductores, así como para lograr un alto nivel de estabilidad del proceso”, subraya Volkmar Denner, presidente del Consejo de Administración de Bosch.

Las tareas de mantenimiento se potencian por medio de gafas de datos y realidad aumentada, que soportan el trabajo en remoto sin necesidad de desplazamientos. A través de a una cámara integrada en las gafas de datos, el experto recibe imágenes y habla con los empleados que están en la fábrica. 

Otra particularidad de la fábrica de Dresde es el hecho de que existe por duplicado. Existe en el mundo real y también en el digital. Durante su construcción se dio forma a un modelo tridimensional, basado en la estructura de la planta y los datos relevantes de construcción.

Este gemelo digital consta de medio millón de objetos en 3D, como los edificios en sí, conductos de cables, sistemas de ventilación, sistemas de suministro, maquinaria o líneas de fabricación. Esto permite simular planes de optimización y renovación sin paralizar las operaciones en curso.

Su mayor inversión en 130 años

Bosch se inició en la fabricación de semiconductores en los años 50. Ahora, con esta fábrica, responde a la incesante demanda de chips. “Los semiconductores son los pilares del progreso”, identifica Harald Kroeger, miembro de su Consejo de Administración. “Los componentes electrónicos equipados con chips de Dresde posibilitarán aplicaciones como la conducción automatizada, la conducción que ahorra recursos y la que mejor protege a los ocupantes”.

Kroeger recuerda que “los chips para vehículos son la última disciplina en tecnología de semiconductores. Esto se debe a que en los automóviles tienen que ser especialmente robustos”, porque durante su vida útil estarán expuestos a fuertes vibraciones y temperaturas extremas.

La producción en la nueva fábrica arrancará el próximo me de julio, seis meses antes de lo que se preveía cuando se inició el proyecto. Los primeros semiconductores fabricados se instalarán en herramientas eléctricas de Bosch. Mientras, la producción de chips para clientes de la industria automovilística empezará en septiembre, tres meses antes de lo planificado.

“Para Bosch, los semiconductores son una tecnología clave y estratégicamente es importante desarrollarlos y fabricarlos nosotros mismos”, valora Volkmar Denner. “En Dresde, con la ayuda de la inteligencia artificial, llevaremos la fabricación de semiconductores al siguiente nivel. Esta es nuestra primera fábrica AIoT: desde el principio está totalmente conectada, basada en datos y auto optimizada”.

Bosch ha invertido 1000 millones de euros en esta localización de alta tecnología, lo que la convierte en la mayor inversión de su historia.  “En Dresde, el espíritu empresarial moderno se codea con la excelencia académica y la política industrial con visión de futuro. Por lo tanto, para Bosch, la decisión de realizar la mayor inversión en sus más de 130 años de historia en esta región fue deliberada”, señala por su parte Harald Kroeger.

Silicon Saxony, como se conoce al entorno en el que se ha levantado la fábrica, puede presumir de ser la ubicación de microelectrónica más grande de Europa y la quinta mayor a nivel mundial. Se calcula que 1 de cada 3 chips fabricados en Europa sale de esta zona.

La fábrica inteligente de Bosch ya da empleo a 250 personas, pero la cifra irá creciendo a medida que su producción se acelere. La plantilla final, una vez concluidos los trabajos de construcción, debería rondar los 700 trabajadores.

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