Windows 8.1 ya está aquí… ¿y ahora qué?

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Inmersa en la búsqueda de un nuevo CEO y consciente de la pérdida de peso de los ordenadores clásicos en favor de los dispositivos móviles, Microsoft se enfrenta a uno de los retos de su vida.

Lanzar un sistema operativo, ver pasar casi un año desde el anuncio de su disponibilidad general y conseguir poco más de un 8% de participación en el mercado de ordenadores. Eso es lo que quiere evitar Microsoft con Windows 8.1. O, dicho de otro modo, es la cifra que necesita dejar atrás la última versión de un software que de cara a la gente no necesita presentación, ya que son millones las personas que a lo largo de las últimas tres décadas han aprendido a manejarse a su vera entre desconocidos conceptos de informática, pero que está obligado a crecer en ventas para demostrar que su propuesta cargada de tiles y totalmente rupturista con el pasado es válida.

Y también, claro está, necesita convencer a consumidores y corporaciones para marcar el primer hito de una compañía recién reestructurada, ávida de alegrías, que en estos momentos está enfrascada en la busca de un CEO que sea capaz de dirigir su nueva etapa histórica como firma de dispositivos y servicios “más unida, más colaborativa, más eficiente y más veloz”.

Y es que las comparaciones son odiosas. A pesar de que tienen cuatro y ¡doce! años de vida, respectivamente, otros lanzamientos de Microsoft como son Windows 7 y el incombustible Windows XP continúan acaparando tres cuartas partes de la tarta mundial de computadoras y poniéndoselo difícil a la competencia. El inmovilismo de estos números viene en parte condicionado por el peso de las empresas, mucho más reacias a migrar sus sistemas por el esfuerzo económico que requiere dicha tarea y la inversión en concepto de formación del personal. Justo ahí tendrá que atacar Windows 8.1, al tiempo que se intensifican las campañas de fin de soporte. Las actualizaciones y los parches para XP, por ejemplo, dejarán de emitirse el 8 de abril de 2014.

La única versión “hermana” que ha logrado doblegar Windows 8 durante todos estos meses que ha estado en circulación es un Windows Vista igual de frustrado que nunca llegó a calar entre los usuarios y que gobierna cuatro de cada cien de los sobremesas o portátiles que actualmente se encuentran en funcionamiento a lo largo y ancho del mundo.

Precisamente ese mismo porcentaje, alrededor de un 4%, es lo que algunas consultoras como IDC calculaban que había arañado Windows 8 en el otro gran segmento que le compete, el de las tabletas, una vez finalizado el primer semestre del año (o su primer semestre en activo). Si bien esto le ha servido para colocarse en tercera posición en el ranking global, todavía tiene mucho que bregar para aproximarse a las altas cuotas de plataformas como iOS y Android, mucho más experimentadas en las lides móviles. Sobre todo ahora que el gigante de Redmond parece haberse quedado solo en la construcción de tabletas con arquitectura de ARM Holdings.

Fabricantes como Dell, Samsung, Lenovo y Asus que han trabajado tradicionalmente con Windows se han bajado del carro de Windows RT, aunque algunas ya están presentando flamantes modelos con chip de Intel, por el escaso tirón de este tipo de modelos. Cabe recordar que la propia Microsoft tuvo que asumir un cargo de 900 millones de dólares por la baja demanda que experimentó en sus carnes la tableta Surface RT.

Las novedades de Windows 8.1

¿Cómo intentará revertir Windows 8.1 estas tendencias? Por una parte, aportando justo lo que han solicitado sus clientes, ya sea con la recuperación del añorado botón de Inicio en la esquina inferior izquierda, a través de la opción “Boot to Desktop” que activará directamente el escritorio tradicional o incluso con la actualización automática de las aplicaciones instaladas cada vez que se publique una versión mejorada. Y, por otro lado, con revisiones sustanciales a nivel de diseño, de personalización, de búsqueda, de navegación, de fotografía, de multitarea, de control gestual, de conexión inalámbrica (con Miracast) o de impresión 3D (de forma nativa).

Junto a Windows 8.1, SkyDrive está siendo otra de las grandes apuestas de Microsoft, y aquí ambas han llegado a un punto de encuentro. Este servicio de almacenamiento cloud se establecerá ahora como la ubicación predeterminada para almacenar documentos, de modo que será posible consultar un archivo en cualquier momento y desde cualquier lugar, incluso sin conexión a Internet, así como sincronizar dispositivos.

Cargadas con estas armas y ofreciendo argumentos para engancharse al fenómeno BYOD, será interesante comprobar cómo evolucionan las ventas de Surface 2 (y Surface 2 Pro) que con sendas pantallas de 10,6 pulgadas de tamaño están valoradas en 449 dólares y 899 dólares. Y más aún si se materializa el rumoreado proyecto de la Surface Mini de 7,5 pulgadas, algo que contribuiría a animar el ecosistema Windows 8.1 en un punto en el que la demanda parece estar concentrándose en el subsegmento de las minitabletas (léase iPad Mini, Nexus 7 o Kindle Fire, entre otras). El éxito podría depender, eso sí, del precio.

¿Y cuál será el precio de Windows 8.1? El software de Microsoft está disponible en la Windows Store en calidad de actualización totalmente gratuita para las personas que hasta ahora hayan estado empleando equipos Windows 8, mientras que a los demás les costará hacerse con ella 119,99 dólares (o 199,99 dólares si lo que solicitan es Windows 8.1 Pro).

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