Pure-as-a-Service, el modelo sencillo y fiable de almacenamiento híbrido

CloudDatos y Almacenamiento

Representantes de Pure Storage y los CIOs de seis sectores distintos explican cómo ha cambiado su modelo de negocio tras el estallido de la pandemia de coronavirus.

La pandemia de coronavirus ha puesto contra la espada y la pared a multitud de empresas en todo el mundo. Ante el riesgo de contagio y la imposibilidad de reunir bajo un mismo techo a decenas, cientos o miles de empleados y clientes, el teletrabajo se ha impuesto como la solución. Y la transformación digital, también.

Esto ha supuesto la adaptación de las infraestructuras a la nueva normalidad, con un cuidado tratamiento de los datos y la apuesta por modelos de suscripción. Para hablar del cambio experimentado durante los últimos meses, NetMedia Group ha reunido de forma virtual al responsable de canal y al director técnico de Pure Storage, Juan Miguel Haddad y Miguel Pleite.

Ambos han hablado con un grupo de seis CIOs que están respondiendo a los retos de la COVID-19 desde distintos sectores: Javier Luque, de Plastienvase; Dídac López, de la Universidad de Girona; José Domingo Rojo, de Defensa y Reclamación Letra2; Rosa Cortada, de Oxfam Intermón; Francisco Leal, de la Cámara de Comercio de Sevilla; y Francisco Ayala, de Veinsur.

Todos ellos son los protagonistas del coloquio “Pure-as-a-Service, el modelo sencillo y fiable de almacenamiento híbrido”, donde comparten sus opiniones sobre este servicio basado en la nube, y el impacto de requisitos de almacenamiento urgentes y no presupuestados en las organizaciones.

La propuesta de Pure Storage

“Nacimos con la idea de rediseñar el modo de trabajar con el almacenamiento y de consumir” los datos, recuerda Miguel Pleite sobre su compañía, Pure Storage, ya que esos datos estaban supeditados “por unos sistemas obsoletos”. La intención era “proporcionar a nuestros clientes la misma sensación de tener una nube” o “un servicio de datos totalmente gestionado por otro, pero en su propio data center”, dando forma a un almacenamiento moderno.

Esto se compone de “cuatro elementos”: “la velocidad”; “un entorno multinube” e híbrido, con posibilidad de estar en local, en un proveedor de servicios o en un gran hiperescalar; “la simplicidad”; y el consumo en sí mismo. Pure Storage habla de “una suscripción a la innovación”. O, tal y como explica Pleite: “toda nueva utilidad que tú desees está disponible siempre. No tienes que esperar al último ciclo de refresco”, ya que se implementa un sistema de “pagos por uso”.

Miguel considera que “la obsolescencia programada” es como “una extorsión de mantenimiento” en la que el fabricante te acaba poniendo “entre la espada y la pared”. Al final, “tienes que cambiar sí o sí y todo lo que tú habías invertido no sirve nada”. Ante esto, defiende que “los mantenimientos sean totalmente predictivos”. El consumo tecnológico, en base a esto, tiene que cambiar.

“El teletrabajo es lo que ha dictado” a lo largo de todo este 2020 “cambios en las empresas”, observa por su parte Juan Miguel Haddad, algo que se confirma con la puesta en marcha de escritorios remoto y entornos VDI. Ante el reto que plantea el distanciamiento social y la apuesta por los servicios, Pure Storage propone cabinas más pequeñas, pero potentes, capaces de admitir “diez veces más usuarios” a través de “la compresión y la deduplicación”.

Aquí el coste es “el mismo a lo largo de la vida del uso de la cabina”, con la posibilidad de “actualizar el almacenamiento directamente sin tener que hacer una sustitución”. Haddad piensa en las necesidades tecnológicas de las empresas, pero también en las del ámbito económico. Apunta hacia la “máxima simplicidad”, con herramientas que permiten a las personas concentrarse en tareas de valor, y la “disponibilidad”, con una “una nube que gestiona las cabinas” y se anticipa a problemas gracias a la inteligencia artificial.

Retos (y más retos)

La Cámara de Comercio de Sevilla utiliza cada vez más las suscripciones a servicios. “Nosotros somos ya enemigos totales de CPD en el local”, declara Francisco Leal, que se posiciona a favor de un “pago por uso” que permita vivir sin ataduras. Esa flexibilidad que dan los servicios supone un plus en los tiempos cambiantes que corren.

“Los primeros en transformarnos tenemos que ser nosotros”, aprecia este CIO. “El rol del CIO está cambiando de ser un simple implantador de tecnología” a algo más. “La tecnología es clave, pero no es la clave real”: “lo importante es el modelo de negocio”, sostiene este profesional. Él y sus colegas se encuentran en medio de una transición desde un modelo de “explotación del negocio”, plagado de parches y competencia, “a uno de exploración, porque hay un nuevo cliente que tiene nuevas reglas”.

“Las empresas se digitalizan”, prosigue Francisco, “pero al final somos los profesionales los que nos transformamos” y quienes tienen que “abrir la mente” para “tomar decisiones en un tiempo de tanta incertidumbre”. La parte buena aparejada a la crisis es que había muchos proyectos tecnológicos abandonados en cajones que “se han podido lanzar”.

Cuando estalló la emergencia sanitaria, en la Universidad de Girona tuvieron que pensar más allá del plan de contingencia existente. Un extremo como el de la pandemia no estaba previsto. Dídac López reconoce que “habíamos pensado en desastres, pero no fuimos tan pesimistas. A pesar de todo, el gen de la supervivencia lo tenemos todos marcado”, ya que “no tenemos otra alternativa. Y, por tanto, te buscas tus soluciones de emergencia”.

Las tecnologías que se han implementado “más o menos existían”, pero “hacía falta un duro conversor para que las pudieses aceptar sin tener que convencer a nadie” en el área directiva. Ahora “te las piden por un tensor de supervivencia”, explica Dídac, y se están implantando con buenos niveles de satisfacción. “Nuestra manera de trabajar no se parece en nada a la que teníamos” en “febrero del 2019. Y, es más, no va a volver a ser” igual, pronostica.

Este experto resume la experiencia adquirida como una expulsión de la “zona de confort” y de todos los hábitos que se habían ido adquiriendo a lo largo del siglo XX para entrar definitivamente en el siglo XXI, y como una modificación del modelo de negocio y de “la cultura de toda la organización” en general. También considera que, en cierto modo, la situación vivida “ha sido una suerte” porque ha permitido descubrir que “el cliente ya había cambiado” y “nos ha obligado a reaccionar en un tiempo récord”.

En el caso de Oxfam Intermón, el camino había sido allanado con anterioridad. Hace “unos cuatro años nosotros ya iniciamos el camino hacia el cloud”, confirma Rosa Cortada. “Tomamos la decisión de mover todos nuestros sistemas” como “ERP, CRM” y “Business Intelligence” a “un sistema on premise basado en cloud”. Con esto, la apuesta por sistemas SaaS para compartir archivos y la existencia de redes VPN, la ONG facilita la conexión de sus centros. “No nos cogió el tema desprevenidos”.

“Necesitamos ser flexibles”, dice Rosa sobre el futuro, “pagar solamente por el uso” y “centralizarnos en el enfoque a datos”, lo que “abre un espacio al Big Data, a la inteligencia artificial, al 5G” y “al IoT”. Toda “esa información tiene que ser barata” y gestionarse “a través de servicios” externos, porque en algunos casos no existe el conocimiento interno necesario para hacerlo.

Javier Luque cuenta que, en el entorno industrial en el que se mueve Plastienvase, también partían “de una posición de ventaja”, con capacidad previa para ofrecer trabajo en remoto y con una ampliación del almacenamiento efectuada para tal efecto. “No nos hemos visto con la sorpresa de tener que hacerlo todo de un día para otro”, destaca.

El principal problema al que se enfrenta su empresa, y el resto, es el crecimiento de información “sostenido e impredecible”. Una información “tenemos que mantener”. Esto implica, por una parte, luchar contra “el síndrome de Diógenes de todos los usuarios” y, por otra, con el “coste asociado de backup”. Otro reto es “el ciclo del hardware” y la dificultad para encontrar repuestos. Asimismo, está el tema de “la alta disponibilidad”, porque “no nos podemos permitir que, por un fallo, los usuarios dejen de trabajar”.

En Letra2, han pasado de una solución on premise a la nube para adaptarse a los nuevos tiempos. El cambio se produjo hace ya uno años y con “personal trabajando 100 % en remoto”. Aunque “en un principio era en torno a un 1 % de la compañía”, explica José Domingo Rojo, “antes de la pandemia estábamos en torno un 10. Y ahora estamos al 100 %”. Ahora el desafío para los sistemas de almacenamiento es “la capacidad de adaptarse a las necesidades del cliente”.

En su caso, José quiere encarar el crecimiento exponencial de la información almacenada a través de “una hibridación de nuestros sistemas”. Hay “información que no es tan inmediata y que no es necesario que esté disponible en el cloud al 100 %”, detalla, y que justo es la que van a trasladar de vuelta a la sede. “Mantener tantos datos disponibles en el cloud, al final, tiene un coste económico bastante alto”, justifica: “cada vez que redimensionas, el coste es muchísimo más grande”.

Los retos del almacenamiento son variados. Y un reto específico de la pandemia ha sido el del transporte. “Nosotros no hemos tenido un momento flojo en todo el año”, indica Francisco Ayala sobre su actividad. Es más, “hemos tenido que dar el do de pecho con ciertas dificultades” y “ha sido muy duro”, confiesa acerca del trabajo en Veinsur. “Hemos permanecido en todos los momentos abiertos, incluso con talleres 24 horas”.

“El tema del vehículo industrial está en pleno dinamismo”, continúa. “El tema de indicadores, de KPI, etc. Ha sido un resurgir de la parte tecnológica”, algo que incluye “la disponibilidad del dato”. El caso es que “la necesidad de a futuro es muy incierta”, ya que “el negocio puede decrecer, puede aumentar exponencialmente” o quedarse como está. En su opinión, “no es el momento de analizar el coste, sino las necesidades reales”. Él se decanta por “hacer el hoy. Y mañana pensaremos el problema de mañana y cómo lo vamos a solucionar”.

Flexibilidad y seguridad, cuestiones ineludibles

Para Rosa Cortada, otra de las dificultades que planea en el horizonte de las organizaciones es cómo “cambiar sus estructuras financieras para adaptarse a la parte más del mundo cloud y Software as a Service”. Es decir, “entender que dejamos de tener activos para pasar a tener una cuenta de explotación con unos gastos operativos que van subiendo”. Y otra, no menos importante, “es la protección de los datos personales y la seguridad” frente al malware. Hay empresas que son “un punto de ciberataques clarísimo” y donde una filtración implicaría incluso “poner en peligro vidas”.

Además de evitar posibles ciberataques, José Domingo Rojo cree que es fundamental minimizar el tiempo de restauración de la información, “en el caso de que ocurra un desastre. Es decir, es tan importante la parte de prevención como la parte de reacción”. El ransomware y otros tipos de amenazas acechan a las organizaciones y “dejan sus sistemas inhabilitados durante una semana o varios días. Y eso es catastrófico para cualquier negocio”, por “la desconfianza que se genera en todos los clientes”.

Rojo también llama la atención sobre el valor de diferenciar entre “transformación digital”, que “conlleva una implicación en la cultura” y situar al cliente en pleno centro de la cadena de valor, y “digitalizar”, que simplemente es trasladar lo que se tiene “en papel a una versión informática”.

En este sentido, Javier Luque explica que el almacenamiento se antoja básico para acometer la transformación, para volver procesos más eficientes, “conseguir consumir menos material” o incluso “reducir el desperdicio, que al final es lo que hace que la empresa prospere”. Cuando se habla “de los escritorios remotos” y “de los escritorios virtuales”, el cambio resultaría inviable “si detrás de ellos no hay una serie de procesos que han sido reinventados, que han pasado por un proceso de reingeniería”.

En cuanto a la seguridad, es un tema “indispensable”, sentencia Luque. “Cualquier ataque es totalmente indeseable. Y, aunque dispongamos de copias de seguridad”, puede que no exista “un hardware sobre el que restaurarla en el momento” o que el remedio lleve “un tiempo”. Asimismo, es “muy importante que sólo las personas adecuadas puedan acceder a la información” y esto implica “por parte del proveedor una seguridad de que nuestra información es sólo nuestra”.

El cambio no para

La lección más valiosa que se llevan las empresas, para Francisco Leal, es darse cuenta de que todo “está cambiando” y que los CIOs “deberíamos enfocar toda la energía que podamos en construir cosas nuevas”, en ser constructivos. Dídac coincide en que “hay que adaptarse y, en este sentido, aprovechar las oportunidades”, porque “los que se sepan adaptar, sobrevivirán y los que no, serán sustituidos”.

Esta no es una labor individual de las compañías; abarca a todos sus socios. “Lo que necesitamos de nuestros proveedores es que se adapten a las necesidades del cliente, al igual que nosotros como empresas necesitamos también adaptarnos a lo que nuestros clientes nos solicitan”, resume José. “Si haces lo mismo, tendrás los mismos resultados”, dice Francisco Ayala. “Necesito resultados diferentes”, así que “tendré que hacer cosas diferentes para obtenerlos”.

La conclusión para Javier consiste en que “tenemos que ser muy flexibles para responder a las necesidades de la empresa lo antes posible, porque al final se trata de hacer que el negocio siga funcionando. Y no sólo que funcione haciendo lo mismo que hasta ahora, sino que también mejore o que se adapte a necesidades nuevas”. Aquí gana enteros el pago por uso: “si necesito más o menos, el plan se adapta” y será posible avanzar.

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