Cómo ser más ecológico

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Muchas organizaciones TI no consiguen asumir la responsabilidad que les corresponde sobre el destino último de sus ordenadores usados.

En 2006, el 40 por ciento de las compañías donaron sus PCs usados, mientras que el 30 por ciento los vendieron o los dieron a empleados, y otro 30 por ciento se encargó de reciclarlos. La forma más cara de deshacerse de un PC, según Daoud, es restaurarlo para que sea reutilizado. Hacer una remodelación de las máquinas cuesta una media de 347 euros por máquina. El coste por ordenador donado es de 295 euros. Se puede si no volver a promocionar el producto, por un coste de 142 euros, o tirarlo, que sale por 189 euros.

Daoud recomienda a las empresas que pidan a los vendedores de PCs un análisis de costes e impacto medioambiental del fin de ciclo de vida de sus máquinas. Deberían “ayudar a dar un buen fin a los ordenadores”. Sugiere también que las empresas que hayan elegido reciclar exijan tener un fácil acceso al sitio reservado para el reciclaje.

“Tener un acceso completo al destino final es fundamental porque existen prácticas muy poco ecológicas, comenta Daoud, en relación a las empresas de reciclaje que se dedican a vender la basura al Tercer Mundo o a prisiones, donde la basura es almacenada o separada de forma peligrosa por los trabajadores.

“Las empresas TI deberían preguntar cuál es el destino final de sus productos, y averiguar exactamente dónde terminan los PCs que han tirado”, explica Daoud. “Incluso algunos de los grandes vendedores de PCs no explican bien a dónde van estos sistemas. La idea es evitar al máximo el mercado negro, una práctica difícil de controlar y seguir”.

La Electronic Takeback Coalition mantiene una lista de empresas de reciclaje que cumple con unos criterios de responsabilidad estándar, como la no incineración ni el envío de basura a China. “Nosotros vigilamos a estas empresas de reciclaje, para que los que quieran dar un buen fin a sus residuos puedan hacerlo con garantías”, asegura Barbara Kyl, coordinadora nacional de ETC, un consorcio de empresas medioambientales y de consumidores de San Francisco. “Las empresas empiezan a darse cuenta de que han estado eludiendo parte de su responsabilidad en este asunto”.

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