A fondo: Otra orden ejecutiva de Estados Unidos prohíbe transacciones con compañías chinas

Donald Trump apunta en esta ocasión a las aplicaciones Alipay, CamScanner, QQ Wallet, SHAREit, Tencent QQ, VMate, WeChat Pay y WPS Office.

Donald Trump es noticia en las últimas horas por su resistencia a aceptar la derrota electoral frente a Joe Biden. Por sus comentarios en redes sociales, que han tenido que tomar medidas como borrar publicaciones y hasta bloquear su cuenta (caso de Facebook) tras el asalto al Capitolio de algunos de sus partidarios. Y por su cruzada contra China.

Agotando sus últimos días como presidente, Trump ha firmado una nueva orden ejecutiva dirigida contra compañías de origen chino.

Esta orden busca frenar “el ritmo y la generalización de la propagación en los Estados Unidos de ciertas aplicaciones móviles y de escritorio conectadas y otro software desarrollado o controlado por personas en la República Popular de China” que, en su opinión, atentan contra “la seguridad nacional, política exterior y economía de los Estados Unidos”. Esto es, que suponen una “amenaza” y toda una “emergencia nacional”.

“Al acceder a dispositivos electrónicos personales como smartphones, tabletas y ordenadores, las aplicaciones de software conectadas chinas pueden acceder y capturar vastas franjas de información de los usuarios, incluyendo información confidencial de identificación personal e información privada”, denuncia Trump.

“Esta recopilación de datos amenaza con proporcionar al Gobierno de la República Popular China (PRC) y al Partido Comunista Chino (PCCh) acceso a información personal y de propiedad de los estadounidenses, lo que permitiría a China rastrear la ubicación de empleados y proveedores federales y construir expedientes de información personal”, señala. Y añade: “la actividad continua de la República Popular China y el PCCh para robar u obtener datos de personas estadounidenses deja claro que existe la intención de utilizar la recopilación de datos masivos para promover la agenda de seguridad nacional y económica de China”.

En este sentido, “Estados Unidos debe tomar medidas agresivas contra quienes desarrollan o controlan aplicaciones de software conectadas chinas para proteger nuestra seguridad nacional”, concluye.

En esta ocasión el presidente americano prohíbe las transacciones con personas que desarrollan, controlan o son subsidiarias de las aplicaciones Alipay, CamScanner, QQ Wallet, SHAREit, Tencent QQ, VMate, WeChat Pay y WPS Office.

Dentro del propio ejecutivo estadounidense ya se habían tomado medidas contra software de este tipo, evitando su uso en ordenadores y teléfonos de los trabajadores gubernamentales. Pero desde la Casa Blanca creen que esto no es suficiente.

Los antecedentes

Esta nueva orden ejecutiva sigue el camino trazado por otra orden firmada el 15 de mayo de 2019 en el ámbito de la cadena de suministro de servicios y tecnología de la información y la comunicación (TIC). En aquel entonces, se bloqueaban las relaciones comerciales de empresas chinas con fabricantes estadounidenses. Con el paso del tiempo la guerra tecnológica se ha recrudecido.

En agosto de 2020, por ejemplo, la Administración Trump disparaba contra Alibaba, Baidu, Tencent o Huawei a través del programa Clean Network, para frenar las operaciones de empresas de telecomunicaciones, proveedores de nube y aplicaciones en suelo norteamericano.

Estados Unidos también declaraba su intención de trabajar con otros países para asegurar que los cables submarinos alrededor del mundo no fuesen “subvertidos para la recopilación de inteligencia por parte de la República Popular China a gran escala”.

Hace tan sólo un par de meses, en noviembre, se ponían obstáculos a las inversiones por parte personas y entidades estadounidenses en compañías del país asiático, aduciendo que ese dinero ayudaba a financiar las fuerzas militares chinas.

Los argumentos siempre se mueven en torno a la seguridad nacional. Trump ha argumentado su última decisión recordando ataques como los sufridos por la Oficina de Gestión de Personal en 2014 o por la compañía de seguros de salud Anthem y la agencia de información crediticia Equifax en años posteriores, todos ellos atribuidos a hackers chinos.