Rovio se autodefine como “la marca de consumo con el crecimiento más rápido de la historia”

La compañía desarrolladora de Angry Birds ha convertido a sus personajes en una fuente inagotable de marketing.

La firma finlandesa Rovio, creadora del popular juego Angry Birds, ha conseguido pasar en poco tiempo de ser una desconocida a colocar a sus simpáticos caracteres en todo tipo de formatos y productos. Su vicepresidente senior de Publicidad de Marca, Wibe Wagemans, antiguo ejecutivo de Microsoft, no lo puede tener más claro: para él Rovio es “la marca de consumo con el crecimiento más rápido de la historia”.

El ejecutivo se refirió así a su firma ayer en Seattle, señalando que en sus dos primeros años de operaciones han conseguido crecer con una velocidad mayor a la de firmas como YouTube, MySpace, Skype o Amazon.

Las declaraciones de Wagemans no son del todo disparatadas. Angry Birds ha pasado de las tiendas de aplicaciones para smartphones y tablets al escritorio, los navegadores como Google Chrome e incluso a las redes sociales (en Google+ ya es el juego más popular, por delante de las creaciones de Zynga, Electronic Arts y Wooga) y aún le queda mucho campo por explotar. “Ni siquiera hemos puesto un pie en Facebook todavía”, comentaba acertadamente el responsable de publicidad, según se hace eco All Things Digital.

La versatilidad tecnológica de su software le ha ayudado a Rovio a extenderse, pero su verdadero éxito parece estar sustentado en el marketing. La factoría Angry Birds ya cuenta con libros, películas, llaveros, mochilas, peluches…y hasta altavoces.

Según ha comunicado la propia compañía, ya dispone de 120 millones de usuarios activos al mes disfrutando de sus juegos, una cifra a considerar, pero que se queda muy lejos  de otras compañías de entretenimiento como Zynga (cuenta con 273 millones de usuarios activos sólo en Facebook).

Los próximos horizontes de la empresa podrían ser la incorporación de geolocalización a sus juegos y a nivel corporativo una posible salida a bolsa en dos o tres años, según recogía el diario británico The Guardian a finales de mayo.