¿Dónde está España?

Cada vez que alguien dice que Internet es un entorno virtual, me entra la misma inquietud de cuando, más jovencito, me decían que una máquina era inhumana. (¿Una máquina inhumana? ¿Hay algo más humano que las máquinas? Si sólo nosotros, los humanos, mientras no se demuestre lo contrario, podemos crearlas.)

Internet es virtual, pero muchas de las actividades que tienen lugar en él son más palpables que el teclado desde el que escribo. Relaciones personales, transacciones comerciales, bibliotecas varias? Y geografía. Muy pronto en las escuelas se estudiarán el mapa político, el físico y el de Internet. Aún no hemos llegado a eso, pero la realidad se obceca en ir por delante de las escuelas y tenemos un mapa de navegación de 400.000 dominios .es.

Ayer, durante dos horas reconocidas (quizá habría algún minutillo bastardo), todos ellos desaparecieron. ¿Dónde está España? ¿Qué había de nosotros ayer a las cuatro de la tarde? Sólo quedaban los jugadores de la Selección de baloncesto, que estaban en Japón disfrutando de las mieles de la victoria, y algunos de sus aficionados, y algunos turistas adormecidos en aviones que se dirigían a la parte del mundo que todavía existía. Y los bloggers salvadores.

Si Internet es una realidad y no un ente, su desaparición nos deja desnudos, sin identidad. Nos hace dudar de si somos o no somos. Navego, luego existo. A las cinco y pico, volvimos de golpe. España volvió a su actividad frenética de 400.000 dominios. Era el frenesí del alivio por estar todavía vivos, aunque por debajo había cierto sabor amargo, una duda existencial que nadie se atrevía a transformar en palabras: ¿y si alguna vez nos vamos y no volvemos?