Por qué 2022 será el año en que el Edge Computing cumpla con las expectativas

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Esaú Alonso, country manager de Couchbase para España y Portugal, nos explica en esta tribuna cómo las capacidades de computación y almacenamiento se están trasladando al perímetro de las redes para mejorar la experiencia de los clientes y extraer más valor de los datos que manejan.

Es evidente que en las empresas actuales la innovación se está produciendo en el Edge. Para poder ofrecer experiencias de primer nivel a los clientes, será esencial contar con una infraestructura de baja latencia, alto rendimiento y que sea rentable para las aplicaciones más avanzadas. Con esto en mente, y para conseguir dichos objetivos, es clave que las capacidades de las empresas a la hora de procesar los datos estén más cerca de la aplicación. Y el Edge Computing promete mucho en este sentido. Sin embargo, esta tecnología se ha visto limitada históricamente por la necesidad de conectarse a un servidor central en la nube, por las inversiones para obtener los recursos y habilidades necesarias, y por la falta de concienciación de los responsables de TI sobre todas las ventajas que aporta sus casos de uso.

Aún así, la situación está cambiando, y con el nuevo año, existe la esperanza de que las capacidades tecnológicas estén finalmente a la altura de las aspiraciones de los evangelistas del Edge Computing. De esta forma, nos estamos acercando a una nueva era donde la toma de decisiones se ha descentralizado, mejorando la productividad y reduciendo costes, lo que supone también la liberación de una serie de nuevos casos de uso.

Una premisa sencilla

El Edge Computing parte de una idea sencilla: que las capacidades de computación y almacenamiento se trasladen al Edge, de modo que los datos estén cerca de los dispositivos, las aplicaciones y los usuarios que los producen y consumen. En este sentido, el Edge computing ha conseguido estar en sintonía con el 5G, con el que logrará acelerar su demanda gracias a su baja latencia y gran ancho de banda en sectores como la realidad aumentada y la realidad virtual aplicada a todos los campos (gaming, retail, conducción autónoma, Smart cities, y hospitales y fábricas, entre otros). Así, a medida que las compañías se centran en crear experiencias innovadoras y atractivas para los usuarios, el Edge Computing podría convertirse en pocos años en una herramienta omnipresente en todo el mundo.

Aunque la premisa pueda parecer sencilla, la realidad es mucho más compleja. De hecho, el Edge Computing está surgiendo de diferentes maneras. Así lo percibe la consultora IDC, que describe tres tipos: hubs desplegados en las ubicaciones de los proveedores cloud, el Edge Computing de acceso múltiple (MEC), que se trata de plataformas cloud integradas de forma efectiva en estaciones de telefonía móvil, y soluciones en las instalaciones locales u on-premises. Todo ello, contribuye a impulsar un mercado que, según las previsiones, crecerá un 27% en entre 2021 y 2026 hasta alcanzar los 18.000 millones de dólares.

Problemas y soluciones

El reto al que se enfrenta el Edge Computing de ‘primera generación’ es que, a pesar de prometer un modelo descentralizado, la realidad es que la mayoría de las tareas deben llevarse a cabo por un servidor en la nube que esté centralizado. Esto significa que el verdadero Edge Computing solo puede llegar hasta cierto punto. Afortunadamente, esta situación está cambiando.

Gracias a los grandes avances en la infraestructura cloud distribuida desarrollada por las grandes compañías como AWS (con AWS Outposts, Wavelength y Local Zones), Google (con Google Distributed Cloud) y Azure (con Azure Edge Zones y Private MECs), la infraestructura gestionada desde la nube hasta el edge es ahora una realidad. Los dispositivos edge y las nuevas capacidades de bases de datos integradas permiten procesar y analizar los datos localmente sin necesidad de un servidor central en la nube. Esto significa que las organizaciones pueden poner en marcha nuevos despliegues claves para el negocio en el edge, llegando incluso a ser capaces de trabajar sin conexión. Si un servidor lo necesita, puede encontrarse mucho más cerca de estos dispositivos, en el límite de la red. Cuando la mayor parte de la computación se lleva a cabo en el edge, los datos puedes ser moldeados, filtrados y sincronizados con los servidores centralizados. De esta forma, las organizaciones pueden llevar a cabo un análisis mucho más profundo, conservando los datos que quieren mantener, pagando solo por lo que necesitan y cuando lo necesitan.

Y es que la promesa de estas capacidades es lo que puede impulsar de verdad la innovación en el Edge Computing, al conseguir por fin desarrollar el enorme potencial de dicha tecnología.

Sacando todo el potencial de cada uno los verticales

Para que esto sea una realidad, las compañías deberán planificar al milímetro su estrategia de Edge Computing. Los datos son fundamentales para crear aplicaciones atractivas para el usuario, por lo que es esencial invertir en la plataforma de gestión de bases de datos adecuada, que pueda desplegarse en la nube o en los centros de datos en el edge, y finalmente en los dispositivos remotos. Estos dispositivos también deben tener la capacidad de procesar localmente los datos y proporcionar información en tiempo real, incluso sin estar conectados, si fuera necesario. Por último, los datos deben sincronizarse sin fisuras de forma segura y resistente a la resiliencia entre estos niveles, según lo permita la conectividad.

Este tipo de tecnología está aportando valor a las organizaciones en innumerables sectores como son sanidad, retail, hostelería y viajes y servicios públicos, entre otros. Un ejemplo de ello puede ser el proveedor de servicios sanitarios móviles BackpackEMR, que trata de mejorar la experiencia médica en las comunidades rurales de países en desarrollo. Al carecer la mayoría del tiempo de conexión a Internet, estas clínicas no pueden utilizar los servicios tradicionales en la nube. Gracias a los dispositivos remotos, pueden compartir los datos de los pacientes de forma más fácil. Otro ejemplo de ello es Arthrex, uno de los principales proveedores quirúrgicos interconectados para los quirófanos de los hospitales, que utiliza tecnología de bases de datos integradas para proporcionar almacenamiento y procesamiento local a sus dispositivos, sincronizándose con el centro de datos del hospital y con la nube, lo que permite mejorar los resultados de los pacientes.

En cuanto al sector retail, la compañía PepsiCo fue capaz de diseñar una solución compatible con el 5G y sin necesidad de estar conectado lo que ayudó a sus comerciales a integrar el Edge en sus tiendas. Y dado que buena parte del equipo opera en entornos en los que es complicado conseguir buena conexión, es importante poder ofrecerles una buena aplicación frontline que automáticamente sincronice toda la información en bases de datos cuando se disponga de una conexión a Internet más estable.

Y esto es solo el principio. Según IDC, las redes Edge representarán más del 60% de todas las infraestructuras cloud desplegadas en 2023. La descentralización del procesamiento de datos significará mayor fiabilidad, reducción de costes y dará soporte a aplicaciones con gran ancho de banda y baja latencia que de otra manera no sería posible. El impacto en la productividad, la innovación y la experiencia de usuario podría ser revolucionario. Y será el Edge y la tecnología de bases de datos mobile de última generación lo que nos lleve hasta ello.

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