Ser resiliente, la gran cuestión de la adaptación a las adversidades digitales

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En todos los negocios hay imprevistos, pero también existen recursos para prevenirlos y afrontarlos sin que supongan un grave perjuicio, como los servicios de continuidad de IBM.

Los retos de la aventura empresarial son cuantiosos. Echar a rodar una compañía implica una buena dosis de ingenio, tenacidad, pasión y dinero que no todos saben cómo conjugar de la manera precisa. Y, a partir de ahí, las pruebas que hay que pasar para hacerse valer continuarán. No es difícil de entender que la tarea de mantenerse como referente a lo largo del tiempo resulta incluso más complicada que la de darse a conocer en primera instancia ya que, lejos de ser sinónimo de relajación, implica hacer frente a desafíos continuos y fatigosos. Por un lado, hay que tener en cuenta la presión de otros contendientes. Por otra, existe la necesidad de satisfacer a un mercado en constante cambio. Y, por supuesto, están los temidos imprevistos.

El mundo, incluido el corporativo, se encuentra abierto a cambios que llegan sin avisar. En cualquier momento puede suceder algo que afecte al corazón de tu empresa y que no entraba en tus planes dando al traste, en cuestión de segundos, con los esfuerzos que han tardado semanas o meses en hacerse notar. Y, lo que es más peligroso, poniendo en entredicho toda tu estrategia.

Los costes de una brecha de datos

¿Qué es lo peor que le puede pasar a tu negocio? ¿Cuál es tu mayor temor? Seguramente, no poder avanzar al ritmo que necesitas. Quedarte quieto. Dejar de funcionar de buenas a primeras. Que un parón bloquee los sistemas, produzca un fallo en cadena desde tu infraestructura a los servicios que manejan tus clientes, rebaje tu credibilidad frente a terceros y haga perder acuerdos que estaban por llegar y ya nunca se realizarán por no haber sabido reaccionar ante la adversidad y cambiar el rumbo de las cosas. No es agradable, pero tampoco sería la primera vez que ocurre. Todas éstos son posibles desenlaces de la inactividad de un negocio. También lo son, en consecuencia lógica, la mala prensa, que se cuestione la competencia de la empresa que ha resultado víctima de la caída y una probable subida del seguro contratado.

Eso y la pérdida de dinero. Mucho dinero. Sobre todo si hay actuaciones de cibercriminales de por medio o una violación de la información contenida en los sistemas. Se calcula que una brecha puede llegar a costar a la organización responsable de la gestión de los datos hasta 359 dólares por un único registro vulnerado. Así es en el ámbito de la salud, al menos. Pero incluso en casos que presentan una apariencia menos crítica, como en retail, el coste de una brecha tiene tres cifras y se sitúa en 105 dólares por registro.

El reto de estar siempre disponible

La casualidad, la mala suerte y demás amenazas conforman una realidad de la que todo directivo debe ser consciente. No hay parte de un negocio que se libre de las interrupciones. Ni siquiera de las interrupciones que no han sido programadas. Basta que un empleado se equivoque, que una máquina se averíe o que caiga la tormenta del siglo para que el infortunio se desencadene. Los errores con capacidad para causar un desastre de grandes dimensiones ocurren con más frecuencia de lo deseado.

El caso es que esta probabilidad de sufrir una interrupción de la actividad empresarial entra en contradicción con lo que se espera de ti, como representante de una empresa, y de lo que reclaman los usuarios, que no es otra cosa que disponibilidad constante y ubicua. Con la popularización de fenómenos como el cloud computing y la movilidad se ha asimilado como básica la ventaja de disponer de servicios y datos digitales en cualquier momento, desde cualquier lugar. Y esos datos son cada vez más numerosos. Se cuentan ya por billones de terabytes y se caracterizan por su dinamismo en un flujo sin fin. Están en un estado de eterno movimiento y el acceso a ellos se desea instantáneo. Esto es, los sistemas deben funcionar de manera constante.

Ante la existencia de alternativas rivales, nadie aguantará mucho tiempo a que una página web o una aplicación móvil, por ejemplo, acierten a responder y vuelvan a estar operativas. La inmediatez es crucial en la actualidad, al igual que la capacidad de respuesta de un negocio. Ser capaz de adelantar acontecimientos y actuar con diligencia, en el menor tiempo posible, ante aquellos riesgos que ponen en jaque a los componentes más críticos de tu empresa, y a los no tan críticos, se convertirá sin duda alguna en un arma para el éxito. A eso se le llama resiliencia y consiste en adaptarse a los cambios, por duros que sean. En defender la continuidad y reducir la duración de los parones, porque irse por encima de la hora puede resultar letal.

La importancia de tener un plan

Lo bueno es que evitar que el signo de offline cuelgue durante días no es misión imposible. Aunque no se puede prever el futuro al máximo detalle, sí hay formas de prepararse para actuar frente a contingencias. Y para reducir su impacto a la mínima expresión. La misma nube que todo lo conecta y convierte a la flexibilidad en un punto clave de la estrategia empresarial, y la misma nube que puede acabar jugando malas pasadas si se cae, es la que ayuda a acelerar la recuperación ante desastres. Eso sí, no esperes que lo haga todo por sí sola, ni que habilite la resiliencia sin más. Más allá de subir los datos a sistemas de cloud computing y realizar backups, hay que llevar a cabo consultorías, entender el funcionamiento de las nuevas tecnologías, apostar por el análisis y establecer un plan de acción que vayas a poder cumplir en caso de necesitarlo.

Los datos actuales dejan mucho margen de mejora. Así, a pesar de que se estima que únicamente el 17% de las compañías se ha preocupado ya de trazar un plan de continuidad, se sabe que tener un proyecto de recuperación preparado debajo del brazo potencia la capacidad de reacción y minimiza el tiempo de inactividad. No sumarse a su implementación es un riesgo por el que no merece la pena pasar.

Lo que ofrece IBM

Obviamente, también viene bien contar con un socio de confianza que posea experiencia en afrontar situaciones complejas y en acabar saliendo fortalecido de circunstancias adversas. Para evitar que dejes tirados a aquellos que confían en ti, IBM ofrece una serie de servicios de resiliencia empresarial que se orientan precisamente a la continuidad del negocio y la recuperación del mismo en caso de desastre.

Con más de medio siglo de actuaciones a sus espaldas y una red conformada por 1.800 expertos en resiliencia, 9.000 clientes y 150 centros dedicados a tolerancia a fallos, el Gigante Azul da respuesta al problema de los datos no disponibles y permite que las operaciones vuelvan a la vida. ¿Cómo? Con elementos de consultoría, evaluación, planificación, diseño, realización de pruebas y gestión de la continuidad. Esto permite, entre otras cosas, detectar puntos de fortaleza y debilidad, validar los cambios que se introduzcan y mantener el gasto a raya. Además, con la recuperación de desastres, incluidos los servicios basados en la nube, se blindan datos, se da esquinazo a los parones largos y se apuesta por la productividad.

Es importante tener presente que, en cualquier caso, no existe una única estrategia cloud para resolver todo tipo de mitigaciones y que la nube no será ni más eficaz ni mucho menos más endeble que otras soluciones que se han ido estableciendo en el pasado con solo apostar por ella. Lo crucial es el uso que se le dé, cómo se consigan aprovechar sus atributos. Asimismo, dar el primer paso antes de que ocurra una catástrofe, pensando en la recuperación desde el inicio, marcará la diferencia frente a las propuestas de la competencia. Se trata de un truco para protegerse y destacar. Dicha prevención vendrá aparejada de una inversión monetaria, está claro, pero el desembolso que asumirás por estar alerta no será tan elevado como el que afrontan las víctimas de una parada.

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