Así ha sido Intel durante los 8 años con Paul Otellini

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Líder en el segmento PC y de servidores, golpeada por la crisis y rezagada en movilidad.

“He tenido el privilegio de liderar una de las mejores compañías del mundo”, ha dicho Paul Otellini en el comunicado que anunciaba su decisión de retirarse de Intel.

Han sido toda una vida dedicada a la compañía: nada más y nada menos que 40 años de trabajo. Los últimos ocho como consejero delegado.

Desde que Otellini asumiera el cargo (mediados de 2005) y hasta ahora, la compañía ha generado 107.000 millones de dólares en efectivo y ha pagado más de 23.500 millones en dividendos.

Desde finales de 2005 y hasta finales de 2011 los ingresos crecieron desde los 38.800 millones de dólares hasta los 54.000 millones de dólares y los beneficios por acción prácticamente se duplicaron.

El período de mandato de Otellini ha sido crucial para Intel, por los factores macroeconómicos y externos que han influido. Para empezar, la crisis mundial que arrancaba en 2008 y que desde entonces ha salpicado a todos los sectores de la economía, también al tecnológico, herido por la caída del consumo.

Sin ir más lejos, los últimos resultados financieros de la compañía durante el Q3 de 2012 son muestra de ello. “Reflejan un difícil entorno económico”, dijo la propia Intel entonces, y tras haber recortado sus previsiones. Los beneficios caían un 14% con respecto al Q3 de 2011.

En medio de este maremágnum financiero Otellini ha dirigido la apuesta por los Ultrabooks (los dispositivos ultrafinos que impulsa Intel) y en ese ímpetu ha olvidado para muchos la importancia de la movilidad, un segmento al que ha llegado tarde.

Intel sigue estando en las entrañas de la mayoría de PC -una firme apuesta que renueva gracias al apoyo a Windows 8- y servidores de la industria mundial. El reinado de la industria de dispositivos inteligentes lo ostenta sin embargo ARM. Pero los límites se están diluyendo.

ARM ya ha anunciado su intención de dar el salto al segmento de servidores e Intel ya ha mostrado sus apuestas por la movilidad (visible por el momento en mercados emergentes). Ambas firmas han protagonizado además cruces de incendiarias declaraciones.

Parece que el futuro de Intel ha de escribirse en claves de eficiencia energética y bajo coste (dos conceptos que cada vez se acercan más). La compañía necesitará un brillante líder con una visión estratégica a largo plazo que aproveche el punto de inflexión actual para elegir la mejor opción.

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