5 consejos para innovar (sin necesidad de ser Google X)

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Sin nuevas ideas el futuro de una empresa tecnológica está condenada, así que toma buena cuenta de esta lista de recomendaciones para no quedarte por el camino.

Todas las grandes compañías tecnológicas, llámense IBM, Apple, Samsung o Google, por poner cuatro ejemplos sobre la mesa, tienen un denominador común que al mismo tiempo es una obligación: su perfil innovador. La última de éstas que hemos apuntado cuenta con un laboratorio en el que da vida a los retos más audaces o “moonshots”, como les gusta decir a sus responsables. La palabra moonshot, de forma literal, implica el lanzamiento de una nave espacial a la Luna, que es algo que en su día parecía una locura. ¿Y en la jerga de Google? Un moonshot sería algo que “vive en la zona gris entre los proyectos audaces y la ciencia ficción pura y dura” o “la combinación de un gran problema, una solución radical y la tecnología punta que podría hacer posible su solución”. Es dejarse de medias tintas con “un desprecio sano por lo imposible”.

Es cierto que un imperio como el que fundaron Larry Page y Sergey Brin hace quince años puede permitirse crear Google X para convertir los sueños más bonitos en una realidad palpable, pero partir con un presupuesto más escaso no es excusa para no probar. Inicia tu pequeña revolución fomentando la innovación entre tus empleados con lemas como los siguientes:

1. No te cierres puertas (pero dale un portazo al egocentrismo). Empieza por escuchar a tus trabajadores y generar debate. Y es que la primera regla para engancharte al carro de la innovación será dejar los prejuicios a un lado y mantener la mente siempre abierta… y alerta, captando ideas geniales de donde quiera que vengan. Para avanzar en la consecuión de esos moonshots o retos de altura serán necesarias, por lo tanto, bastantes curas de humildad. Un buen jefe es aquel que sabe tratar al equipo de personas que tiene a su cargo con respeto y valorando sus opiniones, porque un buen jefe es también aquel que sólo contrata a los mejores y ése es otro consejo en sí mismo. Rodéate de cerebros agudos y diversos. Rétalos, aprécialos, prémialos. No tengas miedo a que alquien haya pensado en algo que nunca se te había ocurrido o a que proponga una solución diferente a la que ya tenías en mente. Entre todos podéis conseguir que broten los aportes disruptivas más insospechados.

2. Cultiva el éxito. No todo el mundo nace aprendido y no todo el mundo encuentra tiempo para desarrollar su potencial. Por eso debes encargarte personalmente de que prosperen los casos e innovación en ambos sentidos. Por una parte, será beneficioso que destines parte de tus fondos monetarios a dar formación continuada a tu plantilla. Prepara cursos o charlas sobre su especialidad, sobre temas punteros y sobre cualquier otro saber que pueda aportar a los asistentes una formación extra. La inspiración, si se alimenta con triple ración de estímulos, será mas fuerte. Por otro lado, conceder tiempo y espacio a tus empleados para que expresen su capacidad inventora se antoja básico. Si aparte de exigirles un rendimiento mínimo (alto) en sus tareas cotidianas pretendes que arrojen un toque de innovación a tu empresa en sus ratos libre, te equivocarás de pleno. Rodearte de gente con ganas y un buen curriculum no significa que los avances vayan a aparecer de la nada, como por generación espontánea. De hecho, lo más lógico será que una actitud intelorante termine con una fuga de talento.

3. ¿Ya? ¡Aún no! La impaciencia nunca es buena consejera. Hilando con el punto anterior y el requisito de concederle unas cuantas horas a tus pequeños grandes innovadores dentro de su horario laboral para que no tengan que abandonar la empresa por otra o fundar la suya propia, con lo que eso supone de inseguridad para ambas partes, aprende a ser un tipo calmado y a aguantar las esperas con naturalidad. Cuando lo que se pretende es llevar a cabo un descubrimiento que cambie el mundo, o que cuanto menos suponga una mejora sustancial sobre lo que ya existe, no se puede pensar a corto plazo. Una genialidad entendida como punto de partida puede surgir de la noche a la mañana, está claro, otra cosa es que cuándo se sentirá preparado ese principio de algo para enfrentarse al criterio público. Y aquí no hay plazos. Siempre y cuando hablemos de proyectos paralelos a tu actividad principal, desarróllalos con pasión y sin precipitación. Sacúdete los conceptos manidos y propicia un ambiente activo característico de las compañías que se mueven al ritmo de la modernidad, donde todo el mundo está concienciado en avanzar, y deja que el resto fluya.

4. Con la ley hemos topado. Quizás menos apasionante que implicarse en la producción pura y dura de un nuevo producto o servicio, pero igualmente imprescindible, es ir atando todos los detalles reglamentarios que se derivarán de su uso y de su misma existencia. Y eso es algo que únicamente asesores, economistas y abogados pueden hacer. Favorecer la innovación no se trata de dar el visto bueno a una idea y ya. Tendrás que poner todos los medios que hagan falta para que ésta se materialice y beneficie a tu empresa: recursos huamanos adicionales, recursos económicos, tiempo, espacio a modo de laboratorio, herramientas y, cómo no, medios legales. ¿Es lícito el uso que le vas a dar a tu invento? ¿Invade la privacidad de los demás? ¿Es seguro? ¿Ya hay algo similar en algún otro país? ¿Está patentado? Son cuestiones que te tendrás que plantear y, tietando de ayuda para resolverlas sin tener que dedicarle atención exclusiva, podrás centrar todos tus esfuerzos en innovar, innovar e innovar. Y lo mismo ocurre con la parte puramente económica.

5. El fracaso no existe. Puede sonar a tópico, pero es un hecho. El fracaso no es obtener un resultado que no esperabas (o que no deseabas), el fracaso real es no atreverse a intentarlo en un primer momento, no proponer caminos alternativos con los que diferenciarse de los demás y preguntarse, al cabo del tiempo, qué habría pasado si te la hubieses jugado. Si hubieses confiado más en ti y en los que te rodean. Y no lo decimos sólo nosotros. Desterrar el fracaso como miedo último en el ámbito de los negocios y sacar lecciones de cada tropezón, para seguir mejorando día a día, es una fórmula compartida por muchas de las personas que hemos entrevistado en Silicon News durante los últimos años y que nos han dejado frases como:“Uno fracasa cuando se rinde”, “Si no lo intentas y arriesgas, ya has perdido”, “No veo fracasos sino errores que me permiten aprender y seguir adelante mejor preparado”, “En la vida y en el trabajo te puedes llevar decepciones, pero no creo en los fracasos” o, directamente, “Fracasos… ¿qué es eso?”.

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