Emulando 1984

A medida que observamos cómo evoluciona el mundo actual, la novela de George Orwell resulta cada vez más profética.

Resulta decepcionante observar cómo la sociedad en la que vivimos se parece cada vez más a ese magnífico estudio de los totalitarismos que es la novela 1984. En el plano político se pueden contemplar todo tipo de síntomas al respecto. La polarización entre buenos (nosotros) y malos (ellos), la perversión del lenguaje y los conceptos, la persecución intelectual de la disidencia y el cada vez menor espacio para la privacidad son sólo algunos de ellos.

Quizá la principal diferencia teórica de nuestro mundo con el que relata el libro es la ausencia de un Gran Hermano evidente, aunque a buen seguro algunos especialistas sabrían identificar dicha figura, aunque fuera de entidad fragmentaria.

De todos los anteriores síntomas que hemos mencionado los grandes medios de comunicación son los grandes tutores del nuevo pensamiento, creando y destruyendo conceptos según el interés de sus dueños materiales o ideológicos. Tanto este aspecto como el referente a la privacidad atañen directamente a las Nuevas Tecnologías.

Las Nuevas Tecnologías han facultado toda una serie de herramientas que están siendo usadas para ejercer un control cada vez más importante sobre los ciudadanos. La herramienta no es negativa sino que su uso es la que la pervierte.

La llegada del nuevo DNI abre una nueva serie de interrogantes sobre el cada vez mayor grado de conocimiento del ciudadano medio que tienen Administraciones y empresas, al tiempo que se fortalecen las medidas legales para que no suceda lo mismo con los datos de estos mismos, a pesar de que el delito de cuello blanco está a la orden del día. La clautrofóbica sensación que emanaba de 1984 cada vez planea más sobre los usuarios. El mundo en blanco y negro donde sólo existe una forma de ser y pensar cada vez se acerca más. Big brother is watching you.