Fundamentos para adoptar una cultura del dato eficaz

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La estrategia que promueve Tableau concierne a todos los usuarios de una compañía, con objeto de obtener un valor real a partir de los datos.

La sociedad hiperconectada actual está contribuyendo a un crecimiento exponencial de los datos, que no da signos de detenerse ni a corto ni a largo plazo. Cada vez se generan más datos, procedentes de múltiples fuentes, que las empresas deben aprender a reunir, almacenar y analizar para convertirlos en información de utilidad.

Los datos están considerados el nuevo oro. Con un correcto tratamiento, pueden impulsar la rentabilidad de cualquier negocio frente a la competencia.

Esto se consigue, una vez más, con avances tecnológicos. Pero también haciendo un trabajo intenso en las organizaciones y cambiando las bases de la cultura corporativa. Toda empresa que quiera prosperar debe dejar atrás prejuicios y hábitos heredados de tiempos pasados y, en su lugar, adoptar una cultura del dato. Esto es, incorporar los datos como un rasgo más de su identidad.

Esta cultura es una misión compartida por todos los usuarios de la compañía, desde el nivel ejecutivo hasta el último trabajador, para reforzar el conocimiento que surge de los datos. A las personas implicadas les mueve un espíritu crítico y el uso de herramientas flexibles.

Una cultura de datos implica “un cambio profundo en la mentalidad y, en la práctica, hace que la toma de decisiones basada en datos sea el estándar e ideal a todos los niveles de una empresa”, explica Henrik Jorgensen, Country Manager de Tableau Software en el mercado DACH, que promueve esta transformación de los pilares empresariales.

La urgencia de los tiempos

En un momento como el actual, en el que la pandemia de coronavirus ha cambiado las reglas del juego, los datos se han vuelto más relevantes que nunca.

Las consecuencias sociales y económicas derivadas de la COVID-19 añaden una presión extra al mercado laboral. Las compañías no pueden dejar pasar más tiempo sin exprimir el poder que encierra la gran cantidad de datos a su disposición, ya que ellos son su mejor instrumento para impulsar el rendimiento y sobrevivir a la crisis.

La gestión inteligente de los datos permite ganar rapidez para afrontar las dificultades y aprovechar oportunidades a medida que estas van surgiendo. La resiliencia y la eficacia son dos de los grandes beneficios asociados a una cultura de los datos, siempre y cuando directivos y empleados trabajen juntos para extraer conclusiones sobre el negocio y tomar las decisiones acertadas.

La principal ventaja, por tanto, es una toma de decisiones fundamentada para guiar la estrategia empresarial en vez de dejarse arrastrar por la intuición. Dar mejores respuestas a los problemas y actuar con determinación ante los imprevistos está al alcance de quien dice sí a los datos, y nunca es tarde para sumarse a esta revolución. Con la información oportuna se pueden realizar descubrimientos, pivotar y, en definitiva, reaccionar con celeridad.

La cultura del dato también fomenta el ambiente inclusivo y la colaboración entre compañeros. Los beneficios incluyen la comunicación eficiente entre empleados y clientes, una fuerza laboral más motivada y un mayor sentido de comunidad, donde no cuesta apoyar a otros en actividades relacionadas con los datos.

“Al empoderar a los empleados con datos, estos pueden actuar de manera más independiente y asumir más responsabilidades, las jerarquías se atenúan y las decisiones se toman de manera más democrática”, apunta Henrik Jorgensen. “A largo plazo, toda la empresa se beneficia de esto, porque los procesos de negocio tradicionales se ponen a prueba y, a menudo, se innovan”.

Las compañías basadas en datos cuentan con más probabilidades de atraer la atención y retener clientes. Y, como consecuencia, tienen más opciones de incrementar la rentabilidad.

Las siete claves

Pero ¿cómo adoptar una cultura del dato eficaz? Más allá de elegir tecnología de calidad, las organizaciones tienen que implicar a todos los usurios para que participen del cambio, ya sea para resolver asuntos cotidianos o para posicionar a la empresa en el mercado. La implementación de una estrategia corporativa basada en el dato es un deber colectivo que trasciende los cometidos del departamento de TI. Ser inclusivo y proporcionar información a todas las personas es el primer gran paso.

Los empleados que saben trabajar con datos son capaces de reflexionar sobre sus tareas profesionales, estudiar problemas basándose en hechos, planificar y rectificar malos hábitos. Cuantas más personas estén habilitadas para acceder a datos relevantes e interrelacionar las métricas de la compañía, mejor.

Para avanzar, hay que dejar a un lado las herramientas tradicionales de análisis de datos. Esto implica una labor de concienciación entre los usuarios para desprenderse de lo que es familiar y comenzar a utilizar soluciones más potentes, flexibles y fáciles de usar.

Además, hay que entender los datos como un elemento estratégico y fomentar el compromiso de todo el mundo a su alrededor.

Junto a los datos, el capital humano es uno de los recursos más preciados que tiene todo negocio. La alfabetización en datos se debe plantear como una cuestión universal. No tiene sentido que la información esté en manos de unos pocos empleados.

Científicos de datos y especialistas en inteligencia artificial son algunos de los roles más demandados por las compañías, pero lo cierto es que este tipo de expertos escasean. Depender de una oferta limitada para lograr ventaja competitiva es todo un riesgo. La formación en datos de la plantilla existente es una solución práctica a este problema.

Cuanta más gente esté capacitada para enfrentarse a los datos, menos costará responder a las variaciones del mercado. Además, con este planteamiento las organizaciones enriquecen sus conocimientos a través de diferentes perspectivas, procedentes de equipos heterogéneos que encuentran soluciones, examinan sus propios datos y elaboran informes.

En vez de sobrecargar al personal de TI con informes de productividad y predicciones de tendencias para el resto de los departamentos, el personal de ventas, financiero o recursos humanos podrá resolver dudas sin ayuda. Esta inteligencia de autoservicio no convierte a todos los empleados en analistas de datos per se, pero facilita la interacción con aquellos datos que ellos mismos generan y evita tiempos de espera.

“La creación de un entorno abierto en torno a los datos puede ayudar a romper estos silos” que existen entre áreas funcionales, “porque sólo al vincular información de diferentes fuentes en el negocio se obtiene nuevo conocimiento”, indica Lisa Martínez Gomis, vicepresidenta regional para el sur de Europa de Tableau. “El libre flujo de datos también fomenta una mayor confianza entre los equipos. Inesperadamente se forman equipos y alianzas que antes eran imposibles porque los involucrados no veían esta posibilidad. De esta forma, los datos despliegan un efecto unificador y establecen la cultura de compartir”.

Preparación en software y establecimiento de un enfoque crítico son dos áreas en las que hay que incidir para crear una cultura del dato realmente valiosa. Los programas de e-learning demuestran su utilidad al ofrecer conocimiento personalizado, de acuerdo con el nivel y el ritmo de aprendizaje de cada persona. Otras alternativas, como tutorías o competencias entre colegas, fomentarán la adquisición de nuevas destrezas y la pasión por el análisis.

Todo esto debe ir reforzado por un entorno persuasivo que consolide las competencias de los empleados con el paso del tiempo. El éxito pasa por mantener viva la apuesta por los datos: las decisiones fundamentadas deben automatizarse como rutina diaria y los ejecutivos tendrán que dar ejemplo, logrando ellos mismos una sólida competencia en datos. El esfuerzo será continuo.

Tampoco hay que olvidarse de recompensar el uso de los datos. Esto conviene tenerlo en cuenta de cara a evaluaciones de rendimiento.

La inversión en formación relacionada con los datos no se puede abandonar. Es un compromiso innegociable que supone modificar el ADN de la empresa. Las compañías están obligadas a garantizar que los empleados tengan siempre acceso a las últimas innovaciones y a los datos necesarios para tomar buenas decisiones. Quienes aúnen a sus usuarios con los datos serán quienes conseguirán prosperar.

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