¿De la tecnocracia a la ‘tecnolocracia’?

Más de la mitad de los internautas consultados en un experimento consideran que la inteligencia artificial tomaría mejores decisiones que los políticos.

El ‘gobierno de los técnicos’, la denominada tecnocracia, ha sido (y es) defendida por muchas personas como el mejor sistema posible de gobierno. Los que abogan por la tecnocracia se basan en que el conocimiento experto de estos gobernantes, lejos de afiliaciones políticas, les permite tomar mejores decisiones.

Desde este punto de vista, si la política se basa exclusivamente en eso, ¿por qué no dejar la toma de decisiones en manos de tecnologías como big data, analytics, inteligencia artificial, etc., como ya hacen muchas empresas? De este modo, podría surgir un nuevo sistema de gobierno, que podríamos denominar ‘tecnolocracia’.

Éste es un escenario que parece imposible o, al menos, muy lejano. Pero nos lleva a reflexionar acerca del gran impacto que tiene la tecnología en la vida de los ciudadanos, los gobiernos y la economía, y, por ende, la necesidad de hacer un uso responsable de la misma.

Éste es el punto de partida del libro ‘FU-TURISTA, ¿Inteligencia artificial o estupidez humana?’, de Diana Orero, quien ha llevado a cabo un experimento para demostrar los riesgos de esta ‘tecnolocracia’.

Para ello, la autora del libro ha creado el ficticio Partido Político Futurista, liderado por un algoritmo y cuyo supuesto programa electoral es elaborado por miles de usuarios, con el objetivo de crear “el programa electoral más democrático de la historia”.

En lugar de pedir su voto, a través de esta web se accede a un cuestionario en el que se pregunta a los internautas su opinión acerca de determinados asuntos. Por ejemplo, pregunta si el uso de algoritmos podría reducir el problema de la corrupción. El 82% de los participantes ha respondido que sí. También consulta si los algoritmos ayudarían a reducir los costes públicos y optimizar los presupuestos, algo en lo que se muestra de acuerdo el 70% de los encuestados.

Pero después de algunas preguntas más, la supuesta inteligencia artificial que guía el cuestionario dice haber aprendido de nuestro comportamiento y asume el control, empezando a responder por nosotros —siempre afirmativamente— a preguntas controvertidas, como si nos gustaría que nos atendiese un algoritmo en vez de un médico o que un algoritmo nos dijese qué comer y qué deporte practicar —subiéndonos los impuestos si no lo hacemos—, si renunciaríamos a la libertad de expresión para evitar las fakes news o si estaríamos dispuestos a dar acceso permanente al micrófono y la cámara de nuestro smartphone en pos de nuestra seguridad.

Aunque este experimento realmente es una campaña publicitaria del libro, la autora pretende advertir acerca de los riesgos que podría tener una ‘tecnolocracia’ en la que todas las decisiones quedasen en manos de una inteligencia artificial, con lo que ello comporta. Y recuerda que la auténtica revolución tecnológica consiste en aprender a utilizar la tecnología y hacer un uso responsable de ella.

Pese a ello, los internautas se muestran predispuestos a cambiar a los políticos por algoritmos. El Partido Político Futurista ha lanzado una encuesta en su cuenta en Twitter, donde pregunta si un algoritmo tomaría mejores decisiones que los políticos. Y el 56,2% de los 3.000 usuarios que han respondido lo han hecho afirmativamente.