Guerra a la bombilla

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Si se cambiasen todas las bombillas del mundo por fluorescentes compactos, el ahorro energético podríamos cerrar 270 centrales térmicas.

Algunos países han empezado ya a “prohibir las bombillas”. En febrero, Australia anunció que dejaría de vender las ineficientes bombillas incandescentes en el año 2010, sustituyéndolas por fluorescentes compactas que utilizan un cuarto de la electricidad que utilizan las normales.

Dos meses después del anuncio hecho por Australia, el gobierno de Canadá anunció que haría lo mismo en el 2012.

La Unión Europea, anunció en marzo del 2007 que planeaba reducir sus emisiones de CO2 en un 20 por ciento para el 2020. Parte de esta reducción se conseguiría sustituyendo las bombillas.

En Estados Unidos, una coalición de grupos ecologistas y Philips Lighting presentó también una iniciativa para cambiar a estas bombillas eficientes para el 2016, sustituyendo todos los 4.000 millones de casquetes que se estima hay en el país. Rusia está haciendo una campaña entre sus ciudadanos y Nueva Zelanda sigue los pasos de Australia.

El cambio a estas bombillas es una de las formas más fáciles y directas de ahorrar energía y reducir así la emisión de CO2 a la atmósfera. Un estudio del gobierno de Estados Unidos calculó que la gasolina equivalente a la energía ahorrada durante toda la vida de uso de un fluorescente de 24 watios podría servir para conducir un Prius de Nueva York a San Francisco.

En cualquier caso, aún ahorraríamos más si ese viaje se hiciese con todas las plazas del coche ocupadas. O si no se hiciese.

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vINQulos
Bombillas nuevas contra el cambio climático

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